Sobre Mis Cadaveres. [borrador]

CAPITULO 4. LA LLAMADA

Capítulo 4

CUANDO llené mi primera solicitud de trabajo, me describí como una persona premeditada y cuidadosa, y nada de ello era mentira, mis referencias podrían corroborarlo, pero asimismo lo que estaba haciendo en estos momentos no eran propio de esas características. Adentrarme a un bosque por una mascota extraviada era irresponsable, descuidado e inconsciente, y por no decir peligroso.

Los pulmones me ardieron dentro de los primeros minutos y el aire helado de noviembre caló mis huesos, pero me empeñé en mantener el paso. Todos estos años que juré y perjuré hacer ejercicio me estaban por fin cobrando factura, por lo que prometí a mí misma salir a correr tan pronto el sol saliera el lunes y no sólo limitarme a manejar la bicicleta.

Ágil, veloz, el gato apenas perceptible corría como una borrosa sombra muy seguro de a dónde iba, la luz del día poco a poco había empezado a hacer ausencia así que si no se paraba pronto tendría que rendirme y regresar a casa.

Después de lo que parecieron unos eternos minutos Paris por fin se detuvo, y yo me detuve con él. Hice por cogerlo pero enseguida gruñó escapando de mis brazos y se puso a husmear un montón de hojas muertas de otoño. Cualquier persona que tuviera mascotas, sabía que no debía intervenir entre un animal y su búsqueda.

Miré hacia todas las direcciones, no había nadie ni nada a la vista, solo metros de árboles, pero ¿qué hacía yo ahí? Inquieta, empecé a silbar para captar la atención del felino.

—Vamos, gatito. Ven aquí Paris, ps, ps. —Chasqueé mis dedos varias veces intentando llamarlo y este no se inmutaba, seguía ahí acariciando algo sobre las hojas, algún bicho o rata que yo prefería evitar ver a toda costa— Te deben estar buscando, —tragué saliva recordando a mi madre — y a mí también.

Saqué mi celular con la intención de llamarla para avisarle. Pero recordé la confianza infinita que tenía mi madre en mí para arruinarla diciéndole que estaba en un bosque a solas persiguiendo a un gato. Nunca la había preocupado, ¿así que por qué lo haría ahora?

Era mejor contactar con su dueña cuanto antes.

Me estaba impacientando, y marqué de nuevo el número. Un pitido, dos pitidos y el bosque que parecía callado fue interrumpido por el tono que antes había escuchado. Justo donde Paris estaba.

Junté mis cejas y me acerqué curiosa.

El animal había empezado a maullar incontroladamente, como si estuviera llorando, se restregaba contra algo, pero me limitaba la vista. ¿Qué le pasaba? ¿Acaso era el celular de la dueña? Escuche la melodía, una pieza clásica de piano como tono de llamada que no recordaba el nombre, ya habían pasado tantos años desde mi última clase de piano.

A los segundos sentí mi frente cubierta por una capa fina de sudor, y el viento agitó mis rizos haciendo que se adhirieran a mi piel pegajosa. Algo estaba mal.

Y como respuesta a mis preocupaciones Paris alzó la cabeza revelando sus bigotes rojos, ahí estaba cubierto en aún más sangre, y debajo yacía el celular con una extraña raíz.

Una mano cercenada.

Era el celular de su dueña y su mano inmóvil en una piscina de sangre y tierra.

Lancé un grito que hicieron que los pájaros que mecían en las ramas volaran y deje caer mi bolsa con mis cosas que se esparcieron por el suelo. Mis lágrimas llenas de miedo se hicieron presentes, sentía el corazón a punto de salirse de mi pecho, y asimismo unas fuertes arcadas, me iba a vomitar ahora y ahí. Tan pronto como pude cubrí mi boca con ambas manos intentando respirar y me volteé para dejar de mirar aquel grotesco escenario. Desesperada me hinqué buscando mi celular en el suelo recogiendo todo lo que había dejado caer con una rapidez inmediata. Podía sentir el olor férreo a sangre penetrar en mis fosas y en mi garganta.

—Dios, dios, —Lo tomé con las manos temblorosas y lo desempolvé colgando. —Nueve, uno, uno. —Repetí el número con miedo a que se me olvidará, buscando la aplicación del teléfono, la tenía hace un segundo aquí, ¿dónde estaban mis aplicaciones verdes? —Nueve, uno, uno. —

Mi mente iba a mil por hora. Alguien la había herido y estaba en ese bosque, y ahora seguía yo.

Esto lo confirme cuando gritaron mi nombre.

—¡LILITH!

Me giré intentando buscar el origen de esa voz. No había nadie estaba.

Esa era mi señal para irme y estaba paralizada, justo como cuando de pequeña veía las fotos de los pasillos seguirme.

Quise correr pero mis piernas no parecían obedecerme, se quedaron ahí congeladas.

—No, no, no. —Negué con la cabeza intentando tranquilizarme, y mantuve mis manos sobre mi cabeza apretando mis ojos tan fuerte como pude.

Me iba a morir, no estaba equivocada y no iba a ser un accidente, iba a ser mi culpa, iba a ser las decisiones que había tomado, iba ser por mis estupideces. ¿En que momento? Yo era más precavida que esto. Hoy sabía que el miedo no era en vano, todos estos años que tenía ansiedad tenían una razón de ser, era como si predijera mi destino, como si algo me estuviera diciendo todos estos años que tenía que tener cuidado, que...

Sentí al gato jalar mi pantalón con sus garras, abrí mis ojos y lo vi ahí sin soltarme, como si estuviera diciéndome que tenía que irme; ahora. Era cierto, ¿qué estaba haciendo? No podía echarme a llorar ahí como una niña. Eso me dio la fuerza suficiente para correr y correr. Me di con varias ramas pero no me detuve, iba a salir de ahí.

Pero todo fue muy tarde y no llegué tan lejos cuando un golpe en la sien hizo que cayera. Mi cuerpo impactó contra unas rocas y mi frente se abrió haciendo que la sangre corriera por mi ceja hasta mis mejillas. Una asquerosa mezcla de la sal de mis lágrimas y el óxido de mi sangre cayó sobre mis labios, escupí. Empecé a llorar y grita más del dolor, deseando haber tomado mi bicicleta e irme a mi casa, era una idiota ¿qué clase de decisiones había tomado?, ¿qué clase de decisiones estaba tomando? Todo por la curiosidad e intentar ayudar a alguien.




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