El cielo era un panorama celeste y despejado casi en su totalidad, la poderosa y brillante Saglamak iluminaba y calentaba todo. Cuando el hucamin levantó los ojos para verla notó que le faltaba mucho para llegar a la cima del cielo todavía, había comido hace poco pero los nervios le hacían sentir que el tiempo pasaba mucho más lento de lo que en verdad lo hacía.
Se encontraba caminando por la vereda en la ciudad, sus pasos eran más lentos de lo ordinario ya que su recuperación medica no había terminado, aunque si alcanzó el grado de mejoría suficiente para que le dieran de alta en el hospital. La atención de Bulent cayó del cielo hasta la chica caminando a su lado cuando la escuchó seguir hablando.
–Hay cosas muy poco importantes de las Súper Estrellas que se guardan allí –explicó. El Iluminado tenía que esforzar un poco más su audición por todo el ruido de los vehículos en las calles a su lado–. Y como nadie va nunca Murat propuso que usáramos la suya como guarida secreta para nuestro trabajo.
En su recorrido ocurrió algo disonante, la hilera de exageradamente altos y rectos edificios se cortó de repente para darle paso a los edificios del otro lado de la manzana. Pero eso no se debía a que el espacio al lado de ellos estuviera desocupado, sino que se trataba de otra cosa. Unas rejas metálicas y electrificadas que median pocos metros de alto impedían la entrada al terreno.
Ambos caminaron hasta el portón de entrada y se detuvieron allí, Bulent se aferró a su mochila cuando pudo notar del otro lado una serie de grandes almacenes separados entre sí, el lugar parecía algo abandonado. En cambio la Artestrellante sacó de su bolso unas llaves, abrió la cerradura y se hizo a un lado para que él pudiera entrar; seguido pasó ella y volvió a cerrar con llave.
Sin la protección del muro formado por edificios una brisa helada pasó por el terreno y les erizó la piel a ambos, el cabello violeta y con esferas de luz del hucamin se revoloteó un poco, las hojas ahora grises y caídas de los árboles se levantaron y fueron volando. El silenció regresó para cubrir las bocas de ambos, y él se limitó a seguirla a ella hasta uno de los almacenes.
Usando el mismo conjunto de llaves que antes la mujer de cabello negro abrió el candado de la puerta del almacén y la corrió a un lado, por un instante el Iluminado sintió que debía ayudarla solo que rápidamente se esfumó esa idea de que ella era débil, con o sin enfermedad se trataba de una mujer y ellas siempre son fuertes.
Irfan se hizo a un costado, siguiendo sus modales, para que el joven entrara primero al lugar. Bulent asi lo hizo, debido a la vista exterior esperaba encontrarse con un lugar lleno de polvo, sucio y muchas cosas oxidadas. Sus ojos violetas se abrieron de más al notar una zona muy limpia y ordenada, no daba la impresión de ser un almacén en el cual un famoso tirara cosas de casi nulo valor. Lo que más sobresalía era una gran mesa metálica en el centro, dejaba a brillar el pasar del tiempo en su material pero aun asi estaba limpia, sobre ella reposaban varias cajas de madera llenas de partes de circuitos y herramientas.
El joven se sobresaltó un poco al escuchar la puerta cerrarse a sus espaldas, al cerrarse todo quedó muy a oscuras, había arboles pero sus ramas blancas estaban limpias de hojas. Como se trata de un edificio de una sola planta el techo era de cristal pero estaba tapado por una sabana, Irfan se acercó a la pared para encender un interruptor para que varias luces se prendieran y luego fue rumbo a la mesa.
–Por un momento pensé en lo de la guarida secreta –comentó Bulent siguiéndola por detrás, él intentaba vencer sus miedos, cargar con el incómodo silencio y sacárselo de encima–, pero no tenía ningún lugar y tampoco tenía suficiente dinero para uno –le contó. Quería ser amigable, intentar limpiar la muy mala impresión de la última cita que tuvieron. Aunque a Irfan eso parecía no importarle en lo más mínimo.
–Ahora ya no tendrás que preocuparte por eso –comentó ella restándole importancia. Se concentró en una caja de metal cerrada con un candado, reposando sobre una estantería en la pared al lado de la mesa.
Ese comentario incomodó un poco al hucamin, con una mano se aferró a la correa de su mochila y con la otra se rascó la parte trasera de su oreja. De todas formas no se quiso rendir, asi que hizo otro intento.
–Cuando Murat y yo nos revelamos la verdad mutuamente hubo un momento en el que pensé que me propondría la Bóveda Celeste como guarida secreta. –Soltó una pequeña risa por eso, no quiso formar una sonrisa falsa–. Claro, suena tonto ahora que lo digo en voz alta.
–El subnivel del sótano no hubiera sido mala idea, de todas formas este lugar es cien veces más seguro. –Ella sacó una llave y abrió el candado y seguido la caja.
Hipnotizado por la luz de la curiosidad él se acercó un poco más a su lado para ver el interior de la caja, con tal si fuera algo privado ella solo lo alejaría y ya. –Por cierto ¿Cuál será nuestro trabajo en específico? Murat no me comentó mucho después que le dije que si quería seguir siendo la Estrella Soberana, no sé bien cómo podremos proseguir ahora.
Irfan sacó un pañuelo y se limpió los mocos de la nariz, después blanqueó sus ojos al escuchar los comentarios de Bulent. –No sé qué tendrán en mente ellos contigo y todo el tema de la Estrella Soberana. A mi Murat y Abi solo me pidieron que te ayude con el principio. –Del interior de la caja ella sacó la corona, brillante pero descompuesta, y la puso sobre la mesa.
Ver aquel objeto allí le provocó diferentes emociones a su portador aunque de la mezcla de todos ellos salieron unas palabras. –Gracias. –Él ya estaba suponiendo lo que pasaría. <Irfan es muy buena por ayudarme en esto aunque no le agrado mucho. Sin dudas quiere demasiado a Abi y Murat para hacerlo igual>.
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Ahora la Artestrellante con nariz de botón rojo se había sentado en la mesa, Bulent tuvo el honor de acercarle una silla y ella se lo agradeció en voz baja aunque solo estuvieran ellos dos presentes. En frente de ella estaba la corona con la carcasa abierta, Irfan tenía unas herramientas con la que la estaba revisando. Parado del otro lado de la mesa estaba el hucamin viendo lo que hacía.
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Editado: 28.03.2026