El cabello corto y negro de la muchacha brilló con la luz del sol cuando se asomó cerca de la ventana, en realidad brillaba con la poca luz que entraba de la persiana cerrada. Cada vez que ella venia siempre se cerraban todas las ventanas para evitar luz natural, porque en sus propias palabras tenía una condición que la hacía vulnerable a ella.
De hecho, aquella poca y escasa luz la hubiera lastimado gravemente, pero usaba unas cremas especiales en toda la piel que la ayudaban a resistirlo. Y como si no pasara nada abrió la puerta del horno ya encendido a la par que el Iluminado colocó la mezcla en su recipiente y lo llevó dentro.
Ambos eran amigos desde hace un par de traslaciones ya, tal vez pocos desde la perspectiva de una y muchos desde la opinión del otro. Al final eso no importaba en realidad, era la cantidad de tiempo suficiente para que llegaran a este punto, a tener esta relación. Una en la cual es posible darse cuenta de lo que realmente le pasa al otro aunque intente ocultarlo, porque la luz que brilla en sus ojos, que sale de su cabello; no es la misma. Y pequeños gestos también lo delataban.
Después de cerrar la puerta del horno Bulent apoyó su cintura en el borde de la mesada en la cocina, sacó su celular y puso el cronometro. –Ahora tenemos que esperar entre cuarenta y cincuenta minutos para que esté listo –comentó él.
Bora no dio alguna respuesta y ambos quedaron en total silencio en una cocina, en una casa donde solo estaban ellos. El rostro del hucamin no estaba muy expresivo hoy, no valía la pena poner una sonrisa porque sería una falsa y él mismo fue quien le enseñó a ella a leer sonrisas, se daría cuenta. Solo que el simple hecho de contener así sus emociones lo delataban, tal vez no lo disimulaba más porque subconscientemente quería que su mejor amiga se diera cuenta de la situación.
Ella se sentía un poco incomoda, a pesar de todas las traslaciones, de todas las personas y vínculos afectivos que tuvo; de todas formas le costaba un poco estar en situaciones así. Pero él es su mejor amigo y tenía que hacer algo, sabía que decir, pero no como decirlo. Así que fue algo directa.
–Entonces…
–Es que lo extraño tanto –soltó de inmediato Bulent, bajando su mirada al suelo. Llevaba conteniendo eso demasiado tiempo.
–¿La cita con Abi no fue bien?
Le costó un poco, y al final el Iluminado pudo levantar la cabeza para mirarla a los ojos, a su rostro ovalada. –No, todo lo contrario. Pude arreglármelas muy bien, tengo mis medios.
–Me imagino –susurró.
Él continuó. –La cita salió muy bien de hecho, pero igual. Siento esa oscuridad dentro de mí. –Se llevó una mano al pecho, a ella le pareció un poco dramático aunque sabía que era malo minimizar lo que siente otro–. También quiero estar con Varnis, hablar con él, molestarnos, hacer cosas juntos. Yo… me pregunto si a él le pasara lo mismo ¿si empieza a pensar que esto es una mala idea y quiere cancelarlo? ¿Si ya está conociendo a alguien mejor? A un Sideral quizás, u otro Iluminado que tenga un mejor talento que yo. –Se llevó ambas manos a la cabeza, su cabello violeta filtrándose entre los dedos, como pequeñas cascadas que dejaban pasar pequeñas esferas de luz que caían a sus manos–. No sé si el hecho que no tenga redes sociales es mejor o peor.
<Esto es lo mismo que pasó con aquel>. Bora se acordó de otra persona, alguien de hace unas décadas, un experto en mecánica y robótica con quien compartía mucho. Al menos podía sacar de esa situación la experiencia para actuar mejor esta vez. Ella respiró hondo y se acercó despacio hacia Bulent, ambos sintieron el brazo de otro aunque por poco tiempo porque Bora lo pasó por detrás de su cuello.
–He visto esto antes, esa ansiedad de los primerizos por entrar en una relación ya hecha. Tal vez no puedas saber o controlar que ocurre con los demás. –Levantó su dedo índice y lo apuntó al corazón de su mejor amigo–. Pero si puedes controlar y saber lo que te pasa a ti, aprovecha eso. No creo que sea lo que estas imaginando, y si lo es, tampoco se oscurecerá el mundo. Aunque sabrás que al final no será el indicado.
–Es que lo quiero tanto. –Su voz quebradiza.
–Y eso es muy bueno, aunque en mi recomendación personal te diría que no dejes que ese amor supere el que tienes por ti mismo.
Él la miró, sus ojos violetas brillantes y cristalinos por las gotas que contenían dentro. –Claro, lo siento.
–Jamás te disculpes por sentir lo que es estar vivo. –Bora separó su brazo y se alejó un poco, aunque no sin antes darle un pequeño golpe en el brazo–. Ya no todos gozan de esa oportunidad –murmuró para sí al final. –No obstante, ella sabía que dos sentimentales juntos no llevaría a nada bueno, tuvo que mantener su compostura y ahora que su mejor amigo se desahogó podía aligerar la situación–. No soy quién para juzgar a nadie pero para tu cita con la otra le preparaste un budín sin nada, ni pasas de uvas, chispas de chocolate, nueces o frutos secos. No debe ser alguien con mucha personalidad.
<Es verdad, tengo que controlarme> pensó Bulent <Todo esto es parte del proceso de emparejamiento>, se trataba de una especie de ritual social que siempre se hace en su sociedad cuando alguien quiere unirse a una relación ya hecha. No se puede ver ni hablar con quién conectó a la persona a la relación, pero si con los otros miembros. Y no acaba hasta que haya dos o tres citas con cada miembro.
Ahora más tranquilizado se concentró en el comentario de su amiga. –Ella tiene una enfermedad poco usual, así como tú. Es una inmunodeficiencia así que es muy sensible, no la conozco del todo y Varnis tampoco me dijo mucho. Así que no quería preparar algo que pudiera hacerle mal.
Bora tomó las tazas, potes y utensilios que usaron para cocinar y puso todo en el lavamanos, le molestó un poco sentirse como si estuvieran en el trabajo. De igual forma se puso a lavar. –Eso está muy bien, aunque me parece algo injusto. Literalmente tu talento es hacer feliz a las personas con lo que cocinas, y toda tu participación en este proceso es la suficiente como para que haga efecto.
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Editado: 14.02.2026