Con su atosigador lejos las constelaciones podían brillar como ellas mismas, dejarse apreciar con una claridad sobrenatural, ofreciendo sus nítidos colores: azul, naranja, amarillo, blanco y rojo para decorar todo el cielo oscuro en patrones y marcas llenas de poder y voluntad. Su luz se reflejaba por la ventana de la cafetería, entrando sin permiso y ocupando la mesa que Bora limpiaba en ese momento.
Era tarde por la noche, no demasiado tarde pero si lo suficiente como para que la presencia civil en el exterior disminuyera en más de la mitad. Solo tres mesas estaban siendo ocupadas, dos con parejas y una con una chica solitaria <Pobrecita> pensó la empleada fichándola con sus ojos azul oscuro <Seguro la rechazó algún chico> eso era lo que más sentido tenia, las posturas de su cuerpo expresaban tristeza y cuando llegó lo primero que hizo fue pedir un café del famoso Iluminado que trabaja aquí. Bora presenció de primera mano cómo la tristeza en su rostro se asentaba más cuando le dijo que se encontraba de vacaciones <Tal vez podría aprovechar la situación, ya tengo suficiente comida por un tiempo así que sería más como placer>.
No obstante, antes de que siquiera ella planeara cómo actuar la campanilla de la entrada sonó cuando se abrió la puerta, la empleada dirigió su mirada en esa dirección para encontrarse con dos personas. Una mujer alta, de rastas castañas; y acompañada de un joven moreno de cabello negro. A primera vista parecía ser otra pareja más, pero la ligera distancia y separación entre ambos indicaba tácitamente lo contrario. Parecieron tener sus objetivos claros porque se dirigieron de una a la mesada de la caja registradora.
Bora chasqueó la lengua molesta <Por deus, y encima justo cuando la barista y cocinera se tomaron su descanso>. Las ligeras ondas de su cabello negro se movieron por el viento cuando ella guardó el trapo en el bolsillo de su delantal y se apresuró a ir a atenderlos.
Colocó su típica sonrisa magnética. –Buenas noches, bienvenidos a Buen Placer ¿Qué les gustaría? –Cada una de las palabras que salieron de su boca fueron ralentizándose más hasta el final, sintió algo extraño.
La alta mujer la observó de forma despectiva. –Hmm, si buenas noches. –La empleada se sorprendió al escuchar el acento, no era de por aquí–, buscamos al Iluminado con el talento en la cocina.
Bora se concentró en lo que percibían su sentido del olfato y audición. –Ya me ilumina ¿para qué será que lo necesitan?
El muchacho soltó un suspiro molesto y la mujer se contuvo al momento de hablar. –Queremos proponerle una jugosa oferta. –En ese instante fue que Bora se percató, reconocía ese aroma en la sangre de ellos porque es muy similar al de Asil, dicho de otra forma, esos dos sujetos son Borealenses ¿pero qué hacían en este lugar? Fuera lo que fuese ella sabía que por la forma en que palpitaban sus corazones no era nada bueno, y estaba relacionado con su mejor amigo.
–Ah sí, trabaja aquí. No lo conozco de nada, pero ahora está de vacaciones. Cuando regrese le comentaré que vinieron a buscarlo. –Los dos sujetos no soportaron más su molestia, el escucharla decir eso simplemente le dieron la espalda para marcharse con el ceño fruncido–. Si quieren pueden dejarme algún número de contacto para que se lo pase cuando regrese. –Para cuando ella terminó de hablar los dos del otro hemisferio ya se habían marchado, Bora se quedó dándole una sonrisa a la puerta por un rato y cuando ya estuvo segura que se fueron entró a la cocina.
Sus compañeros de trabajo estaban en su descanso ya que esta hora suele ser muy tranquila y no viene casi nadie, entonces ella aprovechó para pararse a un lado de una heladera y sacar su celular. Llamó a un número que había agendado hace poco con los emojis de un relámpago y un parche, para su buena sorpresa le contestaron la llamada casi al instante. –Buenas noches, si ya sé que es tarde ¿estabas ocupado? Qué suerte porque te tengo un trabajo, si, es investigar a unas personas.
Seguido de cortar la llamada Bora volvió a guardar su celular, se llevó una mano a la boca y se la tapó mientras soltaba un pequeño grito. Sus piernas estaban llenas de energía y se movían de abajó a arriba como si corriera un maratón sin moverse de su lugar <Me gusta esto de tener poder> se dijo a sí misma, estaba acostumbrada a ser quien acatara ordenes en el campo pero ahora ya no era necesario <Puedo acostumbrarme a esto>.
-----O-----
La puerta del departamento se abrió, a diferencia del iluminado pasillo el interior estaba muy a oscuras. Eso era algo que le molestaba a Cemil sobre esta época de la traslación, en cualquier otro momento al llegar tendría todo iluminado por hojas de los árboles. Pero ahora todas permanecían caídas y las lámparas colgadas debían encenderse una por una.
Existían unos modelos que podían programarse para encenderse a tal hora o que lo harían al detectar movimiento, solo que esos eran mucho más caros y alguien con un sueldo de periodista no podía darse el lujo de comprar. Sabía que si le pedía ayuda a su hijo adoptivo este colaboraría sin problemas, solo que tampoco era capaz de eso, su hijo pasó tanto tiempo solo ahorrando dinero y trabajando sin más propósito. Ahora estaba muy feliz de que estuviera conociendo mucha gente nueva y saliera con ellos, prefería que él siguiera gastando su dinero en eso.
Al menos ella ya se sabía su casa de memoria, donde estaba cada cosa. Así que dando lentos pasos ingresó, apenas podía distinguir una que otra línea de algún mueble, ya que encima las persianas estaban cerradas y la luz de las estrellas en la noche tampoco entraba. La mujer de corte bob dejó su bolso en el sillón y se dirigió hasta la lámpara más cercana para encenderla.
Sin embargo, antes de que pudiera dar un paso escuchó como la puerta se cerró de golpe. Le hubiera atribuido eso al viento solo que todas las ventanas estaban cerradas, en ese momento, como si tuviera luces automáticas, todas se encendieron cegando sus ojos por un momento y obligándola a taparse con una mano.
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Editado: 28.03.2026