Sobrevivir a mí misma libro I | Ariana Medina

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No es fácil hacer amigos, es posible que no tarden en descubrir que soy un monstruo

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En cuanto sonó la alarma no pude evitar caer de cara en el suelo; termino enredada en las sábanas y cuando trato de levantarme tropiezo. Debo ser el único ser humano que tropieza cuando está acostado.

Maldije en voz alta mientras soltaba un gemido de dolor, ahora me duele la nariz. Sí sigo así voy a necesitar cirugía por todo el rostro.

Como sea, comencemos de nuevo.

Me llamo Scarlett Johnson, soy una adolescente «casi» normal que comenzará a vivir una vida normal a partir de hoy. O al menos es lo que mamá y yo esperamos.

Usé la palabra «casi» porque nací con una especie de don: ya saben, un poder que me obliga a no poder vivir una vida completamente normal. Digamos que puedo curar a las personas y animales, ¿sanadora? No sé si se podría decir así, pero por el momento así lo llamaremos. Todo poder, incluso para curar heridas imposibles, requieren de mucho cuidado y responsabilidad.

Porque así como puedo devolver el aliento, puedo arrebatarlo.

Yo no lo sabía, pero matar también es posible con este don. Dejé de llamarlo como tal el día en el que le robé la posibilidad de salvarse a dos personas que amé con locura. Ahora lo llamo maldición.

Scarlett proviene del francés «Escarlate» que significa literalmente rojo intenso o rojo brillante, a papá le gustaba decir que mi nombre significaba fuego. Me pusieron así porque es el color que toma mi cabello cuando uso mis poderes. Mis ojos verdes se tornan de un verde brillante, papá decía que brillaban como dos esmeraldas preciosas, pero para mí no era así, era más bien Maléfica, un monstruo de ojos verdes y brillantes.

Pasaron dos años del accidente y sigo creyendo que jamás voy a poder verme diferente. Nunca creí que este «don» sería tan peligroso, pero papá y Sam tuvieron que dar su vida para que yo lo descubriera.

Te sorprendería saber que jamás pisé una escuela en mi vida, jamás. Mamá era profesora así que me educó en casa, ahora es directora de Lawrence High School, preparatoria situada en Lawrence Kansas, hace un año que vivimos aquí y hoy es mi primer día.

Me puse mi peluca y creo que ya estaba lista.

Sí, ese es otro asunto: uso un cabello rubio sobre mi cabello rubio. Te aseguro que tiene más sentido de lo que parece.

Cada vez que uso mis poderes no puedo evitar tener cambios como el color de mi cabello y mis ojos. No tengo control sobre ellos y puedo usarlos inconscientemente, aunque no los use, en ocasiones los cambios surgen igual. Cuando me molesto y siento rabia, cuando tengo miedo ante una situación difícil, etc.

Como decía Sam: es mejor prevenir que lamentarse luego. No puedo bajo ninguna circunstancia permitir que eso pase.

Bajé las escaleras con pasos rápidos y saludé a mi madre que estaba preparando el desayuno.

—¿Te sientes bien? —Mi mirada estaba perdida pero la escuchaba igual. No respondí—. Sabes que debes guardar la calma, siempre.

Asentí con lentitud—. Lo sé. ¿Mason sabe que hoy es mi primer día?

—Ese es otro tema, tu tío Mason no cree que ir al colegio sea muy prudente.

—Tal vez tenga razón.—Ella se voltea al escuchar la determinación con la que había soltado aquellas palabras.

—Tal vez yo tenga razón. —Contraataca. Suspira y se sienta frente a mí—. Quedarte en casa lo único que hace es enloquecerte, tienes derecho a hacer amigos y vivir una vida normal.

Ya estaba empezando a arrepentirme de esto, de hecho, el arrepentimiento comenzó en el momento en que abrí los ojos esta mañana, pero desde entonces trataba de convencerme de que todo estaría bien.

Suspiré—. ¿Tú crees que...—mi angustia podía percibirse a leguas— pueda ser normal? ¿Que... si entro por esa puerta y las personas me conocen van a aceptarme?

—Cariño...—Mamá sonrió con dulzura y sus ojos llorosos, ella también sufría con todo esto—, van a amarte, créeme.

Eso no lo sabría hasta que llegue a la escuela.

Mis manos no dejaban de temblar, era un manojo de nervios pero trataba de disimularlo frente a ella.

Apenas estacionó no dudé en ponerle el seguro a mi puerta, no estaba lista para hacerlo.

—¡No, no puedo!—Mi corazón latía a mil por horas y podía sentir como mis ojos cambiaban a ese verde intenso y brillante.

—Shh... Shhh... Tranquila. —Puso su mano sobre la mía mientras yo apretaba mis piernas—. ¿Por qué no cantas la canción de Sam? Recuerda que tienes un ancla emocional, aférrate a él.

Tryin' to find the peace on always, knowin' I was never really free. You were Watchin' over me.—Comencé a susurrar mientras me concentraba en la canción.

«Trataba de encontrar la paz sabiendo que nunca fui realmente libre. Estuviste cuidándome.»

Era una canción que a Sam le gustaba mucho y nunca entendí por qué, pero me ayudaba a sentirme mejor.

—Lettie, cuando escuches esta canción quiero que recuerdes que siempre vamos a cuidarte. Tienes que prometer que el miedo jamás será más fuerte que tú. —Asentí dándole una sonrisa segura—. Quiero que uses esta canción como un ancla emocional.

—¿Por qué?—Sonríe y besa mi frente.

—Porque la canción habla sobre la lucha continua por encontrar paz y la necesidad de encontrar a alguien que te proteja. Lo que tú necesitas, o al menos lo necesitarás, es eso, apoyo emocional, alguien que te cuide, y cuando encuentres a esa persona, conviértelo en tu ancla, porque cuando te sientas perdida, él te hará volver.

Asentí y lo abracé.

—Te amo, Sammy.

—Yo también, hermanita.

Mi respiración poco a poco volvía a la normalidad, mi madre, que me dijo que me tome todo el tiempo que sea necesario, permaneció ahí conmigo esperando a que yo estuviera lista.

Con los ojos cerrados le quité el seguro a la puerta y bajamos prácticamente al unísono, no di ni un solo paso para adelantarme, caminamos a la par como si fuésemos la misma persona.




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