Sobreviviendo a, ¡mi ex!

Capítulo uno: nuevo trabajo, viejo novio

Del sitio donde me deja el autobús hasta mi nuevo lugar de trabajo son unos diez minutos. Camino, sosteniendo mi caja llana de todas mis “cosas de oficina”. Lo normal que uno lleva al trabajo; mis chupetas ácidas de limón, unas cuantas frituras— muy imprescindibles—, mi cámara profesional, mi bonsái y el retrato de mi familia. Es un retrato grande. Nadie quiso faltar en la foto ese día. 

 Me detengo frente al edificio de tres pisos y ahogo un grito de alegría.

Respira, cálmate. 

¿Emocionada? 

¡Emocionada es poco! 

¡Estoy que me muero y vuelvo a la vida nada más para trabajar aquí! 

Realmente, hubo momentos en los que pensé que no lo lograría, pero después de tres años de duro entrenamiento, frustraciones, lágrimas, sudor y gritos. 

 ¡FINALMENTE SOY PARTE DE LA OFEM!  

  La OFEM es la organización de fuerzas especiales del mar, encargada principalmente de velar por la vida marina y penar a todos aquellos que tenten contra ella.

Aún recuerdo la emoción que sentí al recibir el título en la academia de entrenamiento. Todo el mundo aplaudió eufórico cuando recibí mi cargo. No sé si feliz de que me fuera o cómo.

Pero eso no es lo importante aquí. 

 ¡Lo importante es que estoy en la organización! 

Toda la noche fantaseé con mi nuevo trabajo de oficial, ni siquiera dormí.En parte porque me había ido a un Karaoke a festejar y luego llegué al departamento y estudié la historia de la organización, me tomé cuatro cafés negros muuy recargados y...¡Fue una locura!

 Beko era una ciudad inmensa y cosmopolita de japón, con demasiada influencia occidental y un puerto  importante, y, aunque mi deseo era estar en un departamento con mucha más diversidad marina y menos comercial, no pierdo la esperanza de que tendré algo de trabajo emocionante. 

 Tendré acceso a tantas cosas que fotografiar. 

 Me veo peleando contra barcos balleneros y piratas. Liberando a Willy o a Winter el delfín con—

—¡Meredith! —respingo al escuchar la voz llena de reproche de Amaya—. ¿Dónde vas con ese peluche de pulpo?—miro el peluche y luego a ella, confundida. 

—¿Qué tiene Cirilo?  

—¿Qué tiene Cirilo?—repite con incredulidad—. No puedes llevar un peluche en tu primer día de trabajo ¿qué dirán de ti? 

—¿Qué me gustan los peluches? No...no...—forcejeo con ella al ver que quiere llevarse a Sirilo—. ¡Dame a Cirilo!—se lo quito y lo acaricio mientras la veo amenazante—. No lo toques. 

Amaya me observa, negando una y otra vez como si fuese la mayor causa pérdida del mundo. No me trata porque quiera, sino porque no tiene opción. Éramos compañeras en la academia y para su mala fortuna también la habían asignado al departamento de Beko. Pobrecita, no me soporta.  

—Si llegan a llamarnos la atención por tu culpa en el primer día, te romperé los calzones. De verdad, estoy hasta aquí de pagar por tus metidas de pata. 

Ambas caminamos hasta el edificio, ambas cargando nuestras cajas. Ni siquiera sé qué hace Amaya en esta sede. Se graduó como la mejor de la clase. Debería estar en los puertos de Australia, Hong Kong o qué se yo ¿Cómo pudieron juntar a la mejor y la peor de la promoción?  

Preguntas sin respuestas. 

Ambas caminamos hacia el edificio. Amaya camina con sus tacones de punta con total elegancia ¿Por qué usa tacones de punta? ¿Y si se presenta una emergencia y debemos correr? Aunque no me sorprendería que sepa correr en tacones. Bostezo. Siento que la cafeína ya se está yendo de mi cuerpo, pero la emoción me ha mantenido despierta ¡Hoy no desfallezco! 

— Descuida. Dije que, si me graduaba, dejaría de causar tantos problemas. Además, en cuanto al trabajo se refiere, me tomo las cosas muy en serio. 

 Para mí, no hay nada más importante que velar por la fauna y la flora marina, lo hago desde que tengo memoria y no me imagino haciendo otra cosa. 

 Solo una vez me desvié un poco de mi oficio y.…daba igual hasta recordarlo. 

—El detalle es, que en todos los problemas que te has metido es porque te tomas las cosas demasiado en serio. Sólo compórtate.  

—Define “compórtate”—me mira con recelo—. Es broma. —bostezo—.Voa a campartarma—afirmo, aun bostezando ¿Por qué amanecí festejando? Ah sí, porque me gradué por un pelillo—. ¿Qué crees que hagamos hoy? ¿Nos darán una charla y nos lanzaremos al mar? ¿Crees que bucearemos? ¡Oh! —me giro y camino de espaldas para verla mientras hablo. No me gusta hablar sin mirar a las personas a los ojos—. De seguro sondearemos toda la zona, tomaremos nota de las especies que están en peligro a un radio de—tropiezo y creo que voy a parar directo al piso de no ser porque alguien me sostiene de la espalda, alzó mi cabeza para mirarlo—. Oh, hola—le sonrío. 

—Hola—me incorporo y lo veo mejor ahora que no veo su cara al revés. Es guapo y tiene una sonrisa encantadora—. ¿Son las nuevas de la OFEM? —asiento efusivamente—. Soy Ryan, geólogo marino, también trabajo en la OFEM. 

—¡Un gusto, Ryan! Amaya, mira—lo señalo emocionada—. ¡Nuestro primer colega! —Amaya le saluda y yo estrecho su mano. 

—Las guiaré hasta nuestro piso.

—¿Piso? Creí que todo el edificio pertenecía a la OFEM—se carcajea al oírme, lo miro, confundida. Soy muy graciosa y sé cuándo hago chistes graciosos. Pero lo que dije no fue una broma. 

—Nuestro personal puede perfectamente trabajar en un piso. No son tantos. Este es el edificio de la guarda costera—señala el logo. En efecto, el escudo de la guarda costera está en todo el centro del edificio ¿Cómo no lo noté?  

El recibidor es inmenso, de piso de granito blanco y una enorme cartelera con fotos e información de los guardacostas. 

 Mientras admiro todo el lugar, no puedo evitar imaginarme mil y un escenarios. 

Me imagino apagando un incendio petrolero en las instalaciones en los centros del océano o liberando especies de entre las enredaderas de la basura de plástico flotante o ayudando dar a luz a un lindo delfín ¡o una ballena embarazada atascada en una red de pesca! 




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