El departamento se encontraba a oscuras y solo había dos fuentes de luz: la del televisor y la de un celular. El primero reproducía canciones en volumen bajo y en modo automático mientras que la luz del segundo apuntaba directo al rostro ovalado y nariz corta de Bora. Ella estaba sentada con las piernas cruzadas sobre el sillón, todas las ventanas estaban cerradas y aunque el viento helado no entraba de todas formas el lugar estaba frio. Y a pesar de eso ella no estaba muy abrigada, era como si estuviera acostumbrada a las bajas temperaturas porque casi ni lo sentía como tal.
Frente al sillón había una pequeña mesita de madera, en su mano tenía una copa de cristal con un líquido rojo dentro, brillando por la luz del televisor, le dio un sorbo y dejó la copa sobre la mesa. Colocó el pulgar de su otra mano en la pantalla del celular y lo deslizó para abajo, la aplicación y red social de Estrellanet no tardó nada en cargarse y actualizarse, fue algo rápido porque no había nada que actualizar. Y eso estresó a Bora.
Chasqueó la lengua. –Ya sé que es rotación laboral pero aun así tendría que haber alguien que quiera divertirse esta noche. –Su casilla de solicitudes estaba vacía. No se trataba del chat corriente entre los usuarios de Estrellanet, sino que aquellos que nacieron hace 20 traslaciones o más podían acceder a otra función de la aplicación, un chat para conocer personas y tener citas.
–¿Nada? Aunque sea me conformo con algún pervertido o algo. Ash que aburrido, si hubiera sabido que este sería el caso hubiera insistido para trabajar el turno de hoy o algo así. –Eso hubiera servido como una forma de distraerse y poco más, ya que su mejor amigo actual todavía seguía de vacaciones ir a trabajar al café se había vuelto un poco más aburrido.
Dejó caer el celular a su lado y se agachó para tomar otra vez la copa, al levantarla fue que se dio cuenta que estaba vacía. Luchando contra su aburrimiento se puso de pie para ir hasta la heladera y servirse un poco más, las plantas descalzas de sus pies hicieron contacto con la fría madera, ignorando por completo la sensación helada que su cuerpo tendría que haber recibido, o mejor dicho que nunca recibió.
Aun así, no llegó ni a cruzar el marco de la puerta que daba a la cocina porque sus sentidos se percataron de algo, se detuvo en seco y volteó su cabeza otra vez a la sala de estar. Ella podía ver con total claridad en la oscuridad, observó el sillón donde estuvo hace un momento y no encontró nada fuera de lugar, solo un aire que parecía haberse vuelto más denso, más opresivo.
Una sensación de ser observada se clavó en su mente, junto al sonido del tranquilo palpitar de un corazón, no podía ser el suyo. Sus ojos recorrieron todas las partes visibles de la casa.
Nada, lo máximo que destacaban eran las sombras de los muebles por la luz del televisor y las paredes desnudas. Estuvo a punto de decir algo pero el sonido murió en su garganta, ahogado por la incertidumbre. Sería una mala idea si alguien se planteaba atacarla, y mucho menos en su casa, especialmente en su cocina. Decidió continuar lo que estaba haciendo, aunque en su mente se apresuró en formar las palabras correctas siguiendo las enseñanzas de los Grammatistas.
Ingresó a la cocina dándole por completo la espalda a la sala de estar, del congelador sacó una botella en su totalidad negra. La había dejado ahí luego de servirse la primera copa así que el líquido no debía estar congelado, desenroscó la tapa y el aroma del líquido la asaltó, todo su cuerpo se exaltó. Dejando grabada esa agradable sensación mientras llenaba el vaso de nuevo.
Una vez hecho eso volvió a abrir el congelador y dejó la botella dentro, estaba segura que volvería por ella una tercera vez, la dejó al lado de toda la carne que tenía embolsada.
Al volver al living, esa sensación la asaltó de nuevo. El sonido de latidos ajenos, más fuerte que antes, más cerca. Bora intentó rastrear algún aroma específico, intentando identificarlo, pero su nariz estaba tapada por el aroma del líquido que se sirvió. Barrió con su vista toda la habitación otra vez y en esta ocasión notó algo, la ventana estaba abierta y el frio entraba, no se percató ya que ni podía sentirlo.
El crujido del piso sonó detrás de ella cuando se apresuró en ir y cerrar la ventana, no quería que el viento tirara algunos papeles en los muebles. Se supone que solo tendría que haber escuchado el sonido de la ventana cerrarse y nada más, aunque otro sonido permaneció, no era la música, era mucho más fuerte e insistente. Repitiéndose una y otra vez.
Ya no estaba a su alrededor, ya no estaba dentro, debía tenerlo por detrás con certeza.
Bora se giró lentamente. Cada fibra de su ser esperaba encontrarse solo con un vacío oscuro, aunque otra parte estaba lista para reaccionar si era necesario, podría usar el líquido de su copa ya sea de forma agresiva o defensiva según se diera la situación. Y fue cuando sus ojos adaptados a la oscuridad lo vieron, revelaron una figura en las sombras.
Como la figura no se movió con acciones bruscas ella tampoco lo hizo, cuando la figura oscura dio unos pasos hacia ella, Bora retrocedió un poco, su lengua húmeda lista para hablar, para recitar las palabras adecuadas. No obstante, la luz del televisor hizo brillar una máscara de teatro blanca y una sofisticada corona con tres gemas. Se trataba de la Estrella Soberbia así que cualquier atisbo de preocupación se le borró del ser al instante.
La voz del vigilante se escuchó más seria de lo habitual. –Tengo el presentimiento de que me estabas buscando.
Bora se alegró de verlo, fue una sonrisa sincera <Bueno, los planes de la noche acaban de cambiar. Al final si trabajaré hoy>. Antes de decir nada ella levantó una mano para que su invitado inesperado guardara silencio, de un solo trago se bebió en su totalidad todo el líquido de la copa. No dejó absolutamente nada, incluso se lamió los labios que le quedaron rojos por el líquido.
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Editado: 14.02.2026