A N K E R
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Unas gotas de agua corrían por la frente de Azul, mientras Mar intentaba limpiar su rostro de las manchas de sangre seca. Quise ayudarla, pero al levantar su brazo y ver la cantidad inhumana de moretones que tenía, no pude contenerme y empecé a temblar de rabia. Nyx tuvo que tomar una decisión drástica para salvar la vida de Azul, cuyo núcleo se estaba apagando; las heridas de su espalda no habían sido curadas correctamente y se habían infectado. Su cuerpo luchaba contra la infección, que Avril había empeorado con su tortura, y el núcleo de Azul se apagaba lentamente. Nyx tuvo que acelerar su proceso de curación, algo que al principio no quería hacer para evitarle más dolor, pero esta era una emergencia y el tiempo no era precisamente un recurso del que disponíamos.
—Debimos atrapar a Avril en mi coronación —susurró Mar. Pude ver cómo sus manos temblaban mientras se alejaban de la estrella, pero regresaban a la firmeza al tocarla y limpiar su sudor. —Tuvimos que actuar con más inteligencia; unas simples cadenas no la iban a detener... fuimos tan ingenuos —dijo, dejando el paño húmedo sobre la frente de la rubia. Mar me miró con los ojos rojos por el llanto, la culpa calando hasta lo más profundo de su alma. Mi prima parecía realmente afectada por todo lo ocurrido desde que Avril colisionó con nuestras vidas.
—Subestimamos su poder y fuerza; era la primera vez que nos enfrentábamos a una amenaza real y tan peligrosa. Ni siquiera nuestros padres, a nuestra edad, se habían enfrentado a algo tan letal. No fuimos ingenuos... simplemente no supimos cómo manejar la situación, prima. No es momento de culparnos. Aquí, la única culpable es Avril —le respondí, pasando una mano por sus hombros para acercarla a mi costado y ofrecerle un abrazo.
—Yo también quiero un abrazo —se quejó Becca, acercándose a nosotros y acomodándose a mi otro lado. —Encontraremos a Avril. Mi abuelo está hablando con muchas criaturas y obligando a algunos dioses a contactar a sus hijos para saber si alguien tiene información sobre la cazadora. Vamos a hacer justicia por Azul y por todos aquellos que dejamos morir a manos de Avril —aseguró mientras apretaba su abrazo contra mi costado.
—Se ven tan lindos juntos, me recuerdan tanto a nosotros cuando teníamos su edad —escuchamos decir a la tía Aileen a nuestras espaldas. Al separarnos, nos giramos para ver a nuestros padres. La tía Aileen tenía a la tía Ylenia y a mi padre abrazados por el cuello, forzándolos a acercarse al rostro de la rubia.
—Tenemos que irnos a casa, chicos. Azul necesita descansar y Nyx se ocupará de ella —dice mi madre, acercándose a la camilla de la estrella. Con cuidado, besa su frente y le acaricia un poco el cabello antes de hablarle con maternal ternura—. Descansa, preciosa, necesitas recuperarte; tus hermanas te esperan.
Azul no le respondió con palabras, solo con un gemido lastimero; la fiebre ni siquiera la dejaba estar completamente consciente. Nyx aparece, haciendo que la habitación se sienta más pequeña. La diosa había estado presente en mi vida siempre, pero nunca había sentido tanto miedo de estar cerca de ella. Su presencia emanaba un aura de odio y maldad que calaba hasta los huesos.
—Les avisaré si pasa algo con Azul; la mantendré vigilada. Nadie que aprecie su propia vida se atreverá a meterse en mi casa —dice la diosa de la noche en un tono neutro.
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Unos golpes en mi puerta hacen que saque la cabeza de los deberes de matemáticas; había estado metido en ellos desde que llegamos a casa hace una hora. Necesitaba mantener la mente en otra cosa para no seguir pensando en lo que debimos hacer o en cómo pudimos mejorar la seguridad para evitar el secuestro de Azul. Porque nada de eso ayudaría ahora, lo que pasó ya pasó y teníamos que centrar nuestras energías en su recuperación y en atrapar a la cazadora, que se había escondido como una rata una vez más.
—Pase —dije estirándome en mi silla. La columna me tronó y estiré mis brazos, al igual que mis dedos, tronando cada hueso antes de girar mi rostro hacia la puerta.
—Mamá compró helado, rocky road, y papá amenaza con comerse todo si no bajas ahora —dijo en voz baja, acercándose hasta donde estoy. Su mano toma la mía y me obliga a levantarme de la silla.
—Nina, no tengo muchas ganas de helado ahora —le respondo, intentando soltar mi mano de su agarre, pero ella la aprieta más y se gira a verme.
—Estás triste y el helado va a hacerte sentir mejor. Es lo que siempre me dices cuando estoy triste, ¿o es mentira? —indaga mi pequeña hermana, con una de sus cejas alzadas, juzgando cualquier cosa que fuera a decir.
—No, no es mentira —respondo, ahora sí, siguiéndola por el pasillo y las escaleras al primer piso.
—Sombritas, ya escuchaste a Nyx; ella se encargará de encontrarla y dudo mucho que no lo pueda hacer. Su oscuridad llega a todos lados. Es cuestión de tiempo que la atrapen —escuchamos a mamá hablar en voz baja.
—Solo sé que si la llega a encontrar antes Nyx que el tío Zeus, vamos a tenerlo enfadado por una década o dos. Prometió que la encontraría después de la coronación de Mar y mira todo lo que pasó —dice mi padre en el mismo tono bajo.
—Mamá, papá, traje a Anker —dice mi hermana, apenas entramos en la cocina. Mis padres, que habían estado muy juntos hablando, se tensan, pero rápidamente comienzan a repartir los tazones con helado.
—Come, hijo, todo va a mejorar pronto —dice mamá abrazándome con fuerza y besando mi frente varias veces. —Azul va a regresar mejor que antes y todo se resolverá.
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hijos de dioses hades y persefone, hechiceros y semidioses, estrellas y mitologia griega
Editado: 19.03.2026