Soberano de Constelaciones

Estrella Nova 40

Los Elestialenses sobresalen en la construcción de mega estructuras elevadísimas, pero también pueden arreglárselas con otro tipo de construcciones. En esta caso, ubicado en el corazón del distrito de entretenimiento se alza un coloso de acero y vidrio, un estadio de proporciones titánicas que se yergue como un ejemplo del poder del país.

Pilares de decenas de metros de diámetro sostienen un techo retráctil que se asemejaba a un cielo artificial, y sus paredes brillaban con destellos de luces instalados en patrones geométricos y llamativos.

El bullicio era palpable, decenas de miles de personas se extendían alrededor del estadio formando una obra abstracta: manchas morenas, blancas, violetas y relucientes esferas de energía cayendo del cabello. Para Asil se sentía como estar dentro de un bote en una marea en constante movimiento.

Además de las entradas en las veredas había un par de entradas para los vehículos, las cuales estaban igual de congestionadas y llenas. Aunque por suerte él tenía el privilegio de evitar aquello, el auto donde se transportaba ingresó por una calle cuya entrada era solo para personas vip, y apenas tenía unas decenas de vehículos esperando <A pesar de ser pocos también avanzan rápido> pensó. Seguido tuvo que sacar su vista de la ventana para regresarla al interior del auto, tenía que prestarle atención a esta parte.

Le hubiera encantado ir solo a pesar de que su situación era la contraria. A su izquierda estaba sentada la Alta Mariscal, su cabello gris bien cuidado resplandecía con las luces que entraban del exterior al igual que su piel. Tenía puesto largos tacones y guantes de un verde oscuro que combinaban con sus ojos.

En los asientos del frente estaba su compañera, la otra sublíder de los Fronterizos, Taner. Aunque se trataba de ella estaba muy bien vestida también, no podía ser de otra forma si su elección de vestuario fue guiada por la misma líder. Su cabello estaba unido en una cola de caballo y su nariz redonda daba la impresión de ser musculosa como todo el resto de su cuerpo.

La Alta Mariscal observó una tablet en sus manos y luego pasó a mirar al joven a su lado. –Asil. –Escuchar su nombre le generó una pequeño e incómodo escalofrió eléctrico–. Tu labor es el de encargarte de la seguridad de nuestro “invitado obligado” ¿de acuerdo? –El Sideral asintió para mostrar que comprendió.

A su lado sintió como uno de los ojos verdes de la Alta Mariscal lo juzgaban, levantando una ceja, pero fue algo pasajero porque al instante siguiente se concentró en Taner. –Tu, la preparación de todo el cargamento extraído del distrito portuario está un poco retrasada. Tiene que estar realizada en su totalidad en la zona designada antes de que inicie el evento ¿puedes con esta tarea?

–Por supuesto que si mi señora, asi será. –Asil notó como se le marcaban un poco las venas del cuello cuando la vio asentir.

<Ya no me dan las tareas importantes, mejor, ahora es cuando necesito pasar más desapercibido>. Se obligó a contener la chispa eléctrica de su interior que quería encender una sonrisa. Volvió a concentrarse en lo que decía la Alta Mariscal.

–Bien, una vez que cada uno haya hecho su parte podrán regresar conmigo, asi disfrutan también del espectáculo. –Sus labios se levantaron orgullosa de lo buena que era–. No obstante, asegúrense de que este todo en orden. No se nos puede permitir fallar en esta misión porque hay mucho en juego.

–Lo entiendo, no pasará –contestó el joven observando a la líder con su ojo bueno.

–Estamos todos en la misma frecuencia, genial.

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Bajo la majestuosidad del estadio, oculto a la vista de la multitud e ignorado por los gritos de emoción de todos los presentes, se extendían vastos subniveles. Un inframundo frio y en su mayor parte oscuro, contrastaba drásticamente con el vibrante bullicio de las personas emocionadas por el inicio del concierto arriba.

En el tercer subnivel los techos bajos eran sostenidos por pilares, y las paredes de hormigón reforzado de este subnivel estaban iluminadas solo por una serie de luces fluorescentes parpadeantes, que proyectaban sombras largas y ominosas. Un aire de claustrofobia permeaba el ambiente, y su magnitud amplificaba los ecos de cada sonido que se originaba en su interior. Sonidos provocados en su mayoría por la decena de robots manejados a control remoto.

En la entrada del lugar estaba Taner, la tela de su ropa se abrazaba con fuerza a los inflados músculos debajo. Tenía los brazos cruzados y la mirada en alto, la cual se perdía en lo profundo del lugar, supervisando que todo terminara de estar en orden. –Aunque es posible que retrasemos un poco el inicio del evento lo mejor sería no hacerlo, asi que se apresúrense.

En ambos costados suyos había un grupito de morcamins y hucamins, en su mayoría mujeres, utilizando controles remoto con pantallas para manejar a los robots que transportaban y ubicaban cada caja de madera, las cuales se extendían por delante del grupo como interminables filas alineadas meticulosamente.

Algunas estaban abiertas, aunque la mayoría cerradas con candados. El contenido de cada una era variado, pero sumadas en su conjunto daban como resultado un incontable arsenal de combate: armas eléctricas, gemas Sungers, baterías de robots; y demás artefactos. Sería imposible cargar con energía solar las gemas sueltas, dentro de las armas y de las baterías de robots; si muchas gemas estaban juntas no absorbían bien la luz solar y casi no había lugares donde colocarlas en la distancia suficiente sin que resultara estúpidamente obvio para los Rondadores.

Y aun asi nada de eso importaba en absoluto, no con el talento de Haul. Cuando inicie el evento y él cante todas y cada una de las gemas se cargarán en su totalidad, muchos lo subestimaban aunque se trataba de uno de los Iluminados más importantes y poderosos de todos los tiempos.

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