Soberano de Constelaciones

Constelación Revelada 4

Bulent cayó de espaldas al suelo, le hubiera encantado descansar. Solo que en su lugar tomó una bocanada de aire y volvió a ponerse de pie, a pesar de la profundidad bajo tierra en la que se encontraba de todas formas llegó a oír ligeramente la melodiosa voz de alguien.

–De una vez ya empezó el evento. –Caminó hacia donde había dejado la mochila con las bombas–. Me tendré que apresurar. –Tosió mucha sangre manchando el suelo delante de él y siguió con su labor.

Su caminar era más lento de lo normal, el simple hecho de respirar ya le generaba dolores punzantes en varias partes del cuerpo. Había logrado anestesiarlos por la brillante adrenalina de morir o sobrevivir, ya se había asegurado la segunda a costa de que la Atalaya ganara la primera así que su cuerpo se relajó mucho.

Utilizaba las cajas como puntos de apoyo para depositar su peso y no caerse al caminar, a pesar de que por si una pierna la tenía demasiada débil para eso. De todas formas, logró llegar de regreso a la mochila, había muchas bombas colocadas pero decenas más que faltaba colocar.

Al instante corrió su cabeza para un costado y vomitó sangre y otros fluidos que no reconoció, no quería manchar la mochila y las bombas, a duras penas se limpió la boca con la manga y logró tomar sus cosas, y entre ellas su celular. –Tengo que llamar a Bora, informarle de todo lo que sucedió. No estoy seguro si lograré terminar esto.

-----O-----

En el interior del camerino un famoso hucamin con un talento sin igual realizaba gárgaras con agua que le habían traído, la escupió en un balde y procedió a tararear una melodía intentando afinar su voz. Fue en eso que la puerta se abrió de golpe, provocando que todos los demás presentes detuvieran sus quehaceres en seco ante la sorpresa del impacto.

Haul se detuvo y frunció el ceño antes de observar a aquella persona tan insolente, solo que al ver de quien se trataba la expresión del rostro le cambió por una de mayor temor. Se trataba de una alta mujer de piel violeta, vestía una túnica celeste que cubría todo su cuerpo menos el rostro y las manos, además de tener cuatro anillos dorados en cada brazo.

La Erdemli rodeada de guardias se detuvo frente a Haul, este se mantuvo sentado en su asiento ergonómico, intentando parecer firme, serio y relajado. Pero la expresión todavía más seria y molesta de la mujer le hacía titilar la luz de su alma, de hecho las esferas de luz que caían de su cabello naranja parecían parpadear ligeramente.

–Lucero Bayram Yaman Aydemir. Yo no sé qué ocurre por su cabeza, no sé qué se piensa que es todo esto, pero una broma no es. Llegó a un acuerdo con las Demir y tiene que salir a dar un evento en esta ciudad ¡Ahora mismo! No vamos a tolerar más demoras ni contratiempos de su parte.

Haul tragó saliva pesadamente, el silencio y quietud que mantenía podía haber sido elogiado al estar frente a una Erdemli molesta. Aunque en realidad él tenía tanto miedo, estaba tan preocupado, que la situación lo llevó a quedarse paralizado. Y a pesar de todo eso tenía que hacer algo, si hablaba y contaba la verdad matarían a su amor, sabía que lo estaban vigilando de cerca. Y si se limitaba a obedecer mataría indirectamente a incontables.

–¿Sabes? –se obligó a ponerse de pie y hablar–. Esto no es tan sencillo como parece. –Le clavaba la mirada a la Erdemli e intentaba no desviarla, ella parecía una profesional en eso–. Sé que ustedes andan metidos en su cueva, con las Demir, sin hacer nada, o nada importante. Ajenas al mundo real y lo que suceda en él. Este es el mundo real y esto es lo que sucede en verdad. –Tomó una bocanada de aire–. Así que discúlpame si te afecta, si te molesta. Pero no puedo hacer nada más.

Al hucamin le pareció extraño, aquella morcamin le daba la sensación de estar incluso más tranquila que antes ¿Cómo ella podía ser capaz de algo así? Fue como si todos en la habitación dejaran de respirar cuando Haul se le plantó a la Erdemli, y ahora estaban esperando cual sería la respuesta del otro lado.

Con la delicadeza de la propia luz pura viajando por el vacío del espacio, la mujer abrió su boca para hablar con tranquilidad. –Le recuerdo, Lucero Bayram Yaman Aydemir, que usted realizó un trato con las Demirs de este país para llevar a cabo todo este evento. Usted fue el que se acercó a nosotras con la idea y la aceptamos. –Ella levantó la cabeza al techo, como si buscara algo, un recuerdo–. Cuando nos vio vacilar ¿Cómo fue que dijo? Ah sí, “Sé que pueden desconfiar de mí, soy un Borealense y el hemisferio del que provengo deja mucho que desear. Pero no quiero que me relaciones con ellos. Y no comparto nada con ellos”.

–¡Eso…!

–Aunque sea un expatriado de su nación, aún se reconoce con sus orígenes en un país del Hemisferio Boreal. Si no cumple su acuerdo con las Demirs se le considerara un acto de traición, y se le exiliara de regresó a su patria.

En ese instante la respiración de Haul se volvió errática, casi superficial, sintió como un peso invisible comenzaba a apoderarse y apretar su pecho. El camerino lleno de vida y bullicio había terminado de desvanecerse, dejando en su lugar un zumbido agudo y penetrante resonando en sus oídos: gritos y lamentos en un desierto sin retorno.

Su corazón latía con una violencia desmedida, como si estuviera forzando su cuerpo a tratar de escapar del desierto donde nació. Cada palpitar resonaba como un fuerte golpe en su pecho, los dedos se le volvieron fríos y cerró sus puños con fuerza en un intento de calentarlos.

El aire, denso y pesado, se volvía cada vez más difícil de inhalar para él. Haul jadeó luchando por llenar sus pulmones, no tenía a nadie para ayudarlo ahora, no tenía a su amado amor, a su hermosa pareja con su fría y tranquilizadora voz. Intentó navegar entre la nublosa tormenta de arena que era su mente. <Ya no sé qué hacer, creo que no tengo más opción>. Una bella imagen de su pareja iluminó sus ojos <Por su seguridad, tengo que hacerlo al final>.




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