Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 30

La mujer de nariz corta le dio una última revisión a todo antes de marcharse, en la cocina todo estaba limpio, guardado y en orden; nada estaba sucio, las sillas estaban sobre las mesas y no había nada fuera de lugar en el resto del negocio y las lámparas que colgaban de la pared estaban todas apagadas. Con eso último hecho activó la alarma, salió y cerró con llave la cafetería.

Su cabello tenía algunas ondas alborotadas y era de un negro que se camuflaba con la noche, aunque ya solo quedaban un par de horas antes de que empezara el amanecer. Caminando por la vereda de una ciudad casi desierta Bora levantó la vista al cielo, en lo alto del manto negro los puntos de luz de distintos colores brillaban con menos intensidad que cuando salió de su casa para ir a trabajar.

Aquello no se debía a la contaminación lumínica, los elestialenses son muy cuidadosos con eso. Simplemente le servía como recordatorio que mientras su noche terminaba el día de otros daba inicio. Un día del que no podría formar mucha parte porque tendría que estar durmiendo, su tiempo de sueño es distinto al de muchos otros.

Caminando con tranquilidad observó los árboles a su izquierda, de un blanco puro todos aunque vacíos de hojas azules. En su lugar ahora había altos pilares a los costados los cuales cumplían la función de iluminar las calles, y lo harían por estas dos estaciones de la traslación hasta que las hojas volvieran a crecer en el Baharan.

No pudo mantener su cabeza mucho tiempo mirando para arriba a un costado, su cuerpo se cansó más rápido de lo que esperaba <Ya va siendo hora de que vuelva a alimentarme> pensó sintiendo la boca algo seca <Pero no me quedaba mucha comida en casa, tengo que salir a conseguir más>. Eso le parecía un fastidio aunque tenía que hacerlo, cualquiera moriría si no se alimentaba. No podía tener todo tan fácil en la vida.

Estaba segura de que le quedaría suficiente alimento para saciarse por hoy, tal vez quedaría un poco más para otra rotación. Solo que entre ese lapso de tiempo tendría que reabastecerse sí o sí. En medio de su recorrido, luego de cruzar una calle vacía de una esquina a otra, un olor llegó a su nariz. Antes de poder ponerse en modo de alerta su cerebro analizó el olor, se trataba de un aroma familiar así que se tranquilizó.

Siguió caminando hasta que pasó cerca de un callejón entre edificios, allí sintió un extraño sonido de metal golpeándose lo cual la hizo detenerse y voltear la cabeza para apreciar el interior de aquella oscuridad entre edificios. Entonces una figura se manifestó del interior, si su intención era asustarla no lo había conseguido ni por asomo.

Aparte se supone que no debería temerle a alguien cuyo objetivo es cuidar de las personas y hacer una mejor comunidad, aunque las noticias sensacionalistas lo tacharan de un criminal y asesino.

La persona de mascara blanca y lujosa corona sobre su cabeza tenía toda la pinta de un criminal con su ropa negra, aunque sus acciones al acercarse a ella demostraban todo lo contrario. –¿Tan rápido nos volvemos a cruzar? Pensé que pasaría un poco más de tiempo –dijo. Tenía un tono de broma aunque su sorpresa por el encuentro era genuina.

Pasaron unos segundos antes de que la Estrella Soberbia contestara, como si se sintiera obligado a pensar muy bien sus palabras. –Claro, yo también, pero sinceramente creo que tú eres alguien en quien puedo confiar, y… –Le costó decirlo, ella se percató que él separó la mirada debajo de la máscara, lo notaba ¿desesperado? Tal vez.

Bora ya había aprendido que él no la buscaría a menos que algo en serio importante estuviera ocurriendo. –… necesito tu ayuda. No puedo hacer esto solo.

La empleada común de una cafetería se animó a dar unos pasos dentro del callejón, más cerca de él. –¿Qué puede necesitar un vigilante de la noche de una mujer común que trabaja en un café? –Se estaba portando de una forma maliciosa y lo sabía, lo disfrutaba. Bromear en los momentos difíciles de otros le permitía conocer la verdadera personalidad que llevan dentro.

El enmascarado vaciló un poco, ella no estuvo segura si era algo propio de él o fue por la mirada picara que ella le dio. –Hay una Sideral –comentó a continuación, con algo de pesadez, como si le costara el mero hecho de decirle esto, de involucrarla–, no puedo encargarme de ella. Y tengo que hacerlo si quiero limpiar un poco más esta ciudad cada vez peor de corrupta. –Hablaba con palabras lentas, pensando bien cada cosa que iba a decir.

Ella sabía que él no estaba usando su visión para ver el futuro porque no cerraba los ojos y las gemas de su corona no brillaban. Retrocedió unos pasos. –Eso no responde a mi pregunta, solo soy alguien común. Me cuesta creer que podría ayudar a alguien con tus capacidades a enfrentarse a una banda de criminales.

–Tranquila, no será un enfrentamiento directo –agregó levantando sus manos para mostrarse desarmado–. Es algo más alejado del conflicto principal, solo que igual de importante. Creo que cualquier persona podría ayudarme, pero no confió en cualquiera.

Una ceja se levantó en el rostro ovalado de Bora. –¿Y estas seguro de confiar en mí? Podrías arrepentirte de eso.

Ahora si la voz de la Estrella Soberbia pareció regresar a su brillo común. –Me hiciste entrenar contigo para mejorar, me ayudaste cuando quede inconsciente. Después de eso no puedo pensar en alguien mejor para pedirle ayuda, y que sé que quiera ayudarme.

–Ey, ey, yo solo hice eso porque tú eres más eficiente que los Rondadores. Y tengo un mejor amigo que está mal por cómo ha decaído la seguridad y paz en esta ciudad. –Pero ella no quería hacer mucho más, no quería hacer un equipo duo de superhéroes vigilantes de la noche. Como mucho podría seguir actuando de forma indirecta como hasta ahora.

Entonces el enmascarado hizo algo que ella no esperó, le insistió suplicante. –Por favor, no puedo recurrir a nadie más. En serio.

Bora blanqueó los ojos y soltó un suspiro. –Está bien, pero me vas a deber un favor. Ahora dime a quien debemos hacer caer.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.