A Z U L
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—Intenta de nuevo —ordena Nyx, lanzándome pequeños fragmentos de asteroides. Mi gravedad frena los golpes y empiezan a orbitar a mi alrededor, como si fueran planetas enanos. —Pasaste todas y cada una de las pruebas, Azul. Puedes volver con tus hermanas cuando quieras —me informa la diosa de la noche, sonriendo de forma sincera.
He estado en aislamiento y recibiendo cuidados diarios desde hace una semana. Nyx deja entrar a muy pocas ninfas, y a Mar le permite la entrada porque viene con su padre, Adonis. Ellos controlan mis signos, se aseguran de que mi núcleo esté en óptimas condiciones y luego me dejan sola de nuevo. He estado aislada por mi seguridad, y muy pocos saben dónde me encuentro. Aún así, Avril sigue suelta. Sin embargo, sé por Nyx que ya la localizó; solo está esperando el momento ideal para ir tras ella. La diosa de la noche ha sido tolerante con el comportamiento de la cazadora por no querer desafiar a Zeus, pero el hecho de que se metiera con algo de su creación fue el último clavo en el ataúd de Avril.
—¿Tengo que esconderme o algo así? —pregunto, desconcertada ante la nueva libertad.
—No, cariño, eres una estrella. Naciste para brillar —responde la diosa con un tono sereno. —Yo me encargaré del problema. Tú, arregla las cosas con el descendiente del inframundo —añade, guiñándome el ojo.
—Gracias por todo —digo, abrazando a la diosa, quien me rodea con sus brazos.
Salgo corriendo hacia la habitación que ha sido mi cuarto durante una semana. Quiero empacar las pocas cosas que tengo e irme de nuevo a casa de Mel. Deseo ver a mis hermanas, a mis amigas y amigos. También quiero ver a Anker. Aún puedo sentir el calor de su mano cuando Nyx me estaba curando y sentía dolor en todo el cuerpo.
Al finalizar de empacar, tengo mi maleta lista y me doy un baño corto para estar preparada cuando lleguen mis hermanas. La diosa Nyx me regala un precioso vestido fucsia que deja al descubierto mis hombros. Se ajusta a mi pecho y cintura, cayendo en forma de campana por los costados, corto y fresco. Me pongo unas medias que terminan en tela caída y unos zapatos blancos que complementan mi look. Mi cabello cae por mi espalda en suaves ondas, más libre de lo que me sentí al llegar a la tierra. Mi reflejo me regala una sonrisa cuando termino de aplicar el brillo de labios, tal como me enseñaron las chicas.
Entra Nova en la habitación. —¿Lista para irnos, Azul? —pregunta, viéndome con una sonrisa.
—Sí, ya quiero verlos a todos —respondo emocionada.
Nova me toma de la mano y, envueltas en la luz del alba, desaparecemos del taller para aparecer frente a la mansión de los Black. El ambiente huele a narcisos y tierra mojada; Perséfone está cerca, y dentro de su casa se escuchan risas y voces. Por un instante, me quedo quieta, aún aferrada a la mano de Nova, dejando que la sensación de hogar se instale de nuevo en mi pecho.
—Te extrañaron más de lo que imaginas —susurra Nova, dándome un leve empujón para que comience a avanzar.
Apenas cruzo la puerta, el bullicio se detiene, y la calma se quiebra con un grito.
—¡Azul! —grita Melione, corriendo hacia mí. Su cuerpo impacta contra el mío, y no caemos porque Nova logra atajarnos a tiempo. Lo que no veía venir es que Mar, Becca, Lila, Calí y las demás chicas corran a hacer lo mismo. Caemos todas juntas entre risas y llantos de alegría.
Las abrazo a todas, pero lo hago aún más fuerte con Rigel y Cirio, de quienes estuve muy preocupada durante su secuestro. Nos vamos separando, y con ayuda de Kevin, Colín, Blake y Tadeus, logramos ponernos de pie.
—Pensé que no ibas a volver —dice Bunnie, limpiándose los ojos.
—Yo también lo pensé —respondo, entre risas y lágrimas.
El ambiente vuelve a llenarse de alegría; me sirven comida, cuentan chistes y quieren saberlo todo. Yo omito los datos oscuros sobre cuánto me dolió y los momentos más escabrosos. Solo les digo que Nyx me cuidó porque mis heridas requerían atención especial. Sin embargo, de entre todas las miradas, hay una que me atraviesa.
Anker está sentado con las gemelas Alcíone y Eirene, que hablan con Oliver, quien se ríe con ellas. Viste de manera sencilla, pero su presencia es imposible de ignorar. Cuando nuestras miradas se cruzan, el ruido del lugar se apaga en mi mente y es como volver a la calma del espacio.
Él es el primero en apartar la vista, dejando su vaso sobre la mesa.
—Voy a salir un momento —murmura. Pero nadie le presta atención; esa se la lleva Nova al contar sus aventuras en la fraternidad Delta.
No lo pienso. Me disculpo con mis hermanas y lo sigo. La noche es preciosa, con Selene iluminando el jardín, haciendo que todo se vea etéreo. Anker está parado frente a la entrada del jardín de su abuela, con las manos en los bolsillos delanteros de sus jeans.
—No sabes cuánto me tranquiliza que estés bien y que tus hermanas estén a salvo —dice sin mirarme.
—Todo es gracias a buenos amigos y a ti. Sin ti, no creo que hubiera podido soportar el dolor de curar mis heridas.
—Fue gracias a mí que todo esto pasó. No sé qué tantos agradecimientos merezco en verdad —aclara, con un tono bajo, mirando al cielo nocturno que le devuelve la mirada de mis hermanas y la luna.
—Ya no me arrepiento de haber bajado, aunque me dolió cada segundo. Porque si no lo hubiera hecho, nunca habría entendido lo que realmente significa caer —susurro, deteniéndome a su lado, lo suficientemente cerca como para sentir el calor de su cuerpo.
Anker gira despacio, mirándome con esos ojos cambiantes que, en esta noche, me regalan una mirada plateada. En su expresión hay arrepentimiento y alivio.
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hijos de dioses hades y persefone, hechiceros y semidioses, estrellas y mitologia griega
Editado: 19.03.2026