Sobreviviendo a, ¡mi ex!

Capítulo cinco: Abuelo Konoe

Admitir que aún no estoy lista para afrontarlo, me desanima y hace que me sienta mal conmigo misma. Siento que estoy retrocediendo todo lo que me costó avanzar durante este tiempo 

Desecho todos esos pensamientos deprimentes y me dispongo a dar lo mejor de mí este día. Ayer había sido muy productivo debido a las multas y esperaba que hoy lo fuera también. 

—¡Buenos días, gente bella! 

—Oficial, hoy no saldrá a ningún lado a poner multas. 

Mi sonrisa se esfuma apenas oigo al supervisor. 

—¿Qué? ¿Por qué no puedo hacer trabajo de campo? 

—Porque lo digo yo—aprieto mis labios, enojada. Miro a Ryan en busca de apoyo, pero este solo suspira y vuelve a mirar su ordenador. 

¡Sí será! 

—¿Puedo saber la razón por la cual no me deja hacer mi trabajo? No hago nada aquí y cuando intento hacer un trabajo de campo, que nadie se ha atrevido a hacer y me parece de lo más inusual, usted me detiene ¿Acaso este departamento está siendo corrompido? 

—¡¿Qué dices?!—espeta él, enojado—. Sólo te pido que te mantengas al margen y hagas tu trabajo, novata. Entiendo que estés emocionada porque son tus primeros días, pero hay reglas aquí y debes cumplirlas. 

—Estoy segura que la única que está cumpliendo las reglas aquí, soy yo. Si no me quiere en este departamento, solo tiene que montar una queja a la dirección general para que me trasladen. Mientras tanto, yo haré mi trabajo, y si usted me lo impide, entonces levantaré una queja de que el supervisor de este departamento obstruye los procesos legales—antes de que pudiese replicar, tomo mi libreta del escritorio y salgo de allí de la misma forma que el día anterior; muy enfadada. 

Intento no llorar, pero es que soy una sensiblera que llora por todo, más aún cuando me siento frustrada y las cosas no me salen como yo las imagino 

¿Cómo quiere que no haga valer la ley?

¡Es mi trabajo! 

¿Debo dejar de amonestar a las personas que no están haciendo las cosas bien? Sobre todo, ¿debo encubrir cosas que pueden ser perjudiciales para todos? 

¡No, señor! 

Suspiro al darme cuenta que hoy no podré ir en moto. A pesar del ligero inconveniente, no me detengo. Me montaré en el autobús.  

Cuando comienzo a marchar, oigo que un auto se enciende. No le tomo demasiada importancia ya que estoy en el parqueadero. Los autos encienden y se van durante todo el día. Aprovecho que estoy en el autobús para restregar mi rostro y limpiar las pequeñas lágrimas traicioneras. Suspiro. Nadie dijo que sería fácil afrontar esto. Más aún, afrontarlo sola. 

Miro de reojo como dos sujetos se suben al autobús. No los hubiese notado de no ser por esos trajes negros y miradas matonas que llamaron la atención del todo el mundo. No sé si ha sido imaginación mía, pero puedo jurar que por un momento fijaron su mirada en mí. 

Meto la mano en mi bolso y empuño mi electrificadora. Me arrimo en un asiento una vez que la jovencita que estaba a mi lado se baja y noto que ellos me vuelven a mirar al moverme. 

Esto no me gusta, pero ni una pizca. 

Me levanto una cuadra antes y bajo del autobús a toda prisa, acelero el paso al sentir personas detrás de mí. Se han bajado, estoy segura. Y me están siguiendo ¿Por qué me están siguiendo? ¿Yo qué les hice? No le debo nada a nadie. 

—¡No le debo nada a nadie! —grito y sago corriendo, pero el ejercicio físico no es lo mío y me alcanzan en poco tiempo. Saco mi arma eléctrica y electrocuto a uno. 

—¡Espere, señorita, venimos de parte de nuestro presidente! —el otro sujeto, al que no he electrocutado, se inclina. Aún estoy en posición defensiva. 

—¿Su presidente? 

El hombre hurga en el bolsillo de su saco y me extiende una tarjeta negra. 

メロディーツリー 

Merodītsurī. 

  Konoe Yamato.

Presidente.

Konoe Yamato...

Me suena familiar... 

¡Por supuesto!

¡Es el nombre que más registré en la computadora en la nómina de multas! 

Vaya hombre pillo. Hasta impuestos había invadido al tener sus barcos en una propiedad que escapaba de sus límites ¿Sería esa la razón por la que quiere verme?

No me fio del todo. 

—Permítanme tomarle unas fotos y enviarlas a todos mis conocidos. Solo para prevenir. También le tomaré fotos a sus placas—no pusieron protestas.

Una vez que me monté en el auto—que no me inspiraba nada bueno por ser negro y con vidrios polarizados—contengo la respiración y no demuestro turbación alguna. Ambos hombres están en la parte del frente. Las puertas no tienen seguro y les pedí que bajaran las ventanas porque me estaba sancochando, aunque lo cierto es que, cualquier cosa, saldría volando por allí.  

El camino ha sido el mismo que había tomado la noche anterior, pero luego nos desviamos hacia una colina. La vista es increíblemente hermosa, parecía un perrito recién sacado a pasear, asomada por la venta y admirando la vista de la ciudad y el mar. Me recuerda a Bergen, la ciudad natal de mi familia paterna, incluso a Tucacas, que era la ciudad natal de mi familia materna. 

Es como sentirme en casa.  

Mi corazón se encoge al ver los hermosos árboles de cerezos y sus pétalos rosados siendo llevados por la suave brisa. Vuelvo a introducir mi cabeza en el auto. Mis hombros decaen. De pronto, me siento profundamente triste, sin poder entender la razón. 

La inmensa casa a la que llegamos también está llena de árboles de cerezos. Tiene un hermoso jardín, pero el interior simplemente me deja perpleja. 

¡Bendito sea el señor y su coro de angelitos! 

Mis padres tienen dinero y viví en una casa llena de comodidades, pero esta casa está en otro nivel. Todo es un derroche total de lujos y excentricidades. Estoy segura que ni vendiendo todos los órganos de mi cuerpo podría pagar una sola antigüedad de esas si llegase a romperla, es que siento que hasta verlas es hacerles daño ¿Quién vive aquí? ¿Un mafioso de la Yakuza? 




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