Las chispas saltaban de un lado a otro por toda la mesa, provenientes de la interacción entre las herramientas y los circuitos. De a poco la Artestrellante iba despegando las partes del dispositivo para terminar de desarmarlo, el rostro de Irfan se giró a un costado y sus ojos protegidos detrás de unos lentes observaron unos planos que hizo del objeto. A su lado había otros planos, acompañados de fragmentos de porcelana blanca con un aire teatral y medidas del rostro de cierto hucamin, además de pintura roja.
Al acabar la mujer dejó las herramientas a un lado y con cuidado levantó el objeto, con sus dedos enguantados empezó a retirar una por una las tres gemas Sungers que tenía conectadas, ya estaban algo sueltas luego de que Bulent las sacara a la fuerza en el estadio.
Las dejó con cuidado en una pequeña caja a su lado. –A pesar de todo por lo que deben haber pasado no parecen dañadas, no creo que haga falta reemplazarlas. –De todas formas ella sabía que tendría que darles una mirada con un microscopio, cualquier pequeña fractura o daño interno que tuviera provocarían que no absorbieran bien la luz de Saglamak.
No obstante, antes de que pudiera seguir con su trabajo escuchó la puerta de metal abrirse. Ni siquiera se molestó en voltearse porque sabía de quien se trataba <Abi y Murat están muy ocupados en su trabajo>. Le parecía una pena que no podía compartir tiempo con ellos aquí, pero comprendía bien que cada uno era un adulto con sus responsabilidades, solo era cuestión de organizar para que coincidieran en una rotación que tuvieran libre.
A ella le hubiera encantado liberar toda la luz de su interior con ellos dos, contarles con la emoción en sus palabras los detalles y misterios que rodeaban a este peculiar artefacto y como los iba desentrañando. Ahora tendría que conformarse con quien acababa de llegar, en el pasado eso no le hubiera parecido diferente… pero ahora las cosas eran distintas. Aquel hucamin no parecía solo escuchar por un oído para que se le saliera por el otro, genuinamente prestaba atención y aprendía, luego refutaba y preguntaba. Le hizo acordar a ella misma en su época universitaria.
Bulent la saludó antes de que Irfan pudiera retomar su trabajo. –Te traje algo –dijo acercándose por su espalda, llegar a su lado y colocar sobre la mesa metálica una canasta. La mujer decidió ignorarlo, su instinto le pedía a gritos seguir trabajando, mientras más lo hiciera más podría llegar a aprender y esto parecía ser algo muy importante.
Ella saludó al hucamin y al instante se puso de nuevo a seguir con su labor. A pocos metros de distancia, en la misma mesa Bulent abrió la canasta y sacó unos chocolates envueltos en plástico. –Hice chocolates caseros –informó feliz aunque no recibió la atención que esperaba, igual eso no lo detuvo en continuar–. Quería dártelos, me gusta cocinar, es una forma de agradecerte. Puedes comerlos mientras trabajas.
Irfan no le prestó mucha atención, pero se detuvo para mirarlos de reojo un momento. –Si recuerdo que eres un Iluminado –soltó–. Ahora necesito estar concentrada, no sentirme feliz.
Ante esas palabras las luces sobre el cabello violeta del hucamin brillaron de vergüenza, al igual que sus mejillas enrojecidas. La Artestrellante lo vio bajar los ojos al suelo antes de que los suyos regresaran al trabajo. –No es necesario que los comas ahora, sino cuando tú quieras o puedas. –Tanto a ella como a él les resultaba algo extraña esta situación, normalmente es la chica quien escoge al chico, quien toma la iniciativa en citas y da regalos; últimamente los varones también se ponían adelante pero no tanto como este que parecía querer llevar las riendas de todo.
Como estaba por resurgir el silencio Bulent siguió hablando. –Además, no quería obligarte a sentirte feliz, por lo tanto hice que Abi los cocinara. Yo solo le di indicaciones muy exactas de cómo hacerlo asi que esos chocolates no tendrán el efecto de mi talento.
Eso sorprendió a Irfan, no se esperaba algo asi. Detuvo su trabajo para sacarse los guantes y levantarse los lentes protectores, miró inquisitorialmente al hucamin y este se rascó detrás de una oreja con la mano. Ella tomó uno de los chocolates y lo sacó de su bolsa para darle un mordisco, lo mordió, se dio su tiempo para saborearlo y por ultimo tragó. –En verdad se nota que la ayudaste, porque por experiencia sé que ella no sabe cocinar muy bien –soltó una risa al final. Sin darse cuenta le dio otro mordisco–. ¿Era por eso que ambos estuvieron ocupados la noche de la otra rotación? Ya me pareció algo desordenado a mí.
–Estas en lo correcto –dijo Bulent culpable–. Que atenta.
–En mi trabajo un pequeño error puede hacer caer todo. No solo que un dispositivo no funcione sino que podría explotar en su uso y lastimar a los usuarios, hay que ser atentos.
–Y brilla el hecho de que llevas mucho tiempo haciendo ese trabajo. –Ante eso Irfan se avergonzó un poco, y no supo porque.
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Al final de cuentas Irfan si terminó por tomarse un descanso, ahora ella estaba sentada no muy lejos de Bulent. Ambos con sillas enfrentadas, distintas a las de la mesa y algo alejados de la misma. En medio de los dos pusieron una mesa más pequeña con la canasta encima y de ahí sacaban los chocolates para comer, el hucamin había hecho una gran variedad.
El joven barista escuchaba con atención lo que su compañera comentaba. Ella se sonó la nariz y guardó en pañuelo en su bolsillo, luego continuó. –No sabes cómo reaccionó Murat cuando se enteró que tu alter ego era la Estrella Soberana.
–Me hago una idea –dijo dándole un mordisco a un chocolate blanco.
–Hace un par de rotaciones se puso a unir cavos al respecto ¿te preguntó sobre la explosión de la casa en el distrito residencial?
–Sí, sí. Fue lo primero que hizo de hecho.
–¿Y lo de cuando escapabas de los Rondadores? –Bulent negó con la cabeza mientras Irfan le daba un mordisco a su chocolate negro con pasas–. Esa noche que resolviste un crimen o que se yo, luego los Rondadores empezaron a perseguirte. –Claro que el hucamin recordaba eso–. Había algunos videos, eran cortos y mal grabados pero alguien los unió todos en una secuencia.
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Editado: 28.03.2026