Soberano de Constelaciones

Juicio de Virtud, Recuerdo Celestial

La arena del desierto estaba caliente, no podía ser de otra forma. Saglamak liberaba su poder con menos restricciones en ese lado del planeta. Pero aquello en vez de provocar abundancia generaba un calor abrasador, la única abundancia era la de poder sobrevivir una rotación más y solo se le concedía a aquellos que lograron adaptarse a vivir en un ambiente asi.

Aun estando en el medio del desierto, un grupo de personas quedó excepto de aquellas complicaciones. Como ya se había vuelto rutina los 6 fueron invitados a ingresar en la enorme torre en medio del calor y la arena, no solo era extraño que semejante estructura pudiera mantenerse impoluta y firme en un terreno como ese. Sino que las condiciones del exterior eran tan diferentes a las del interior que generaba la sensación de haber entrado en un mundo distinto.

Muchos temerían del anfitrión que los invitó a pasar, quienes habitan en el otro lado del planeta pensarían que se tratan solo de cuentos y leyendas. No obstante, era bien sabido que a pesar de su apariencia y actitud el anfitrión y señor de la torre era alguien muy benevolente.

Numerosas eran las historias de personas perdidas en el desierto que lograban encontrar la torre, y sin importar sus creencias y ascendencia eran bienvenidos a pasar para reponerse, para sobrevivir al dañino poder que la estrella del cielo liberaba desbordante sobre todas esas tierras.

No era la primera vez que el representante del Camino de Plata iba a ese lugar, por lo que el aire fresco no lo tomó por sorpresa. Se trataba de un turcamin, su piel anaranjada estaba cubierta por unas túnicas blancas con bordados de líneas plateadas que se desplazaban como ríos a lo largo, de su cabello verde se generaban pequeñas esferas de luz brillantes las cuales caían por sus puntas hasta desvanecerse como si fueran gotas de agua.

De hecho, a las dos asistentes que lo seguían les invadió una necesidad de hidratarse ya que ese cabello, sumado al agua cristalina que caía como cataratas de las paredes, hizo que sus cuerpos quisieran pedir un poco. Y casi como si sus mentes pudieran ser leídas fue lo que recibieron.

Uno de los sirvientes del anfitrión fue quien se las ofreció, vestía ropa más colorida y con accesorios metálicos por el cuerpo. Sobre sus manos llevaba una bandeja con vasos y agua en una jarra de cristal bien moldeado. –Por favor, acepten esta cortesía de mi señor –comentó el sirviente a la par que sus ojos similares a rubíes bajaban hasta los vasos.

Las dos asistentes permanecieron en silencio, observaron al representante y este asintió con la cabeza. Fue allí que ellas pudieron expresar sus necesidades y se apresuraron a tomar cada un vaso, ya cargado con agua, para beberlo a las apuradas como si el líquido fuera a evaporarse pronto.

Cuando terminaron el sirviente del anfitrión les ofreció más con una sonrisa, aunque esta vez ella tuvieron que declinar la oferta, más por temor a futuras represalias del representante que a otra cosa. El sirviente aceptó eso, se volteó para los demás invitados y su cabello, que parecía hecho de hilos de oro, se sacudió un poco con el movimiento.

Repitió la misma frase con el otro grupo de tres personas presentes, esa mujer era la representante de la religión Ann-Isig, y el hombre y mujer que la seguían eran sus propias asistentes. En esta ocasión fueron los tres quieren aceptaron los vasos para tomar y no solo dos, una vez satisfechos volvieron a dejar los objetos de cristal en su lugar y el sirviente retrocedió unos pasos.

–Mi señor los recibirá en breves, ruego que sean pacientes por favor. –Y con eso dicho el muchacho se retiró por una puerta que había más adelante, dejando a ambos grupos a solas en el recibidor de la torre.

El lugar no solo era amplio y poseía cascadas de agua potable en las paredes, sino que también estaba decorado por muchas estatuas de serpientes con plumas, objetos metálicos y pinturas de una calidad muy superior a cualquier cosa que se pudiera encontrar en ese hemisferio. Incluso algunas de las pinturas llegaban a parecer tan abstractas que daban la impresión de haber sido hechas en otros mundos.

Una de las pinturas, en específico, era similar a la vestimenta de la representante de Ann-Isig, los mismos colores oscuros con puntos y patrones más brillantes. Por lo que ella y sus dos asistentes se quedaron contemplándola un momento, hasta que fueron interrumpidas por el turcamin.

–Imagino que escucharon las noticias del otro lado del mundo –dijo el otro representante elevando la cabeza.

Fingiendo ignorarlo los miembros de Ann-Isig se tomaron unos segundo de más antes de voltearse y observar a la otra persona. –¿Disculpa? –soltó la otra representante.

–Ya saben, esos rumores de que en el Hemisferio Austral ha aparecido alguien que usa el poder de varias constelaciones a la vez ¿Qué opina su Luz Madre sobre eso? –preguntó intentando guiar la conversación hasta cierto punto.

Sin embargo, para su mala suerte los adversarios no siguieron ese camino. –Cuando gustes eres bienvenido a nuestro templo para conocer los designios de la Luz Madre. –Hizo una pequeña pausa antes de seguir, aunque ahora separando su vista de él–. Ustedes, en cambio, no parecen tan preocupados por la aparición de alguien asi ¿será que ese evento aparece en su sendero del mundo? ¿U otro será el motivo?

La sonrisa fanfarrona en el rostro del turcamin desapareció, lograba mantener la compostura de igual manera pero antes de que pudiera decir algo más fue interrumpido. –Ahora si es el momento, mi señor los recibirá a todos –habló el sirviente abriendo el par gigantesco de puertas, ambos objetos eran tan grandes y daban la impresión de ser tan pesados que la fuerza para hacerlo habría sido de seis hombres. Y este sirviente lo hizo solo sin mucho esfuerzo.

Los representantes de ambos grupos se concentraron en ese lugar y empezaron a caminar a la par, en silencio y sin dedicarse la mirada ni nada. Los asistentes de ambos los siguieron de cerca por detrás, y ellos si fueron incapaces de detener sus vistas de cada detalle del lugar. Al final de cuentas los asistentes iban rotando cada vez que se enviaba representantes a este lugar, asi que querían aprovechar de guardar cada detalle en sus memorias al máximo.




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