Había muchas personas esperando a subir a los vagones del tren, con dirección a Kioto, en su mayoría estudiantes de ambos sexos; los cuales cada uno tenía sus respectivos grupos de amistad. Entre todos ellos se encontraba Yuto, que era guapo y alto, junto a su amigo Kenzo, también alto, pero poco apuesto; no recibían un buen trato por los demás estudiantes dentro de la preparatoria.
Había un grupo en particular que llamaba mucho la atención, que se conformaba por tres bellas chicas y cuatro chicos nada apuestos, pero con la apariencia de ser rudos; parecían los típicos estudiantes pandilleros. Mantenían una conversación muy ruidosa.
—Un día más en esta patética vida. —expresó Yuto.
—No digas eso, un día de estos te aseguro que nuestras vidas cambiarán, sólo ten fe, ¿Bien?
—No sé cómo haces para ser tan positivo, ¡Enserio, es molesto!
—Sólo intento seguir adelante, aunque no sepa el por qué. Ahí viene el tren.
Se bajaron montones de personas en menos de un minuto, quedando los vagones casi vacíos, pero no duró mucho. Yuto y su amigo se sentaron en el único espacio vacío, cerca donde el grupo se ubicó. Delante de ellos dos iba sentada Himari, la chica que le gustaba a Yuto, además de ser la más popular de su escuela debido a su gran belleza y baja estatura; pero Yuto no se consideraba estar en su radar.
Antes de que las puertas se cerrasen, aparecieron dos chicos de la preparatoria de Yuto, que lucían igual a unos matones: el de la izquierda era muy alto y con gran musculatura, el otro era pequeño, pero con una mirada amenazante . Yuto pensó en lo peor apenas los vio, y sucedió tal cual, les quitaron el asiento a la fuerza; aunque ninguno puso resistencia para impedirlo, sabían que no iban a poder hacer algo por más que lo quisieran.
Tenerlos en frente no les gustaba, así que se dieron la vuelta: terminando prácticamente pegados a Himari y sus dos amigas.
—Qué incómodo… —susurró Yuto—. ¿Todavía tienes fe en que nuestras vidas mejorarán? —preguntó con sarcasmo.
—¿Te crees gracioso? Peor hubiera sido que nos golpearan antes de quitarnos los asientos.
—Puede ser, pero de todas maneras nos lo quitaron, ¿No?
—Ya cállate.
El viaje estaba siendo tranquilo para ellos dos por no prestarle atención al entorno, sin embargo, para el resto estaba siendo abrumador por culpa del grupo que no dejaban de hacer escándalos. Aunque ninguno de los presentes tenía la intención de callarlos, no querían llevarlo más allá que sólo ruido.
—Amigo, en serio, ya te digo que esa chica tuvo sexo conmigo. —comentó Isamu, alguien delgado, casi a los huesos, y alto.
—Para que tú tengas sexo con esa chica tendrías que nacer de nuevo, ¿Sabes? —expresó Rin riéndose. Era alguien un poco alta y atractiva.
—¡Cierra la boca, perra!
—¿¡Acabas de llamarla perra!? —cuestionó Akari—. ¡Saco de huesos!
—Saco de huesos… —repitió Kaede riendo. —buena esa, Akari.
—¿En serio…? —sonreía tocándose el cabello.
—No te hagas la tierna delante de Kaede. —expresó Mio.
—No sé de qué hablas.
—¡No me hables así, perro faldero! Amor, Arata, ¡Dile algo! ¿No escuchaste cómo me llamó? ¡Me digo perra!
—Isamu, no vuelvas a decirle perra, ¿Entendido? Y tú, Rin, no lo provoques. No sean molestos. —su tamaño era enorme.
—Sí. —contestaron sumisos.
—Es cierto, ¿Por qué tienes que ser tan molesto? —comentó Osuke. —a veces tienes que saber cuándo callarte.
—Tú no molestes, gordiflón.
—Te mato…
—¿Cómo pudiste rechazar a ese chico tan guapo? —preguntó Masuyo, que era alguien bella con el pelo rosa.
—¡En serio, Himari! Además, era el hijo de un congresista, ¿¡Por qué lo hiciste!? —expresó Asami sacudiéndola. Ella no se quedaba atrás con su aspecto. —tiene mucho dinero… —añadió decepcionada.
—No es cuestión de dinero, o sea, el dinero sí es importante, pero quiero a alguien que sea bueno. Él es muy arrogante.
—¿¡Y eso qué!? —exclamaron sujetándola desde los hombros.
—De todas formas, me gusta otro chico.
—¿¡Quién!? —preguntaron sorprendidas.
—No lo diré, nunca me creerían. —expresó mirando al frente con sutileza.
—Pero al menos dinos cómo es. —contestó Masuyo.
—Es… Tímido, pero muy dulce.
—¿¡Pero al menos es guapo!?
—Lo es.
—Oye amigo… ¿Crees que estará hablando de mí? —expresó susurrando Yuto cerca del oído.
—No digas estupideces, imbécil. Sólo miró hacia delante y ya, pudo estar un anciano delante de ella, y no significa que iba a referirse a él, ¿Dónde más iba a mirar?
—Pues… Creo que tienes razón.
—Pero si fuera el caso, me hubiera mirado a mí, no a ti. Yo soy más atractivo.
—Y yo puedo volar.
El pitido del tren sonó.
<Llegamos a la estación “Katsuragawa” desciendan con precaución>
Nadie hizo caso a la voz; lo que era demasiado común. Lo mismo ocurrió con los siguientes en subir, lo hacían de manera alborotada. Los asientos que estaban al lado de Himari quedaron libres: con rapidez, se pelearon para sentarse a su lado, pero Yuto tenía más fuerza, así que pudo empujarlo. Himari sonrió viendo hacia abajo.
—Tenías razón, no siempre pasan cosas malas, ¿Verdad? —expresó con una mirada maliciosa
—No seas arrogante.
En el vagón anterior, había un hombre con actitudes extrañas, su cara estaba muy pálida y sudaba más de lo normal. Mientras entraban, se chocaban con él por permanecer en el mismo punto, lo cual provocaba enojo en las personas, hasta el momento de que todos entraran se sentó. Sostenía su cabeza mientras mantenía una postura inclinada hacia delante y mirando al suelo. De manera repentina cayó encima de la mujer sentada a su costado.
—¡Aléjate! —gritó levantando las manos e inclinándose hacia atrás.
—¡Oye, amigo! ¿¡Qué crees que haces!? —indagó un estudiante de gran tamaño.
Levantó al extraño tironeándolo desde la camiseta, sin esperarse ser escupido con sangre. No tardó en enojarse e intentar golpearle, pero su acción fue interrumpida por el gruñido y el aspecto moribundo del extraño, aunque lo haya soltado, alcanzó a arrancarle la mitad del cuello.