Capítulo 3
ABANIQUÉ mi rostro con mis manos intentando respirar, y apagar lo encendida que estaban mis mejillas de las risas mientras a lado Devon estaba muerta en carcajadas.
—¿De nuevo eso? —Inquirió mientras no paraba de reírse cuando le contesté qué me gustaría para mi cumpleaños.
—¡Sí! Es un buen regalo ¿no? —Me mordí el labio, sintiéndome por un momento dudosa de mi petición.
Devón infló sus cachetes intentando no reírse más y dejó caer sus manos sobre su regazo —Bueno...
Como respuesta la pellizque juguetonamente a lo que ella gritó estruendosamente, era dramática. Su voz resonó por las inmensas paredes de la casa. La fogata estaba encendida dándonos el calor que el gélido clima de afuera no nos daba. La mesa estaba repartida con la colección de dulces que había comprado y algunos ya estaban separados por colores, cosa que había hecho mientras ella iba al baño.
—Hay mucha gente que colecciona rompecabezas, sólo es cuestión de que entres a Internet.
—¿De cuántas piezas quieres?
—Unas...1500.
Mi amiga dejó salir otra carcajada amplia y clara, su pelo caía sobre su rostro en unas perfectas ondas rubias, la música sonaba por el estéreo casi imperceptible en nuestra plática, pensé en cuanto desearía poder congelarnos en este perfecto instante y llevarlo conmigo siempre en el bolsillo izquierdo cerca del corazón.
—A veces me sorprendes.
—¿Solo a veces? —Me abalancé con una almohada contra ella intentando aplastarla y forcejeamos juguetonamente durante unos segundos, parecíamos dos niñas. Sin tener mucho éxito se zafó y terminó el resto de su vaso, yo no había tomado tanto alcohol comparado a ella, y sin embargo se veía aún fresca, tenía un gran aguante. —Bueno ya, es tarde y creo que ya se me bajó el alcohol.
Hizo un puchero al escuchar que ya me iba.
—Está bien. —Exhaló aire y se levantó junto a mí del sofá.
Caminamos hacia la entrada y el aire fresco de afuera nos recibió haciéndome cosquillas en mi cuello, el clima siempre era sobrio y lúgubre durante mi cumpleaños, me imaginé que sería cumplir en el bochornoso Mayo y seguramente también le vería el lado negativo al sol rajándome la piel.
Devon pusó cara de fastidio, odiaba ir temprano a cualquier lugar.
—¿No es a las 9? Podemos irnos antes y aquí te presto algo—Me dijo mirándome con los ojos entrecerrados.
—No creo que nada de la diminuta ropa de tu armario me quedé bien
—Tonterías, pero bueno —Me sacó la lengua y miró los alrededores desolados. — ¿Y no quieres que te lleven? Creo que el chofer aún sigue aquí por algún lado. —A lo que negué con mi cabeza, prefería caminar y que el poco de alcohol que tomé me bajara de aquí a mi casa, estaba casi en mis 5 sentidos, y el cielo nublado aún era claro.
—Devon, tranquila, no necesito nada. Sabes que prefiero la bicicleta, estoy bien.
—Como tú desees —Desenganché mi bicicleta y la despedí con un abrazo rápido— ¡Nos vemos en un rato! —Cerró la reja y despidiéndose con una mano, ya había empezado a caminar cuando me gritó a lo lejos: —¡Feliz cumpleaños, Lilith Reed!
Me robó otra sonrisa más y así emprendí mi camino por la acera rodando mi bicicleta. Me dediqué a contar los pasos que me llevarían a mi casa, había al menos 450 entre la casa y mi trabajo, pero no solía venir caminando a la casa de Devon puesto que me quedaba aún mucho más lejos.
Ya llevaba la mitad del camino, 501, 502, 503...y entonces en el paso 504, fue cuando me detuve. Había un inofensivo gato parado a un costado de la calle como si estuviera esperándome.
No estaba tan borracha para estar imaginando cosas ¿o sí?
Su pelaje blanco y negro se veía sumamente cuidado y suave al tacto, por lo que no pude resistirme a pararme un momento para comprobar la textura. Tenía un recuento de todas las mascotas del pueblo, incluso de las callejeras, pero nunca me había topado con aquel gato de tan fino pelo.
Me acerqué y agachándome a su altura observé cómo sus ojos verdes me miraban con toda la sorpresa del mundo, y temí por un momento que se portara arisco. Sin embargo cuando lo toqué y ronroneó bajo mi mano, bostezando mostrando sus blancos y afilados colmillos como perlas, la calma y ternura reinó dentro de mi cuerpo. Mi mirada captó un destello en su cuello, una identificación. La tomé con mi otra mano con delicadeza, era una preciosa placa dorada colgaba sobre su collar en forma de corazón que leía el nombre Paris.
—A Devon le encantaría tu nombre. —Sonreí recordando las veces que me había contado acerca de su ciudad favorita y el gato sólo me siguió mirando perplejo.
Le di vuelta al collar encontrándome que en el reverso leía un número telefónico y el peculiar nombre del que seguramente sería su dueña.
Aerith Park.
Murmuré el nombre dos veces; Aerith, Aerith.
De repente mi boca se sintió seca y amargo, pronunciarlo evoco algo extraño, un efecto aflictivo.
—Te debe estar buscando —Mi corazón se estrujó y miré mi reloj sobre mi muñeca, marcaban las 6:11pm. Ya iba tarde. Me mordí el labio debatiéndome que hacer, podía llevarlo a casa mientras averiguaba de quién era, pero a mamá no le gustaban los animales en lo absoluto.
Otro detalle captó mi atención: su pata parecía mojada, lo cual me pareció raro porque no había llovido y no había ningún charco a la vista. Con precaución levante su pie, y tan pronto lo hice mis dedos se tiñeron de un rojo viscoso.
Era sangre.
Empecé a toser y Paris se alarmó. Respiré profundamente, intentando reprimir el miedo y el asco, me repetí que era normal, que era sólo sangre. Intenté sostener mi aliento como si eso ayudara y tomé una larga respiración, recordando que la sangre significaba peligro, pero no era mía y yo no estaba en peligro.
Tal vez alguien lo había atropellado o lo había golpeado. Saqué mi teléfono decidiéndome a marcar el número y lo puse en altavoz.
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Editado: 30.07.2026