Soberano de Constelaciones

Entre Dragones y Ángeles, Cancerberos Constelarios

Hace mucho que había dejado la civilización, en su lugar los edificios exageradamente grandes fueron desapareciendo hasta ser reemplazados por montañas de piedra que ni en chiste llegaban a hacerles competencia. Las personas fueron cambiando por animales salvajes y las carreteras daban paso solo a árboles, ramas de un blanco puro cada vez más carentes de hojas aunque sin dar la sensación de que caerían todas por completo.

La enorme y poderosa estrella blanco amarillenta lo dotaba todo de vida con su luz, la armadura de la Cancerbera Constelaria no podría dotarse de vida y en su lugar la luz le calentaba el metal. Su cabello y rostro estaban protegidos debajo de un casco de metal, dentro hubiera sentido un pesado ambiente húmedo y tendría que estar sudando. Solo que ese no era el caso gracias a los agujeros en su visor por el cual entraba aire, y entraba mucho considerando que volaba a alta velocidad por el cielo.

El polvo estelar saliendo desde sus omoplatos tomaba la forma de largas y anchas alas angelicales, moviéndose para mantenerla en vuelo incluso daban la sensación de que plumas se escapaban de ella, aunque era solo polvo estelar. La temperatura dentro de su casco y en general en las demás partes de su cuerpo protegidas con metal se mantenía a raya del calor gracias a eso.

Se supone que las constelaciones zodiacales no son capaces de otorgar poderes, pero estas eran las excepciones. Derhas, el dragón; Savas, la guerrera y Koruy la protectora. Tres constelaciones zodiacales que no solo entregaban un poder, sino que dos. En el caso de Abi, elegida por la guerrera, no era capaz de crear solo una espada sino también ese par de alas para desplazarse grandes distancias en poco tiempo.

La naturaleza diferente de aquellas tres constelaciones era algo que ya todos aprendieron a obviar, pero de la que muy pocos conocían la verdad.

De pronto, en la lejanía una de las enormes montañas de piedra comenzaba a adquirir una forma diferente, no tan natural. Gran parte de la piedra de la montaña tomó una forma distinta, eran torres de un color blanco y con techos y decoraciones doradas, una de las bases de los Cancerberos Constelarios. Construida abrazando una montaña, carecían de muchos techos, los pasillos exteriores eran en su totalidad pilares sosteniendo techos que formaban cuadrados con jardines, lugares de entrenamiento y cultivo.

Próxima a llegar Abi fue reduciendo la velocidad de su vuelo, se levantó el visor del casco para poder apreciar el lugar con mayor claridad. Tomó una bocanada de aire feliz, incluso el viento en esta zona olía distinto, más como en casa. Tantos recuerdos de cuando entrenó y estudió en este lugar en su niñez le llegaron a la cabeza, buenos recuerdos.

No obstante, el tejido de la memoria se desgarró cuando una bola de fuego pasó muy cerca suyo. La trayectoria del proyectil fue de arriba abajo por lo que el ataque no venía de tierra, eso le pareció mucho mejor, era más fácil encontrar a alguien en el cielo que oculto en el bosque. Como si estuviera nadando giró su cuerpo para un costado, las puntas de sus alas la siguieron a la par y quedó dándole la espalda a la tierra.

A pesar del sonido del viento retumbando en sus oídos pudo escuchar algo, más disparos se aproximaban. Abrió su mano derecha, protegida bajo un guantelete de metal dorado, y el polvo estelar salió de su frente para tomar la forma de una espalda. Giró un poco más sobre su propio eje y la vista periférica le alertó de otra bola de fuego, la esquivó tomando altura y seguido se percató de otra más. Agarró con fuerza su espada y la utilizó como un escudo para bloquear el ataque, al impactar el fuego se desvaneció a sus costados.

<No se trata de un ataque particularmente poderoso> pensó. Entonces se le iluminó la situación. Dio una voltereta rápida y logró identificar a sus atacantes, eran tres: dos niñas y un niño. El trio estaba volando gracias al polvo estelar que se manifestaba con la forma de alas escamosas de un dragón. No obstante, volaban a una distancia muy inferior comparada con la altura de los ataques <Son novatos> si la edad no era suficiente prueba el hecho de que cada vez volaran más bajo indicaba que no estaban acostumbrados, a sus cuerpos les faltaba más desarrollo y práctica.

Con un simple aleteo Abi pudo acortar distancia y acercarse a ellos muy rápido, por el rostro que tenían los niños estos debían de pensar que ella los iba a castigar o regañar. En su lugar solo soltó una carcajada.

–Lo sentimos mucho –soltó una de las niñas sin que ella terminara de llegar.

–Pensamos que era nuestra maestra –aclaró la otra–. Estamos en nuestra hora de entrenamiento.

La primera observó con el ceño fruncido a su compañero de cabello castaño. –Te dije que no había que atacarla.

–Aunque la maestra si dijo que ataquemos igual no se refería a ella –recriminó la segunda.

–No se preocupen, igual estoy bien. –Y aunque esos ataques le hubieran dado, ella se consideraría asi misma una muy mala Cancerbera Constelaria si ataques tan débiles pudieran llegar a lastimarla o hacerle un daño real.

Cambiando de tema Abi notó como en el poco tiempo que iban de la conversación ya habían descendido un par de metros, los novatos no parecían ser conscientes de eso pero a este paso se quedarían si magia y caerían varios metros hasta el suelo, con suerte algunos árboles amortiguarían su caída. Eso creía ella porque le pasó mucho de niña.

A pesar de que le encantaría sentía que se le complicaría salvar a los tres a la vez si caían, ella se consideraba mucho mejor con el manejo de la espada que en el vuelo. –¿Les parece mejor si descendemos ahora? ¿O pueden aguantar más tiempo en el aire? –quiso saber ella. Los niños miraron al suelo y cayeron en cuenta de lo cansados que estaban, sus rostros se iluminaron más por el miedo y obedecieron en bajar.

Ya que los tres novatos son aun niños sus alas de dragón tenían un largo acorde, ellos pudieron meterse en los arboles sin muchos problemas y desvanecer el polvo estelar una vez que sus pies tocaron tierra. En comparación las alas angelicales de Abi eran mucho más grandes y largas, tuvo que hacerlas desaparecer antes de llegar a las copas de los árboles y aterrizó en el suelo con una caída limpia, levantando un poco de tierra.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.