Sobreviviendo el Apocalipsis en Kyoto

Primeros brotes

Yuto y los demás, excepto por las chicas, que se quedaron en la casa, caminaban a una velocidad moderada para llegar rápido, pero sin hacer tanto ruido. Iban por la vereda por creer que de ese modo podían estar más seguro a la hora de encontrarse con zombis.

Arata, con molestia, sostenía la mano de Rin.

—¿Dónde está la tienda, enano? —preguntó Arata.

—Ya estamos muy cerca, a unas cinco calles.

—Cuando lleguemos no quiero que te alejes de mí, ¿Entendiste, Rin? —expresó mirándola.

—No soy una niña, puedo protegerme sola.

—¿En serio? ¿Podrías empujarme al suelo sólo con tus manos?

—Pues…

—No, no puedes. A no ser que seas de esas mujeres con músculos grandes, no podrías.

—Tengo más fuerza que tú. —comentó Kaito. —pero nunca podría ganarle en un combate cuerpo a cuerpo a Arata. Él tiene razón, tienes que ver todos los parámetros. La vida a veces es como un videojuego, hay estadísticas en cada persona. Él tendría unos ciento veinte puntos de fuerza y yo unos sesenta; no es mucho para pelear con alguien como él, pero la suficiente para protegerme contra Isamu.

—¡Oye, no soy debilucho!

—Tampoco yo, pero nunca podrías contra él. Incluyendo también a Kaito. —contestó Osuke.

—Es cierto, nunca vas a poder derribarme. —añadió Kaede riendo.

—Sí, por lo gordo que eres. —contestó Isamu a Osuke.

—¿¡Qué dijiste, idiota!?

—Cállense, no griten. —expresó Arata con seriedad.

—Sí. —contestaron sumisos.

Doblaron a la derecha y allí estaba la tienda a unos pasos; aún seguía con normalidad la situación, sólo un grupo de tipos sentados fuera de la tienda. Los hombres los miraron extrañados al llegar, se les notaba estar demasiados exaltados y agitados. Yuto se tranquilizó por la calma que aún había. Cada uno tomó un canasto.

—Recuerden, no guarden cosas innecesarias que no sirvan para la supervivencia. Sólo lo esencial. —comentó Kaito.

El vendedor, quien parecía tener la misma edad que ellos, le preocupó lo dicho, así que decidió observarlos. Un grupo llegó a la tienda alterados, provocando que los hombres sentados se pusieran nerviosos y comenzaran a observar a través de la ventana; el vendedor también se puso nervioso. Yuto, estando a la vista de la entrada, fue con el resto para advertirles.

—¡Chicos, creo que las personas comenzaron a actuar! Entraron más personas que se les nota estar nerviosa.

Dos del grupo aparecieron en frente de ellos, estuvieron unos segundos mirándose, hasta que reaccionaron y comenzaron a tomar los productos desesperados sin ver qué eran. Kaito estaba en otra estantería con tranquilidad, aún sabiendo la situación, pero de repente se escuchó la campana nuevamente, en ese instante sí hizo que se apresurara.

Uno de ellos empujó a Rin para quitarle el lugar, y Arata le golpeó en la cara sin pensarlo dos veces, provocando una pelea. Yuto, junto con Kenzo, no tardaron en alejarse, pero llevándose a Rin desde el brazo. Kaito apareció de manera repentina yendo hacia ellos corriendo y los embistió con un gran salto, manteniendo los pies adelante, golpeando al grandote en la cara y dejándolo noqueado en el suelo. No dejó pasar un segundo para atacar al otro en la boca del estómago, con la punta de la sombrilla, y dejándolo sin aire.

—Están llegando más, tomen lo que ellos recogieron, igual lo de ustedes, y vayámonos.

—¿No pagaremos? —preguntó Kenzo.

—¿Estás de broma? Ya todos saben lo que sucede, ¿Crees que ellos pagarán? —contestó Taro. —piensa un poco, ¿Quieres?

Los hombres ya no podían resistir la curiosidad, mucho menos con el escándalo, así que decidieron entrar. En ese momento Yuto y los demás salieron corriendo, tumbándolos.

—¡Oigan, deben pagar por eso! —exclamó el vendedor. —maldición… Mí jefe me matará cuando llegue, ¿Por qué tanto escándalo?

—¿No lo sabes? Hay un virus que vuelve a las personas caníbales.

—¿Qué dijiste, niño? —preguntó un hombre mientras se levantaba—. ¿Caníbales?

—Así es.

—No digas tonterías, mocoso bueno para nada. —añadió otro. —mira el desastre que hicieron aquí.

—¡Pero yo no hice nada! ¡Fueron esos idiotas que salieron corriendo, viejo estúpido!

—¿¡Viejo!? ¡Tengo treinta y cuatro años!

—¿¡Y crees que eres joven!?

—¡Mierda, mierda, mierda! ¡¡Mierda!! —un chico corría a la tienda.

—¿Quién grita ahora? —preguntó el gruñón orillándose en la puerta—. ¿He? ¿A estos dos que les pasa? ¿¡Por qué corren, idiotas!?

—¡Ayuda!

—¿Están drogados?

—Tal vez le quieren robar. —expresó otro—. ¡Entra, nosotros nos haremos cargo!

—¡Deben estar huyendo de los caníbales! —gritó el chico.

—¡Ya deja de decir tonterías!

Al llegar cayó al suelo junto a los hombres, ellos se pusieron de pie molestos, él se arrastraba alejándose. El hombre gruñón, apenas puso la mirada sobre la puerta ya se encontraba el individuo que le perseguía, era un zombi. Sin alcanzarle el tiempo para decir una sola palabra, fue atacado en el cuello, arrancándole un trozo grande.

—¿Qué hiciste? —preguntó en shock, segundos antes de caer.

—¡Los monstruos ya están aquí! —exclamó el chico de antes.

—¿¡Esto es un monstruo!? ¡Ese maldito lo trajo aquí!

—¿Qué está pasando? —preguntó el vendedor aterrado.

—¡Aléjate, maldito! —gritó corriendo con un bate.

*

—Carajos, ¿Cómo hiciste eso? —indagó Kenzo al entrar en la casa. —fuiste como un ninja.

—¿De qué hablan? —preguntó Masuyo—. ¿Sucedió algo malo?

—Algo así, hubo una pelea porque alguien empujó a Rin. Y Kaito les pateó el trasero.

—¿¡En serio!? —exclamó con los ojos brillosos mirando a Kato. —sabía que eras valiente.

—Sólo hice lo que tenía que hacer. —miró a todos serios. —escuchen. Ahora en este lugar también están infectados.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó Mio asustada.

—Aparecieron personas asustadas y fueron directo a tomar recursos. Eso ya te dice que aquí ya dejó de ser seguro.



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En el texto hay: zombis, apocalíptica

Editado: 11.03.2026

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