A veces, el silencio de una notificación que nunca llega grita más fuerte que cualquier explosión. El 14 de febrero pasó como un recordatorio punzante de lo que ya no está. Y no hablo de un romance de película; hablo de ese quiebre invisible, de la silla vacía que dejó la persona que juró ser mi "otra mitad".
"Eres esa mitad que nunca seré, pero siempre necesitaré", decíamos. Pero hoy descubro que las mitades son peligrosas cuando una decide soltar mientras la otra sigue apretando con fuerza. Me dolió sentirme desechable, como un objeto que se guarda en un cajón cuando llega algo "más importante". Me dolió descubrir que yo era quien mantenía los puentes en pie mientras ella ya estaba del otro lado, cerrando la puerta sin una explicación.
Hoy me siento vacía, sí. Siento que una parte de mi historia murió. Pero entre los escombros de este abandono, me di cuenta de algo que ella no pudo llevarse: mi galaxia sigue intacta.
Sigo creyendo en la lealtad, aunque me hayan sido desleal. Sigo creyendo en el respeto, aunque me hayan dado silencio. Sigo refugiándome en las historias que leo y en las siete voces que me dicen que mi galaxia es real. No soy "nada". Soy la que se quedó a recoger los pedazos, la que no huye, la que todavía espera un futuro prometedor.
Cartas a: Querida tú
Querida tú:
Sé que tienes miedo. Sé que miras a tu alrededor y el mundo se siente inmenso y desconocido ahora que no tienes a quién acudir para desahogarte. Pero mírate bien: estás aquí. Sobreviviste a la traición del silencio y a la ausencia de quien más querías.
No te castigues por extrañarla; extrañar es la prueba de que amaste de verdad. Pero no dejes que su partida te convenza de que eres fácil de botar. Quien pierde a alguien con tu lealtad es quien realmente se queda sin nada.
Hoy no tienes que ser fuerte, ni tienes que tener todas las respuestas. Solo respira. Repítelo hasta que te lo creas: "Estoy herida, pero estoy aquí, y eso es suficiente por ahora".
Entra en tu Magic Shop, pon tu canción favorita y recuerda que, aunque ella se fue, tú te recuperaste a ti misma. Y esa es la única mitad que realmente necesitas para caminar.
Con amor, Yo.