Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 37

Una feroz batalla estaba llevándose a cabo, en específico uno de los oponentes no tenía piedad. Ella estaba totalmente harta, por lo que no le fue difícil despojarse de su moral al momento de actuar. Incluso su remordimiento había desaparecido cuando decidió atacar por sorpresa, aprovechando la distracción del enemigo y la ausencia de su guardia.

La kedien no podía volar, sus alas le fueron arrancadas hace mucho. Pero volar era algo en su naturaleza, eso no se le podía ser arrebatado así que las pocas partes de sus alas aun en la espalda se sacudieron con fuerza aunque no pudieron elevarla. Ella ya se había acostumbrado a eso, aunque aún mantenía las esperanzas de que en alguna rotación, en algún intento, se llevara la sorpresa de que podría volver a hacerlo.

Hasta que eso ocurriera pasó al plan B, se preparó para dar un fuerte salto y sacando sus garras las clavó en la cama para no caerse y terminar de subirse. Todo lo demás ocurrió en un parpadeo, ella sabía que su enemigo estaría allí y ese fue el caso. No se contuvo al momento de saltar y abalanzarse sobre el peluche de un dragón para empezar a atacar.

Su contrincante era alargado, una serpiente llena de plumas la cual tenía un par de alas brotando de su espalda. La kedien utilizó sus garras para aferrarse al peluche, liberó sus colmillos de la boca y empezó a morderle la cara mientras usaba las patas traseras para patearle el vientre. Lo tenía agarrado, capturado, sin chances de escapar, sería la ganadora. No tenía dudas.

Y todo eso se desvaneció en un santiamén cuando escuchó un grito, se había concentrado tanto en su batalla que ignoró el sonido de la puerta de la habitación abierta y los pasos de la Súper Estrella regresando. La kedien le dio un vistazo rápido y lo notó muy bien, no lo veía o sentía deprimido o agotado. Eso le había pasado seguido, en específico cuando dejó de sentir el olor de un Iluminado impregnando su cuerpo.

Pero ella ya había pasado el suficiente tiempo con él para saber que lo intentaba, aunque tuviera su cuerpo en contra, se le cayera el cielo y le pesara en los hombros para impedirle hacer cualquier cosa, él lo seguía intentando. Por eso ella hacia lo mismo, quería ayudarlo y hacer su propio esfuerzo para poder volar también. Aunque antes tenía que acabar con quien más tenía alas, y hubiera logrado derrotar al dragón si la Súper Estrella no lo hubiera impedido.

-----O-----

El estómago de Murat no pudo terminas de digerir la llegada de la comida, en su lugar se concentró en correr hasta su cama y golpeó con fuerza la palma sobre la sabana. El sonido provocó que el felino se detuviera, el joven peliblanco agarró otro peluche y se lo lanzó a la cara. Dos contra uno sería imposible así que la kedien decidió huir, se bajó de la cama y corrió para meterse a un armario por la puerta entreabierta.

–Ya es la quinta vez en dos rotaciones –dijo entre dientes la Súper Estrella–. ¿Qué tiene contra ese peluche? –Murat tomó el peluche de un dragón y le limpió la saliva de la cara–. Casi le saca la nariz –agregó dejándolo en la cima de su escritorio para que no pudiera ser alcanzado con facilidad, o eso es lo que pensaba él.

Una vez con el peluche en un lugar seguro regresó a su cama para acostarse en ella, sacó el celular de un bolsillo en su bata y revisó sus aplicaciones. No pudo ver mucho ya que se concentró en el mensaje de texto que Abi le envió por Estrellanet, al principió lo leyó tranquilo aunque luego de un renglón su cuerpo se tensó y se puso de pie otra vez.

Sus ojos azules y dorados se entrecerraron a la par que leía en voz más alta. –Me llamaron del hospital, Irfan tuvo una fuerte recaída.

No lo dudó dos veces y llamó a su Amor, como esperaba ella le contestó al instante. –¡¿Estas?! –fue lo único que se limitó a decir.

–Justo acabo de llegar, ya estoy preparada así que ven.

Los dos cortaron la llamada al instante, Murat se apresuró en correr a la puerta, salió al pasillo y se encontró a Eglence que también iba rumbo a su cuarto. –Voy a ver la versión del director de una película de terror, ya preparé mi cuarto para darle un ambiente más de miedo. Me voy a encerrar a verla así que si alguien pregunta por mi dile que no saldré hasta acabar.

El morcamin se sorprendió. –Oh genial ¿Cuál es? ¿Puedo verla cont…? –La puerta se cerró con fuerza en su cara y escuchó el click del seguro.

Una vez con eso asegurado la Súper Estrella fue a su armario, no al que funcionaba como guarida de su kedien sino al que estaba en el lado opuesto. El cual solo se usaba para colgar varias batas de distintos modelos, todas en su mayoría blancas. En el suelo había cajas de cartón con varios pares de chanclas de marcas lujosas, él se arrodilló y las corrió todas a un costado dejando solo una alfombra gruesa.

La tomó con sus dedos por un costado y la levantó revelando un agujero en el piso de cemento, era grande y ocupaba todo el suelo del armario. El hueco estaba cubierto por unas maderas que Murat también corrió para poder pasar sin problemas, cualquier herida que le causaran las piedras o pedazos de fierro del suelo se le sanarían rápido así que las ignoró.

Al cruzarlo llegó al piso inferior, un lugar más amplió aunque mucho menos que su cuarto en el piso de arriba. Había varios muebles con elementos de higiene y en una esquina apoyados contra la pared varias herramientas de limpieza, la lámpara del cuartito estaba encendida lo que significaba que Abi ya hizo su parte. La Súper Estrella se concentró en una caja de metal con el candado suelto y la abrió, en su interior contenía una armadura de los Cancerberos Constelarios y por debajo una vestimenta más casual.

Murat no lo dudó y empezó a desnudarse, tampoco había mucha ropa que sacar y en cinco movimientos ya quedó con la totalidad de su piel expuesta. No estuvo así por mucho tiempo, su cuerpo bien definido fue cubriéndose primero por la ropa casual y encima por el uniforme de la organización a la que pertenece su Amor.




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