A N K E R
💀🔮💀
Nadie se atrevió a decírmelo, pero en el fondo sabía que algo estaba pasando. A pesar de que me aseguraban que Azul estaba bien y necesitaba descansar, no podía estar lejos de ella. Colarme en casa de mis abuelos no es difícil; lo complicado es encontrar a Azul sola. El único lugar donde podía estar así era en el baño, y ahí la esperé cuando fue a cepillarse los dientes después de la cena. Estaba metido en la bañera, recostado para que no pudieran ver mi sombra a través de la cortina.
Supe que era ella por el sonido de su respiración. Asomando apenas la cabeza entre la bañera y la cortina, la vi. Estaba bien, o al menos eso me dijeron, pero tenía los ojos rojos e hinchados por haber llorado. Se lavaba el rostro cuando toda la calma que había intentado mantener se desvaneció al verla tan triste.
—¿Estás bien? —pregunté, moviendo la cortina y asustando a la estrella. Ella estuvo a punto de gritar, pero le cubrí la boca con la mano. Sus ojos azules se abrieron de par en par. Al darse cuenta de que era yo, se relajó de inmediato, casi perdiendo las fuerzas para mantenerse en pie. Si no la hubiera sostenido contra el lavabo del baño, estoy seguro de que se habría caído. —Voy a retirar mi mano, no grites; nadie sabe que estoy aquí. ¿Entiendes? —pregunté en voz baja. Ella asintió con mucha fuerza y bajé mi mano despacio, revisando cada parte de su rostro, sus manos, su pecho e incluso sus piernas, para asegurarme de que realmente estaba bien.
—Pudiste avisar que vendrías y habríamos cenado juntos con las demás —dijo lo primero, en un claro tono de reproche. Pero algo en su mirada me decía que no estaba enojada porque me escondiera en su baño.
—No tengo hambre —respondí, rodeando su cintura con mis brazos. —¿Qué está pasando? —indagué, acariciando con mis dedos su espalda. Ese gesto hizo que ella se estremeciera, pero no se apartó; se acercó más a mí, apoyando su cabeza en mi pecho y escondiendo el rostro.
—Mi desmayo en el jardín de Perséfone fue causado porque mi núcleo está fallando. La gravedad de la Tierra me está dañando, y si no vuelvo pronto al cielo, puedo correr el riesgo de sufrir un daño permanente. Mi núcleo comenzará a fallar con mayor frecuencia si no regreso y me apagaré —susurró contra mi camiseta. Apagarse. Como si el universo pudiera permitirse perderla. Mis manos detuvieron las caricias, ella se tensó bajo mis dedos y se movió un poco, acurrucándose a mi costado en busca de un abrazo. —Dime algo —suplicó con una voz tan baja que pensé que era apenas un lamento lejano.
Sentía que el baño se quedaba sin aire, como si la gravedad no la estuviera dañando solo a ella.
—¿Qué quieres que te diga? —pregunté con una calma que me sorprendió. En mi cabeza, no paraba de pensar que algo estaba mal con ella, en que en cualquier momento podría volver a desmayarse y no despertar. —No puedo pedirte que te quedes, Azul. Te quiero, pero no quiero verte herida. No quiero que, por quedarte, te apagues. Eres mi novia y si volver a tu hogar significa que no sufrirás daño, es algo que aceptaré —dije con una firmeza en la voz que no se reflejó en mis manos. Me temblaban al rodear la cintura de la rubia, que no se movió, continuó abrazándome, pero ahora con mucha más fuerza que antes.
—No quiero irme todavía. Necesito... necesito un poco más de tiempo contigo —susurró contra mi pecho. El temblor de sus hombros y el sollozo que soltó me partieron el alma. Mis caricias volvieron a su espalda, y apoyé mi frente en su cabello, sin dejar de acariciarla.
—Y yo necesito que vivas, Azul. Que estés bien, aunque no sea a mi lado —farfullé, con cierto enojo en la voz. —Tienes que irte porque quedarte aquí te matará. Eres lo más valioso que tengo y no quiero perderte. Verte desmayada fue lo más aterrador que he experimentado, y soy nieto de Hades. Me pasan cosas extrañas y aterradoras cada año, pero verte vulnerable... tan pálida. No puedo verte así de nuevo, nunca más. Encontraremos la manera de vernos, de que esto funcione, y te prometo que no me derrumbaré cuando te vayas. Pero te pido que no te quedes por mí —me obligué a separarnos para mirarla a los ojos. Mis manos sostuvieron su rostro tembloroso, la veía borroso por las lágrimas. Pero no podía obligarla a que se quedara, no cuando el mundo trataba de apagarla. —No te estoy pidiendo que me abandones. Solo quiero que vuelvas entera. Yo puedo esperar. Lo que no puedo soportar es perderte. Aquí el único que puede llorar soy yo, lunática —dije, intentando que mi tono sonara más ligero, llamándola con el apodo que rara vez usaba, pero que siempre lograba dibujar una sonrisa en su rostro. En ese momento, pude ver una risa escapar de sus labios a pesar de las lágrimas.
—Voy a regresar, te lo prometo —dijo, aferrando sus manos a mis muñecas y mirándome a los ojos. Su voz gangosa por el llanto me dolió, pero me sentí aliviado de que ella hiciera lo correcto. Aunque doliera, prefería verla desde el cielo antes de que algo malo le pasara. —Espérame, bebé llorón.
—Siempre, lunática —murmuré contra sus labios. Y ella, que nunca fue muy paciente, se estiró y me robó un beso. Fue corto y torpe, pero real y perfecto. Acercándola un poco más, la besé de nuevo, bajando mis manos a su cintura y apretándola más contra mi cuerpo. Necesitaba sentirla cerca. Quería memorizar sus labios y recordar la frialdad de su cuerpo. No quería olvidar su dulce aroma.
Sus manos se enredaron en mi pelo, tirando un poco de él, lo que hizo que soltara un gruñido, y ella se rió entre besos. No podíamos separarnos; estábamos tan abrazados que chocábamos contra la pared una y otra vez mientras nos besábamos. Quería recordar cada sensación; cada parte de ella quería grabarla en mi memoria, al igual que grabar en su memoria cada detalle de amor que podía ofrecerle. Torpe. Desesperado. Pero sincero.
#17378 en Fantasía
#3828 en Magia
hijos de dioses hades y persefone, hechiceros y semidioses, estrellas y mitologia griega
Editado: 26.08.2026