PARECIA poder escuchar a Dios en mi oreja repitiendo una y otra vez '¿Lilith, aprovechaste tu vida lo suficiente?' y la respuesta era solamente una: 'No, siempre viví con miedo'.
Desperté esperando encontrarme con la promesa después de la vida, lo que los historiadores morían por descubrir y los católicos llamaban el eterno reino, pero lo único que me recibió fue el sonido de un claxon y unas llantas derrapando a todo golpe. Poco a poco mi vista se enfocó y distinguí las farolas de un auto señalándome como un inmenso reflector, un alarmante pitido sonaba dentro de mi oído. Estaba en la carretera y no en el bosque, ¿cómo había llegado tan lejos?
Escuché la puerta de un auto cerradas, seguido pisadas apresuradas y el sonido de unas llaves acercándose a mí, y por su enorme silueta deduje que era un hombre, sentí mi corazón palpitar hasta que habló, el pitido ahí seguía, intenté descifrar lo que me decía.
—¡Niña... ¿estás bien?!—El tono de preocupación en su voz era evidente, ¿qué tan lastimada estaba? —¿Qué te pasó? ¿Alguien te golpeó? ¿Te robaron? —Pregunta tras pregunta y apenas podía pronunciar una sílaba, tiritaba del frío, y mis labios temblaban. Las luces del auto empezaban a quemar mis retinas y el señor se volteó para gritarle a alguien detrás suyo, quien asumí que era su esposa: — ¡Frida...a emergencias!
Me incorporé y me senté intentando orientarme, mis pantalones estaban rotos y llenos de tierra al igual que el suéter de Devon, en mi jean hacía un hueco en mi rodilla, justo ahí la sangre brillaba, ¿era mía?, ¿o era de aquella chica...? La toqué con mi mano y entonces como respuesta me ardió.
—...La ambulancia está en camino, no te muevas, tienes sangre en tu frente—Me contestó el hombre, arrancando un pedazo de su franela y poniendo presión en una de mis heridas. Su esposa corrió llegando a su lado con un rostro tal vez igual de pálido que el mío y pude deducir que mi aspecto era horrible. Pronto sentí que el cerebro me iba a estallar, que no podía más, y mi respuesta fue ponerme a llorar desconsoladamente como una niña.
Ambos estaban ahí en silencio escuchando mi llanto sin saber bien que hacer, la incertidumbre se mantenía tendida sobre nosotros a la espera de la ayuda. Tan sólo hace unos momentos juraba que ya había muerto, y aunque me sentía aliviada por estar viva, sólo pensaba; ¿qué había pasado?
Tomaron cinco minutos para que las luces y las sirenas de la ambulancia se hicieran presentes, cada vez más fuertes al acercarse hasta llegar a nosotros. Dos paramédicos bajaron con prisa del vehículo junto con una camilla. Las ruedas chocaron y rodaron contra la carretera dirigiéndose a mí rescaté; cuando me fijé en la reacción de uno de ellos, estaba desconcertado.
—¿Qué pasa? —a unos metros de mi pude escuchar como su compañero le preguntaba al verle consternado.
—Peter, creo que es ella, son iguales. —Dudoso dijo ahora más cerca
Ambos bajaron la camilla a mi altura, y apenas audible le susurró, y juré que había escuchado mal: —Te dije que no estaba muerta.
Mi aliento se cortó.
—¿Cuál es tu nombre? —Dijo a la par que me examinaba.
Mi mirada estaba perdida, analizando la nueva información que ahora tenía. El chico me preguntó de nuevo: —¿Cuál es tu nombre?
—Li-Lilith—Respondí aún con los dientes tartamudeando. —Lilith Reed
Los dos se miraron entre sí y el rubio le afirmo con la cabeza, haciéndose un lado hablando a través de su radio.
—10-11, necesitamos asistencia para una posible investigación.
—Ok Lilith, por favor sigue la luz —Sacó una linterna y seguí sus indicaciones. No entendía en lo más mínimo lo que estaba pasando, apagó la linterna y me enrolló una venda sobre mi rodilla haciendo presión, solté un gruñido.
—¿Creyeron que... estaba muerta? —Tragué saliva ahora pensando en mi mamá y lo preocupada que estaría. No hubo respuesta.
Se limitó a curarme como si estuviera hecha de cristal, con un semblante tenso y preocupado. La pareja que me había ayudado se mantenían a un lado observando preocupados la escena.
—Tienes una herida profunda sobre la cabeza, en el hospital te harán estudios para ver si todo esta bien. Hay severa deshidratación y signos de uso de fuerza. —Me pusieron sobre la tabla, me pusieron un collarín y entre los dos me alzaron asentándome en la camilla, —¿Recuerdas con qué te pegaron? —A lo que yo negué
Angustiada tomé del brazo de uno de ellos. El rubio se zafó alarmado ante mi agarre.
—¿Me pueden decir que está pasando? Necesito avisarle a mi mamá que estoy bien, me debe estar buscando y-
—Señorita Reed, nos encargaremos de eso, pero necesitamos llevarla al hospital, para que la evaluemos, y ver si su identidad coincide-
—¿Si mi identidad coincide? No entiendo —Mi sangre hirvió, el viento hizo soplar mi cabello lleno de suciedad y sangre, mordí mis labios que se sentían secos y agrietados.
La pareja que me había encontrado ahora estaba a un lado siendo interrogados, los policías habían llegado y estaban armando un perímetro donde me habían encontrado.
—Es mejor que una vez este estable hable con la policía sobre esto —Irrumpió su compañero antes de que el otro pudiera mediar alguna palabra más.
En la ambulancia miré cómo las patrullas nos seguían y dejábamos atrás las luces de la ciudad que comenzaban a encenderse, justamente las casas que alrededor solían ser un paisaje habitual en mi rutina camino al trabajo.
En mi cabeza aún se mantenía aquel incesante dolor, que en cuanto llegamos al hospital las luces fosforescentes lo agravaron más. Mientras me transportaban dentro de la sala de emergencias sentí que hubo al menos dos o tres miradas raras por parte del personal, los doctores y las enfermeras, solo se detenían a mirarme como algún tipo de fenómeno. Lo cual al principio no me extrañó, en Anspaugh no solían suceder muchos accidentes, era una de las ciudades más protegidas del estado de Pensilvania, entonces ver algo como ello era para preocuparse.
#536 en Thriller
#229 en Misterio
#189 en Suspenso
suspenso amor, suspenso curiosidad asesinatos, suspenso aventura riesgo valor misterio
Editado: 30.07.2026