A pesar de que se comunicó con ellos en la noche ninguno contestó, fue recién a la mañana de la rotación siguiente que vieron sus mensajes y no tardaron en actuar. Todos estaban en el almacén donde se guardan las cosas menos importantes de las Súper Estrellas, el lugar que parecía estarse volviendo tácitamente su guarida predilecta. Si es que la cosa podría continuar después de lo que fuera a ocurrir por lo de ayer.
El hucamin no había podido dormir, su cuerpo estaba preocupado y alerta, su mente aterrada por la situación. Y aun así estaba despierto, pero a su vez cargaba consigo varias horas de falta de sueño y aquello menguaba su tiempo de reacción, de procesamiento mental y aumentaba la ansiedad de su cuerpo.
Aun así, tenía suficiente energía para no parar de rascarse detrás de la oreja, y ahora también su pierna derecha temblaba sin parar, más por estar sentado en una silla. En frente suyo había otras tres sillas, por detrás la mesa de trabajo y a los costados cajas y repisas llenas de cosas con algo de polvo. Solo dos sillas estaban ocupadas, ambas por mujeres: la Artestrellante y la Cancerbera Constelaria.
La silla restante debería haber sido para la Súper Estrella Murat, solo que el peli blanco estaba de pie en frente de la mesa. Abrió un termo y el vapor del agua caliente salió del interior, no dudó en depositarla en una taza para preparar una infusión para Bulent. Una vez hecha se volteó para ir y entregársela al Iluminado, este último la recibió aunque se guardó el miedo de que eso pudiera hacerlo dormir. Sabía que lo necesitaba pero no podía aceptarlo.
–Es una infusión que debería ayudar a calmarte –explicó el adivino revivido. Sintió que debía hacerlo al notar la cara con la que Bulent miraba la taza, no la sentía como una amenaza pero si como algo de lo que dudar incluso.
–Es muy efectiva, al menos a mí me funciona –aclaró Irfan sentada a su derecha. Hoy no estaba tan maquillada como siempre suele estarlo, seguro porque no tuvo tiempo luego de leer el desesperado mensaje que el Iluminado les mandó hace pocas horas.
Al final el hucamin sabía que necesitaba esto, así que le dio un sorbo. Un segundo después Abi se acomodó un poco en su silla y soltó su solicitud. –Si es que te sientes preparado, puedes contarnos que sucedió. Si no puede ser en otro momento. –Tampoco quería forzarlo a nada, ya que eso no llevaría a ningún lado.
Luego de tragar Bulent soltó un suspiro, no porque sintiera presión en el ambiente para sí mismo, sino como una forma de intentar ordenar el caos de su luz interior. Su mirada violeta se mantuvo fija en el reflejo del líquido de la taza cuando empezó a hablar. –Si, en mayor medida los llamé para eso. Les voy a contar todo. –Además, él sentía que recordar lo sucedido y decirlo en voz alta podría serle catártico, y ayudar a ver si descubría algo que se le pasara por alto.
Entonces les contó todo: lo que hizo ayer cuando salió con su alter ego por la noche, cuando llegó a su casa y encontró todo un caos, que llamó a su mejor amiga; y que ahora ella está investigando la situación por su lado. Al final se metió la mano en el bolsillo para sacar la carta. –Y me dejaron esto, dicen que tengo entre hoy y mañana para entregarles la corona o sino asesinaran a mi madre.
Esa última declaración fue tan potente que los tres presentes no tuvieron otra alternativa más que quedarse en silencio, reflexionando esa situación, pensando que sería lo mejor que uno puede decir ante algo como esto. –¿Son una célula rebelde de los Fronterizos? –quiso saber Abi. Fue ahí que Bulent se dio cuenta que no contó las cosas tan bien, entre estar agotado, con sueño y preocupado no podía ordenar bien sus pensamientos.
De todas formas, le dio otro sorbo a su taza y se obligó a responder. Le encantaría descansar para aclarar la mente pero sentía que no era el momento, no quería perder ningún instante. –No. Son unos científicos de uno de los grupos religiosos del Hemisferio Boreal. –Irfan sacó silenciosamente un pañuelo de su nariz para limpiarse, con concentración total en lo que él decía–. Mi mejor amiga está segura que ellos crearon la corona, hicieron que la encontrara y me usaron como sujeto de pruebas. –Tuvo que hacer un segundo de silencio–. Ahora que ya acabaron sus experimentos quieren que se las devuelva. –Bajó la cabeza y le dio otro sorbo a su infusión.
Decir todo eso le aumentó una capa más de preocupación a todos, aunque en especial la mujer de rostro ovalado y cabello negro se puso de pie, sorprendiendo a Bulent. –Creo que esto es muchísimo más grave de lo que parece. –Su rostro era mucho más firme de lo usual, y su ceño fruncido más profundo–. Esos malditos, peores que una constelación apagada. –Ella cerró sus puños–. No sé cómo habrán podido lograrlo, pero descubrieron como replicar los poderes de las constelaciones y que cualquiera pueda usarlos.
–Siderales artificiales –susurró el Iluminado, recordando su charla de hace unas cuantas rotaciones.
–Más que solo eso –respondió Irfan preocupada–. Lograron replicar poderes zodiacales, y sumarlos a los demás para que una persona pueda usar varios sin morir en el proceso. Nuestra tecnología solo es capaz de replicar algunos poderes de las constelaciones de los hemisferios, y solo en máquinas.
Copiando lo que hacía su Amor, la musculosa mujer de corto cabello canela también se puso de pie. Parecía tener los pelos de punta. –Con una tecnología así ese bando podría ganar la guerra que se libra en el otro hemisferio… –Su mirada se perdió por un momento, imaginando el futuro–. Y no solo eso. Podrían intentar imponer su ideología a la fuerza por todo el planeta. Sería una catástrofe global.
El Iluminado desvió la mirada hacia la Súper Estrella de pie, le preocupaba que ocurriera con aquellos adivinos revividos si eso pasara. Al final de cuentas el Resurgir Luminar era algo que ya no ocurría en ese hemisferio, y todas las Súper Estrellas que vivian allí fueron asesinadas por las religiones rivales.
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Editado: 13.04.2026