La luz de la poderosa y brillante de Saglamak ingresaba por la ventana de la cocina, esto les permitía a los objetos cotidianos presentes, como la heladera, el horno, la pava, recargar sus baterías de gemas Sungers para seguir funcionando. No obstante, había algo que aquella luz no podría hacer con tanta facilidad, algo más difícil de iluminar, aunque lo intentaba sin éxito.
Un ligero brillo aparecía en la piel morena de la mujer, recostando su cintura frente la mesa y con los brazos cruzados, resaltando el intento de expresión neutral en su rostro; y sobre todo las heridas. Su nariz corta se había roto en la estación subterránea, por eso ahora tenía un vendaje cubriéndola, sus cachetes se rasparon e inflamaron y gazas pegadas con cinta la cubrían. También tenía un moretón inflamado en la ceja izquierda, el cual se tornaba de un color violeta similar a las facciones de su hijo adoptivo.
Luego de llegar al departamento, después de que le dieran de alta en el hospital, tanto Cemil como Bulent permanecieron observándose en silencio. Ignorantes del tiempo, la situación se alargó por un largo rato, hasta que ya no podía soportarse más y alguien tuvo que romper la quietud. Naturalmente, al poseer una formación periodística, fue la mujer de cabello negro y corte en bob quien tomó la iniciativa para hacerlo.
–¿Desde hace cuánto haces esto? ¿Cuándo empezó?
El Iluminado reaccionó como si su mente se encendiera con un destello, se mantuvo en su lugar aunque todo el cuerpo se le sacudió por un momento. –Desde hace pocos Subciclos, a inicios del Yazar. –Al responder esa pregunta pudo notar como el rostro rectangular de su madre se apaciguó muy ligeramente, casi imperceptible, pero todo sumaba. No era tanto tiempo como esperaría aunque igual ocurrieron muchas cosas en medio.
Los brazos de su madre cayeron, se desataron para quedar colgando de los hombros. La furia se desvanecía de sus ojos solo para darle paso a algo mucho peor, decepción. –Pensé que nuestro vinculo era diferente, que hice las cosas y te eduqué de tal forma que sí, no sé, te encuentras una corona rara y mágica en la calle me lo dirías. No que te pondrías a hacer… lo que haces.
–Mamá.
–No es fácil criar a un hijo sola, normalmente hay mínimo tres personas para hacerlo. –Sus brazos ahora temblorosos se elevaron, Bulent hubiera preferido que volviera a cruzarlos de forma severa pero en su lugar llegaron hasta su rostro, fueron su soporte porque parecía que su hijo ya no podía serlo–. Mi trabajo me hacía viajar tanto, nunca formé relaciones muy largas con los otros. Sabía que sería difícil, más siendo que te encontré en aquel lugar lleno de arena y guerra. Y aun así, pensé que si las Doncellas te ponían frente a mi seria por algo. –Su voz se resquebrajó como el vidrio al chocar con el suelo, fue de un segundo a otro y potente. Cemil empezó a llorar y usó las manos para cubrirse la cara y que así Bulent no la viera–. Ahora me doy cuenta que hice un pésimo trabajo.
El hucamin no pudo soportar verla de esa forma, está bien que sea una mujer, que sean fuertes e independientes. No obstante, nadie tiene que obligarse a serlo si no puede, para eso se supone que están las personas, que son seres sociables. Bulent no perdió el tiempo en correr y acercarse para abrazarla, para apoyar su cabeza en el hombro de ella como hacia cuando era un niño. –Lo siento, lo siento mucho. –Se aferró con fuerza a ella–. La ciudad empezaba a caerse a pedazos, los Rondadores no hacían nada. Sentí que encontrar esa corona era obra de las Doncellas, eligiéndome para tomar la iniciativa y ayudar a la comunidad, solo quería darte un lugar seguro a ti. Para que no nos volviéramos como el otro hemisferio. Y cuando logré cosas como rescatar al príncipe de Hibernia o detener lo que ocurrió en el concierto de Haul solo reforcé la idea de que fui escogido para esto.
Su madre se limpió algunas lágrimas y comenzó a tranquilizarse, despejó su rostro de las manos y ambos se quedaron viendo un rato. Bulent pensó que todo mejoraría, ella bajó sus brazos para lo que dedujo sería un abrazo. Solo que en su lugar ella apoyó los dedos suavemente en los brazos de él para que lo soltara y retrocediera, descolocado Bulent lo hizo por inercia.
–¿Qué hiciste qué? –Por primera vez en muchísimo tiempo el Iluminado no supo determinar que quería decirle la expresión que veía en un rostro, y le pareció peor que fuera en el de su madre–. Entonces no solo estuviste involucrado en una explosión de un distrito residencial que mató a muchos, no solo eres el más buscado por los Rondadores en la ciudad ¿también estuviste involucrado en el secuestro de un príncipe y en el atentado en un concierto?
Los ojos violetas del joven se separaron por un segundo, pensando que sería mejor no comentarle sobre lo que ocurrió en el distrito portuario también. –Claro, o sea sí. Estuve involucrado en eso, pero lo estas entendiendo mal, yo ayudé a solucionar y evitar esos problemas.
La expresión de Cemil se modificaba acorde a sentir que miraba a un extraño, no a su hijo. –¿Hasta dónde llegaste haciendo esto? Siendo… la Estrella Soberana. –Se notaba como le costó mucho decir eso último.
Bulent no lo dudó. –Hice todo lo necesario para sobrevivir.
–¿Y esa chica que apareció también? La del casco de moto que usaba otra corona también ¿Quién era? –El joven sintió como su madre se ponía en modo periodista ahora, intentando investigar y sonsacar la verdad.
–Espero que puedas entenderme –dijo llevando una mano para rascarse detrás de la oreja–. Pero no puedo y no voy a decirte quien es porque no tengo su consentimiento para hacerlo.
El pecho de su madre pareció desinflarse de repente, había sentido un duro golpe. Aunque ella misma sabía lo importante que es mantener la identidad anónima de ciertas personas, como quienes le suelen pasar información, entonces sentía una mezcla extraña entre traición y orgullo por su hijo. –¿Quién más sabe que tienes este alter ego?
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Editado: 13.04.2026