Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 31

La presencia del mar provocaba que el viento que llegaba fuera frio, no obstante, debido a la cantidad de contenedores apilados se formaba un muro que evitaba la llegada completa de la sensación gélida. De todas formas eso no era absoluto, la gran área despejada del puerto donde estaba atracado el buque de carga aun recibía gran parte del clima.

A pesar de la oscuridad con la que se cubría el cielo los Fronterizos podían trabajar sin problemas, y eso no era gracias a la luz de las brillantes estrellas del cielo sino a las lámparas colgadas y faros de los drones. Ambas cosas juntas proporcionaban la luz suficiente como para que la oscuridad no fuera un impedimento en absoluto.

Había robots dirigidos a control remoto ubicados de forma estratégica a lo largo del puerto para que sirvieran como guardias, las personas que los controlaban estaban todas sentadas o de pie alrededor de una montaña de cajas de madera ubicada en el centro del espacio de operaciones. En las rotaciones anteriores ese fue el lugar ocupado por la Atalaya Selim para dirigir todo, aunque por razones que la mayoría de miembros no entendían ella hoy no estaba presente.

Un experto en maquinaria operaba la gigantesca y alta grúa, clavada en el piso la cabina en lo alto giraba sobre su propio eje hasta dejar los ganchos en la altura del buque de carga. Un grupo de Fronterizos allí se encargaban de asegurar cada gancho al contenedor designado, una vez listo el operador lo elevaba algunas decenas de metros en la oscuridad. La grúa volvía a moverse sobre su propio eje pero ahora con su brazo apuntando al puerto y bajaba lentamente el contenedor en el espacio designado.

Ya en tierra firme otro grupo se encargaba de abrirlo, llegaba un camión pequeño y comenzaban a cargar las cajas allí dentro. A la par una morcamin iba contando y llevando el registro de cada carga. Al principio a la mayoría de los miembros de los Fronterizos les costó acostumbrarse, pero el trabajo era muy rutinario y un par de rotaciones después ya estaban más que habituados a este trabajo.

A algunos les parecía una lástima que justo cuando mejor empezaban a desempeñarse su trabajo ya estuviera por acabar, encima no era una tarea muy complicada y era menos peligrosa que salir a vender Polvo de Plata o prepararlo.

La piel violeta de una morcamin brilló ante los faros de un dron, terminó de anotar unas cosas en su tablet y dio la orden para que se las llevaran. Tenía el cabello negro recogido y vestía de forma elegante, algo disonante con los atuendos más simples aunque abrigados de los otros miembros de la banda.

Un nuevo camión estaba llegando cuando apenas se fue el anterior, la morcamin ojeó el interior del contenedor y vio que le faltaba poco para vaciarlo. No obstante, levantó la vista al barco y todavía quedaban mínimo una decena más. –No nos retrasemos –comentó algo agotada, con un suspiro escapándose de su boca.

Sin embargo, las Sagradas Constelaciones parecieron querer jugarle una mala pasada. El retumbar de un seco golpe sobre el piso de cemento se expandió en todas direcciones, abarcando casi la totalidad del distrito sin dudas. Todos se detuvieron ante el suelo que se sacudió y los demás contenedores temblaron.

Fue una cosa casi automática pero todos los presentes se giraron para depositar su atención en lo sucedido, a no mucha distancia, donde comenzaba el laberinto metálico de contenedores apilados uno se había caído. Estaba ubicado encima de otros dos formando un muro improvisado, ahora quedó un hueco rectangular en lo alto y todo el contenedor de metal caído para el interior del espacio de trabajo.

–¡¿Qué desorden pasó ahí?! –gritó la morcamin encargada–. ¿Alguien salió herido?

Los miembros de los Fronterizos que estaban más próximos al accidente se acercaron a investigar. La morcamin observó a los otros que trasladaban las cajas. –Ustedes también vayan a revisar que pasó, me parece imposible que algo ubicado allí se cayera así como así. Y averigüen lo que pregunté. –Algunos asintieron y todos salieron corriendo en esa dirección.

<En realidad este grupo es algo inútil, no me cuesta creer que esto pasara por un error de cálculo de ellos>. Cada pelo de su piel se erizó <Si nos retrasamos demasiado me castigaran a mi ¡Caida! ¿Por qué tenía que pasar esto en mi turno?>. La encargada se volteó hacia el resto de la zona de trabajo, quienes estaban alrededor de la montaña de cajas la miraron y ella les hizo una señal a un par para que enviaran algunos robots. Tenía un mal presentimiento.

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Oculto entre las sombras, apoyado sobre el frio metal. La Estrella Soberana observó cómo más de la mitad de todos los trabajadores y guardias (sean personas o robots) dejaron lo que estaban haciendo, fueron corriendo a averiguar qué sucedió en realidad para que un contenedor así pudiera caerse desde lo alto. Su plan estaba saliendo muy bien y hubiera sonreído si no estuviera con el cuerpo tan agitado.

Utilizó la manga de su buzo negro para limpiarse gran parte del sudor de su rostro, cuando ya no sintió la cara hecha agua tomó una gran bocanada de aire y volvió a colocarse la máscara blanca de teatro. Lograr tirar esa cosa no fue ninguna tarea fácil, por suerte tenía su visión del futuro para ayudarle un poco. Aunque tampoco quería aprovecharse demasiado de ella o se quedaría sin energía la corona, y ya la había usado demasiado.

Usando su visión del futuro pudo hacer una prueba y error sin consecuencias, de esa forma encontró el contenedor peor colocado por el operador de la grúa. Luego de eso, y del otro lado del muro de contenedores, hizo aparecer su barrera de polvo estelar como una plataforma cuadrada debajo del espacio del contenedor. Conectó la cadena y cruzó otro muro de contenedores que tenía al frente, así solo tuvo que hacer una fuerza de palanca para lograr correrlo lo suficiente para que se cayera.

Dejando de perder tiempo el vigilante de la noche bordeó el espacio de trabajo, balanceándose detrás del muro de contenedores que le daban inicio a todo un laberinto de metal. Así fue que llegó hasta el lugar opuesto del accidente, allí destacaba un grupo de personas y robots que repetían el mismo sendero que vigilaban, lo recorrían una y otra vez sin desviarse y englobaba un grupo pequeño de contenedores.




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