Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 35

Las sombras de dos figuras se iban alargando al mismo tiempo que la gigante y poderosa Saglamak se ocultaba más en el horizonte, un horizonte solo distinguible por las calles ya que la inmensidad de los edificios a los costados bloqueaban su imagen. Ambas figuras caminaban con pasos acompasados, cada tanto escuchando el crujido de hojas grises en el suelo, resultado de que los pequeños robots de limpieza no pasaran todavía.

La melena castaña de Abi ondeaba al ritmo de la brisa de aquella estación, el Sonbaharan, ella se quedó observando por un momento los árboles blancos a un lado. En cambio, Bulent la miró a ella, imaginando en que podría estar pensando. Al final de cuentas ella es una Cancerbera Constelaria, elegida por una de las tres constelaciones zodiacales.

<De seguro habrá vivido muchas experiencias, habrá tenido mucha adrenalina. Muchos combates>. Tal vez se imaginaba los árboles como brazos extendiendo sus manos en un intento de tocar el cielo, tal vez le recordaban a huesos de personas. Al final no importaba mucho porque para el Iluminado las posibilidades serian infinitas, solo podría sacarse la duda preguntando directamente aunque tenía la sensación de que solo le respondería algo como “nada”. Un nada que lo significaría un todo oculto, para el que todavía no estaba preparado.

Lo bueno es que sentía que iba en la dirección correcta, y eso le provocó una sonrisa, similar a una genuina sonrisa que ella tuvo hoy entre las demás falsas. <Jamás pensé que saldría con una Cancerbera Constelaria, es casi como me lo imaginé>. Al principio no lo había sentido porque se encontraba demasiado nervioso, pero luego de poder controlar un poco mejor la situación aquella sensación lo invadió.

Los músculos fornidos marcándose en su cuerpo cuando se movía, su risa ante los chistes que Bulent ya preparó de antemano, y las cosas de las que habían hablado. Todo eso le provocaba un agradable cosquilleo en el cuero de su cabello, a veces le erizaba la piel e incluso se quedaba mirándola. No podía ser para menos, aquellos guerreros y protectores son la cúspide del anhelado deseo de proteger y servir a la comunidad.

Sin ellos es posible que todo hubiera acabado peor cuando el Imperio Centient invadió el planeta, igual habían perdido pero sobrevivieron y siempre estuvieron ayudando del otro lado de la luz, en las sombras.

–Me encantó el lugar –soltó el joven Iluminado.

Casi al instante Abi se volteó para mirarlo. –Resplandeciente, estaba un poco nerviosa sobre si era una buena elección para cita. Pero al final el punto era pasarla bien.

–Es verdad, creo que traeré a mi amiga en otra rotación.

Ella le dio un codazo en las costillas, le dolió un poco más de lo que Abi debía imaginar. –Si harás eso te recomiendo que practiques jugar más al Jenga, fuiste muy malo –dijo, hablando más de lo que pensaba.

–Mi cerebro estaba algo cansado después de haber completado el rompecabezas antes que tú. –Sus labios se elevaron en un ángulo muy pronunciado, burlonamente.

En respuesta Abi separó la mirada, regresándola a los árboles blancos. –Si te soy sincera justo esos no son mi tipo de juegos favoritos.

Bulent abrió su boca aunque ninguna palabra salió del interior, permaneció a oscuras, iba a burlarse de ella solo que todavía no sentía la confianza suficiente para hacerlo; no sentía la misma conexión que si con Varnis para decirle algo así. Y no habría nada peor que hacerla sentir ofendida en su segunda cita y primera de ellos dos solos.

Como alternativa el Iluminado volvió a concentrarse en lo misma que ella, intentando otra vez ver si podía descifrar algo. No lo hizo por mucho tiempo, se distrajo con los pilares metálicos entre los árboles. Las luces de las farolas comenzaron a encenderse, una a una, bañando las veredas y calle de una cálida luz artificial. Claro que no podía compararse con la luz natural que las hojas azules proporcionaban, pero eran mejor que nada y un poco llegaban a competir con los últimos rayos de Saglamak.

El hucamin notó como unos carteles empezaron a aparecer pegados en las farolas, le molestaban porque aquellos no informaban nada en realidad. Era una decoración simple con una tipografía diciendo “Se acerca la conmemoración al Día de la Caída, y con ello una gran sorpresa”. Navegando por Estrellanet le salieron algunas publicaciones e incluso videos de ciertas Súper Estrellas haciendo teorías sobre lo que sería, pero no les llamó la atención así que no vio ninguno. Aunque ahora eso parecía una buena oportunidad para cambiar de tema.

–¿De qué crees que se traté? –le preguntó. Ella regresó su vista a él, confundida. En vez de usar palabras levantó el brazo para señalarle el cartel de la farola, su otra mano seguia bien cerrada apretando la correa de la mochila que cargaba.

Abi lo analizó y al momento siguiente retornó su atención a él. –Ah eso, jajajajajajajaja. Veras… a nosotros los Cancerberos Constelarios si nos dijeron de que se trata. –Parecía gozar tener esa posición de poder al poseer información especial, entrecerraba un poco los parpados y levantaba la mirada.

Recordando algunas recomendaciones que vio en videos de “Que hacer en tu primera cita” el Iluminado acortó unos pocos centímetros la distancia entre ambos. –¿Y de que se trata entonces? –habló algo suplicante. Abriendo un poco más sus ojos violetas, iluminados espontáneamente por las esferas de luz que caían por el cabello a su costado.

La musculosa mujer se limitó a seguir riéndose. –Estas algo apagado si crees que te lo voy a decir, es información clasificada de momento para el público. No puedo y no voy a hablarlo con nadie que no tengo la autorización. –Ella sonaba muy firme en su decisión, de tal forma que resultaría inútil insistir. Las esferas de luz en el cabello del hucamin disminuyeron su brillo y él regresó a su posición común, no obstante, en ese momento ella se le acercó al oído y susurró–. Solo puedo decir que se trata de un evento social a gran escala.




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