¿Por qué, si fui una buena amiga, me traicionó? ¿Por qué usó lo que le di en mi contra? ¿Por qué clavó el cuchillo donde más duele?
Siempre creí que éramos almas gemelas invencibles, las dos contra el mundo. Siempre creí que no importaba si el mundo se venía encima, porque tú tomarías mi mano. Siempre creí que podría escribirte a las 2 a.m., porque ingenuamente pensaba que siempre tendría ese privilegio. Creía firmemente que podría ser honesta contigo, que podría ser yo: la verdadera, la vulnerable, la temerosa, la abandonada, la herida, la triste, la sola, la soñadora.
Te entregué mis más grandes anhelos y mis mayores miedos. Te entregué mis traumas junto a mi confianza. Te entregué mi amor con mis risas, mis abrazos y también, ¿por qué no?, mis lágrimas. Guardé para ti mis mejores abrazos y te incluí en mi futuro incluso antes de saber qué quería. Te dediqué mis canciones favoritas, te escribí mis mejores poemas y te di todo mi tiempo. Me enamoré de ti; y no, no de manera romántica, sino como una amiga se enamora de otra: con honestidad, con respeto, con tolerancia, con amor. Abracé a la persona que eras, incluso esas partes que me hacían daño. Abracé todo lo que pude y, aun así, no logré salvarnos.
¿Por qué hiciste lo que un día te dije, con lágrimas en los ojos, que me destrozaba? ¿Por qué te fuiste cuando más te necesitaba? ¿Por qué soltaste mi mano? ¿Por qué solo recibí silencio cuando necesitaba un abrazo?
Pasé días, semanas, meses pensando en qué me equivoqué, en qué dije mal, en si te lastimé. Pensar en si te hice daño me rompió. Te fuiste sin decirme por qué, y eso me fracturó en mil pedazos. Te llevaste una parte de mí que nunca volverá y, a veces, no me encuentro. Estoy aprendiendo a ser yo sin ti, y no es fácil cuando estuviste casi toda mi vida a mi lado.
Sabes, en esas noches en las que lloro extrañando lo que fuimos, te perdono. Tengo esa conversación contigo que nunca me diste y que, sin duda, yo me merecía... y te perdono. Cierro la puerta con amor y te perdono. Hoy sigue doliendo, pero duele menos que ayer y dolerá mucho menos mañana. Algún día dejará de doler.
Amiga, no sé qué hice. No sé por qué decidiste sacarme de tu vida sin avisarme. No sé por qué un día simplemente me botaste. Pero gracias por lo vivido y gracias por lo aprendido en este último año sin ti. Un abrazo a donde sea que estés, y recuerda que tú siempre serás esa mitad que yo nunca seré, y yo soy esa mitad que tú nunca serás.
Carta para la chica que prometió ser tu mejor amiga toda la vida
Hola, querida tú.
Hoy hiciste una promesa y, aunque no vas a cumplir tu palabra como lo imaginabas, estoy orgullosa de ti por cuidarla. Estoy orgullosa por cuidarla aunque te lastimó, por respetarla aunque ella no te respetó, por amarla aunque ella te demostró que a ti no. Estoy orgullosa de la amiga que fuiste: leal, amorosa, genuina, sincera. Siempre estuviste ahí.
Tal vez no fue recíproco, tal vez no te trataron como te merecías, tal vez diste más de lo que debías; pero, aun así, nunca te arrepentiste. Nunca dudaste. Nunca le diste la espalda.
Querida tú, sé que hay cosas que no entiendes, pero créeme: crecerás mucho, aprenderás y harás vínculos de manera diferente. No será fácil el día en que ella se vaya sin explicaciones; pero, aunque llorarás mucho, irás sanando. Así que no te preocupes, querida tú. Disfruta a su lado, haz la promesa, dile lo que más te duele... porque aunque nada saldrá como lo esperas, siempre la vas a recordar con amor.