<El Gobierno enviará a las fuerzas armadas a sus hogares para llevarlos a un refugio temporal, donde estarán a salvo. Por ahora no se sabe cuándo lo harán, pero se cree que lo harán mañana a primera hora una vez que todo se tranquilice>
<Aunque no deben preocuparse, ahora mismo todas las fuerzas policiales y algunos del ejército están en las calles haciendo todo lo posible para controlar la situación>
—¡Una mierda! ¡Ellos no nos salvarán! —exclamó Arami—. ¿¡Cree que somos idiotas!?
—Sí… Tienes razón. —expresó Kaito. —el gobierno se lavará las manos, dudo que vayan o puedan hacer algo con estas cosas. Sólo resguardarán a los más importantes.
—¿Pero de qué les sirven? —cuestionó Kenzo—. ¿No les hace falta ciudadanos como nosotros para que trabajen, cuando esto se acabe?
—Pueden resguardar sobrevivientes cuando se termine el alboroto. —contestó Yuto.
—¿Tienen esperanza que el mundo se librará de estos monstruos? —comentó Taro. —ya se propagó en todos los países, o lo está haciendo mientas hablamos. Quizás hay algún avión llegando a cierto país ahora mismo, y en él haya alguien infectado.
—Eres peor que Yuto con el optimismo.
—Puede ser, o tal vez sea realista. —comentó Kaito. —no sabemos cómo matarlos, ni su origen.
—Es cierto, ¿Cómo fue que ocurrió en el tren que estábamos? —añadió Rin. —fue de la nada.
—Alguien tuvo que estar infectado, pero no sabemos qué síntomas tenía. Así que cualquiera de nosotros puede estar infectado. —concluyó Kaito.
De manera automática comenzaron a mirarse preocupados.
—Pe… Pero, ¿No tienen que morderte? Los que vi transformarse fueron mordidos. —contestó Mio. —nosotros estamos bien, ninguno fue mordido, ¿Verdad, chicos?
—Un virus se puede transmitir de varias maneras. Aire, saliva, cortes, sexo, entre otros. —contestó Yuto.
—Pero no tendremos sexo con esas mierdas. —expresó Arami.
—Lo sé, no soy tarado.
—Pero puede ser por un mini rasguño, no sabemos qué tan letal es, por lo que puede transmitirse hasta por un pinchazo. —replicó Kaito. —también en el aire, y tú, Isamu. fuiste el único que tuvo un contacto más cercano con una de esas cosas.
—¿Estás diciendo que él puede convertirse en esas mierdas? —preguntó Kaede.
—No exactamente, es una posibilidad.
—¡Yo no estoy infectado, no me siento mal! ¿¡Qué carajos dices!?
—No sabemos cuáles son sus síntomas. Tal vez no los producen, o no son notorios, o peor, eres asintomático.
—Carajos. —expresó Arata alejándose con Rin.
—¿¡Qué mierda haces, idiota!?
—No sabemos si confiar. —contestó Osuke aterrado.
—Escucha, pedazo de infeliz, más te vale no estar infectado, ¿¡Me oíste!? —añadió Taro detrás del sofá.
—Yo seré el primero en matarte. —replicó Nao.
—Chicos, todos estuvimos expuestos al aire infeccioso. —expresó Yuto. —recuerden que estábamos en un tren. No es el único que puede estar infectado, nosotros también.
—Eso no lo niego, Yuto. Sin embargo, es un hecho en que la persona más expuesta, es la peligrosa. —expresó Kaito.
—¿Yo también lo estoy? —preguntó Masuyo.
—¿No escuchaste? Todos. —contestó Kenzo.
—¡No quiero ser una de esas cosas! —exclamó llorando mientras sujetaba con fuerza a Kaito. —Kaito dijo que el único infectado es Isamu, ¡Así que mátenlo! —miró a Kaito por un breve momento. —digo… Átenlo.
—Ya… Ya… No es un cien por ciento que nos infectemos así, si no todos los humanos hubieran muerto hace años. —señaló Kaito.
—¡Lo hubieras dicho desde el principio! —contestó aun llorando.
—¿Entonces no me matarán?
—No, idiota. —contestó Kaede.
—Entonces con la situación ya aclarada, hay que pensar en cómo conseguir comida. —comentó Yuto. —mis abuelos no se enteran de nada, míralos, están haciendo galletas. Así que nosotros tendremos que encargarnos.
—¿Quién dijo que los ayudaremos? —preguntó Arata.
—Ustedes están en Kyoto, muy lejos de sus casas, al igual que yo. Tuve suerte que mis abuelos vivan aquí.
—Aprovechen que pueden estar en una casa, ¿No? ¿O prefieren pasar por todo Kyoto y el resto del camino con esos monstruos? —contestó Kaito.
—Nos quedamos, ¿Cuándo quieren ir? —contestó sonriendo.
—Ahora mismo. Vayamos a un mercado cerca, y si vemos que está por comenzar una invasión, robaremos; y no hablo de los monstruos.
—¿Tienen un bate o algo? —preguntó Arata. —sería útil ahora mismo.
—No, pero tenemos sombrillas. —contestó Yuto.
—¿En serio? ¿Sombrillas? —indagó Rin—. ¿Los mataremos con sombra?
—Es mejor que nada, ¿No? —contestó Himari.
Yuto sonrió.
—Bien dicho, amiga. —expresó Asami.
—Sé que no es mucho, pero no tenemos otra cosa. Con poder inmovilizarlos es suficiente, estamos en Japón, sólo la policía y cazadores pueden usar armas.
—Aunque tal vez algunos Yakuzas estén portando. —comentó Osuke. —pero no creo que estén rodando por aquí, eso espero.
A punto de salir, la pantalla del televisor se distorsionó hasta aparecer el presidente en su oficina.
<Ciudadanos de Japón, lamento comunicarles esto, sé que en algunas ciudades aún no está sucediendo nada, pero hay un virus que provoca el canibalismo. Es por eso que no deben salir de sus hogares y esperar que nuestro ejército los rescaten. Que Dios los acompañe>
La pantalla se quedó en azul con la bandera nacional y el mensaje de resguardarse; al mismo tiempo los celulares también recibieron la alerta de ley Marcial.
—Como que se tomaron su tiempo, ¿No? —cuestionó Himari.
—Tal vez no estaban seguros. —contestó Kenzo.
—Eso ya no importa. —añadió Yuto mientras caminaba hacia la entrada con una sombrilla. —como dijo Kaito, no podemos confiar en el Gobierno, estamos por cuenta propia. —abrió la puerta—. ¿Vienen o no?