Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 39

Una luz fluorescente y pálida bañaba la habitación del hospital, el resplandor del techo no era capaz de desterrar las sombras de las esquinas, obligadas a estar a los pies de las paredes de un blanco estéril. En el centro se encontraba una cama de metal brillante sosteniendo un frágil cuerpo con los ojos cerrados, poseedor de un rostro ovalado y una nariz de botón delicada.

Varias máquinas rodeaban la cama, parecían torres de seguridad tecnológicas que vigilaban a la mujer internada. Algunos tubos y cables se desplegaban de los aparatos para deslizarse hasta el cuerpo de la paciente, un monitor parpadeaba con datos vitales: un electrocardiograma mostraba los latidos del corazón, otro el oxígeno registrado en cada inhalación.

Todo aquello unido al tic tac de un reloj de la pared para formar un sonido rítmico con los bips electrónicos, formando una sinfonía que parecían tener el efecto de ralentizar el tiempo.

Por suerte Irfan no se encontraba sola: primero había estado reunida con Bulent, luego se encontró rodeada de doctoras y enfermeros y ahora estaban solo dos personas. Varnis y Abi, ambos con rostros de una preocupación fría. Siempre era malo cuando esto le pasaba a ella, pero sabían cómo tratarlo y reaccionar por lo que la preocupación era más superficial.

El muchacho de cabello verde estaba parado a los pies de la cama, una mano en su mentón para sostener la cabeza mientras reflexionaba; a la par Abi estaba a un costado y a la altura de la cabeza. Ella usaba un trapo ligeramente húmedo para sacarle el maquillaje del rostro durmiente, uno que ya estaba algo desaliñado por el accionar de las personas del hospital.

Los dos Amores de ella estuvieron callados unos minutos, luego Varnis levantó sus oscuros ojos al rostro dormitado de su pareja y empezó a hablar. –¿Qué será lo que habrá sucedido en verdad?

La miembro de los Cancerberos Constelarios se detuvo un momento, fue rápido hacia el baño para limpiar el trapo y regresó con paso más lento. –En eso también estaba pensando. –La verdadera preocupación no radicaba tanto en el hecho de que esto ocurriera, sino más en el porqué, que fue lo que lo desencadenó.

Varnis observó a Irfan. –Ella andaba tomando sus pastillas hasta donde sabemos.

–Como siempre –acotó Abi regresando a su labor.

–Si, además se estaba cuidando bien. Entonces es muy raro que tuviera una decaída tan fuerte como esta.

La musculosa mujer de cabello canela solo pudo verlo con su vista periférica cuando ocurrió, un fuerte destello de luz dorada la obligó a cerrar los ojos y cuando volvió a abrirse observó directamente a Varnis, no, a Murat vestido con ropa casual. Abi se separó de la cama y le gritó en voz baja, con los dientes apretados. –¡¿Pero qué haces?! Este no es el lugar para eso. –Seguido se apresuró en correr y cerró la puerta del cuarto con el seguro.

A la Súper Estrella no parecía haberle importado en lo más mínimo. –Tranquila, no hay cámaras de seguridad en esta habitación –dijo como si eso ayudara.

–¿Por qué te transformaste aquí? ¿Te cansaste? No, si te vi aguantar transformado mucho más. –La mujer llegó a una suposición y se tapó la boca con las manos–. Lo siento, esto te debe estar afectando más de lo que imaginé.

Murat frunció el ceño. –No es eso –aclaró. Sonó un poquito molesto y en efecto lo estaba, la situación no era buena pero tampoco lo suficientemente mala como para tener esa reacción de parte de Abi. Estaba seguro de que Irfan se molestaría si se enterara de eso–. Es solo que si estoy usando mi transformación no puedo usar otras habilidades.

–Ahhhh, por supuesto. Ya entiendo a dónde quieres llegar con esto. –Colocó las manos en la cintura como si fuera una jarra–. Solo que la próxima avísame antes de que lo hagas.

–Es verdad, mala mía. Pero ahora escudriñemos el pasado para ver que ocurrió en realidad. –El adivino del destino cerró sus ojos, quieto de pie como una estatua de piedra. Sus parpados brillaron como si tuviera un pequeño foco en su interior y empezó a desvelar el pasado, se concentró en que sea el de su Amor, el de Irfan.

De forma algo borrosa, cosa que no debería ocurrir, pudo ver el cuerpo inconsciente de Irfan. Estaba en una camilla diferente y era movido por unos enfermeros y seguido por una doctora. Viendo el momento en que la trajeron aquí. Murat frunció el ceño. –Eso no es lo que estoy buscando, debe ser más atrás. –No obstante, al momento de intentarlo sintió algo anormal, como si su cuerpo estuviera duro en el océano y las olas lo empujaran, le impidieran avanzar.

Era algo que casi nunca le había ocurrido pero no podía desviar su atención en este momento, luchó contras aquellas olas, contra la fuerza temporal que le impedía avanzar. En el interior de los parpados cerrados sus ojos pudieron deslumbrar unas flores, luego césped verde y unos árboles. Estuvo a punto de rendirse, su cuerpo por ceder, pero al ver la figura de Irfan parada sobre un mantel le dieron las fuerzas de seguir un poco más.

–Puedo verla –dijo, sabiendo que en la habitación Abi debía estarlo mirando sorprendida, o asustada por la expresión de su rostro–. Pero esta, está enojada. Parece molesta con algo. –Dentro de la visión la Súper Estrella intentó concentrarse en aquello que Irfan miraba molesta, a lo que le dirigía su indignación.

Murat ahogó una respiración cuando lo que vio fue un pilar negro, brumoso y grotesco. Poseía vagamente una forma humanoide, aunque ya casi desarmada en su totalidad. Una especie de neblina negra emanaba de esa cosa y se esparcía en todas direcciones oscureciendo la visión. En vez de escuchar palabras sus oídos sintieron el desgarrador sonido de la estática, mezclado con fonemas vagamente inentendibles. Eso fue tan irritante y molesto que el adivino perdió la concentración, similar a alguien empujando una caja y que cae por el suelo resbaladizo. Murat cayó al suelo, amortiguado por su trasero, y abrió la vista. Tenía los músculos tensos y su respiración acelerada.




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