–Me encuentro bien –dijo el hucamin dándole la buena noticia a su mejor amiga. Él tenía una sonrisa en su rostro y las doctoras ya habían curado su ojo así que ahora podía tener ambos abiertos. Ellas y los enfermeros solo esperaron a que la inflamación le bajara y luego pudieron operar, en un pasado más distante ni siquiera hubiera podido recuperar la vista de ese ojo. Pero el presente le favorecía.
Los Elestialenses podían sobresalir en muchas cosas, su capacidad de construir absurdamente altos edificios, su organización en distritos, su tecnología Aster y en robótica. Solo que el campo de la visión no era su especialidad, algo de lo que no tuvo que preocuparse ya que los Selenianos si son unos expertos en eso, era esperable sabiendo que la magia de aquel planeta está relacionada a los ojos. Los Selenianos tenían aquel órgano investigado a mucha profundidad, y aunque había diferencias oculares entre las especies de ambos planetas no eran tantas como para no aprovecharse del conocimiento del otro planeta.
–Todo gracias a ti, luego de que te llamé tú te comunicaste con Varnis y sus amores, les dijiste mi situación para que me buscaran.
Su mejor amiga asintió para confirmar lo que él decía. –Yo también te tengo una buena noticia –contestó acomodándose su cabello negro y con ondas alborotadas. Su mejor amigo podía notar una emoción difícil de contener en los ojos azul oscuro de ella.
Bora puso una sonrisa igual a la de él, ella había venido con un gran paraguas que ahora estaba cerrado y usaba como bastón para depositar parte de su peso, y como sostén para una bolsa de cartón que trajo consigo. La cual ella parecía empeñada en mantener lo bastante lejos de la mirada de su mejor amigo dejándola colgando del paraguas casi a la altura del suelo, y como él no podía levantarse para verla su curiosidad tuvo que rendirse.
A pesar de poder mantener con facilidad el equilibrio ella se movía de un lado a otro algo inquieta. Bulent mantuvo un silencio expectante hasta que ella se animó a terminar de sacar sus energías para contarle. Hablando con total confianza y certidumbre Bora hizo una simple declaración. –Ya no vas a tener que preocuparte más por los Fronterizos, no volverán a molestar.
Al principio al Iluminado le costó creerse eso, tuvo que pasar un momento hasta que su cerebro asimiló lo que Bora acababa de decir, y otro momento más para darse cuenta de la seriedad de sus palabras y la carencia total de chiste o broma. Fue entonces que Bulent no pudo contenerse en hacer la pregunta más lógica, en realidad fueron varias. –¿Qué? ¿Por qué dices eso? ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes asegurarlo así como así?
Ella mantuvo su seriedad y el rostro ovalado en alto. –Es que ahora yo me voy a hacer cargo de esa organización. –Se llevó una mano al pecho. Su mejor amigo no sentía que lo dijera con orgullo, lo percibía más como una difícil tarea de la que uno se ve obligado a encargase.
Algo llegó a la mente del Iluminado, algo de lo que su amiga casi nunca le hablaba y apenas recordaba. Pero que siempre se mantenía allí presente. –Esto tiene que ver con ese lugar para el que trabajas, aparte de la cafetería claro. –Él quiso decir eso como una pregunta, solo que se sentía demasiado seguro al respecto como para eso.
Hubo otro momento de silencio, el cuarto de hospital quedo estático un instante. Habría dado la impresión de que el tiempo se detuvo si no fuera por el bullicio que se filtraba del otro lado de la puerta, decenas de pies pasando de un lado a otro y personas murmurando. Al final Bora asesino aquel silencio de forma seca. –Sí. Yo trabajo para ellos y me pidieron encargarme de los Fronterizos.
Eso era algo obvio, algo que Bulent pensó que podría pasar <Esa pandilla se estaba volviendo demasiado peligrosa, fue bueno que acabaran con otras pandillas pero ocuparon sus puestos de una forma igual o peor de terrible. Yo no era el único que tomaba acciones para encargarme de ellos>. Lo sabía por esos sitios de Estrellanet a los que había entrado para recolectar información. Solo que para los otros era más difícil enfrentarse a un grupo tan numeroso y poderoso, él solo había tenido la ventaja de la corona.
Su mejor amiga continuó explicando. Hoy parecía estar más sincera de lo habitual y se adelantó a las posibles preguntas que iban surgiendo en la mente de Bulent. –El poder no se crea ni se destruye, solo se distribuye. Cambiar la cabeza de mando de los Fronterizos era más eficiente que desmantelar la organización. –Tomó aire y lo soltó con pesadez–. Lo siento… no puedo contarte más. En serio me encantaría, pero no puedo. –Su mejor amigo supo que era verdad al notar la forma impotente en la que ella cerraba sus puños, como si estuviera encadenada.
–Está bien, lo entiendo. Lo respeto, me cuentas todo hasta donde puedes y valoro eso. –Además sería muy hipócrita de su parte recriminarle algo así cuando él mismo le había guardado secretos, no se daban cuenta de que eran bastante iguales, tal vez por eso se volvieron mejores amigos. No obstante, había algo que no podía dejar pasar. –Si estas en un problema o aprieto yo puedo ayudarte, tenga la corona o no.
Ante eso la actitud de Bora dio un giro, de seria y muerta a alegre y brillante. –JAJAJAJA por deus, no te preocupes, no ocurre nada de eso. –Se tambaleó sobre el eje de su paraguas como un malabarista caminando por la cuerda floja–. Solo que eso no es lo único por lo que vine. –Se agachó para tomar la bolsa de cartón que trajo consigo y se la entregó a su mejor amigo.
Claro que Bulent la aceptó, las esferas de luz que caían como gotas de agua de su cabello brillaron con más intensidad ante la duda de lo que contendría. Cuando metió sus manos sacó una caja de cartón, dentro había pedazos blancos de porcelana con aires teatrales.
Seguido volvió a escuchar la voz de Bora explicarle. –Asil me dijo que se lo diera a la Estrella Soberana, son todos los pedazos que él pudo encontrar cuando fuimos a terminar de encargarnos de esas cajas.
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Editado: 28.03.2026