Sobrevivir a mí misma libro I | Ariana Medina

III

Noche de películas y revelaciones

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Otra vez caí de cara al suelo. Esto ya se está convirtiendo en un disco repetido. Desenredé mis pies de entre las sábanas y me levanté del suelo.

—Auch...—murmuré quejosa mientras me sobaba la nariz.

Me parece que voy a tener que poner dos muros a los costados de mi cama para dejar de caerme, no puede ser que siempre me pase lo mismo, ya tengo toda la nariz amoratada por los golpes que recibe todas —o la mayoría— de las mañanas.

Me duché antes de empezar el día para quitarme esta expresión somnolienta que adornaba mi rostro. No estaba acostumbrada a levantarme temprano porque jamás fui a la escuela, pero desde que empecé a hacerlo es la primera vez que tengo los ojos hinchados y casi cerrados por el sueño.

Mientras restregraba mi cabeza para lavarla no podía dejar de pensar en aquel sueño que impidió que durmiera de manera placentera esta noche;

Al principio me encontraba en mi cama, generalmente durmiendo, pero luego estaba en el bosque, acostada sobre las hojas y con mi pijama puesto. No entendía nada, parecía tan real que me asustaba. Nunca tuve un sueño así. Y lo peor es que cuando desperté tenía esa sensación de haber tomado frío en la noche, y cuando me levanté del suelo encontré una hoja en mi cabello y otra en la almohada.

Si hubiera estado en el bosque en la madrugada me hubiera dado cuenta, ¿no es así?

Como sea.

Tenía que pensar en positivo, después del colegio iríamos a visitar a los padres de Leah Morgan, la chica que encontramos en nuestra primera aventura, eso sí, teníamos que volver a casa por el cuerpo, no podíamos tenerlo todo el día en el estacionamiento de la escuela, era peligroso.

Terminé de arreglarme con una remera casual de color blanca, por encima llevaba una camisa de jean color celeste y atada a la cintura, debajo una falda blanca con un pequeño estampado floral en tonos rosados y verdes. En los pies me puse unas bailarinas de color beige, me resultaban cómodas porque no llevaban nada de taco.

—¿Eso es todo?—Preguntó mi madre mientras daba vueltas por su despecho.

Habíamos llegado quince minutos antes para poder hablar con Mason, ella estaba muy nerviosa desde que todo esto pasó.

—Miranda, relájate.—Ella mueve la cabeza hacia los costados pero mi tío no lograba calmarla.

—Claro, secuestraron dos cuerpos como si fueran delincuentes pero yo necesito calmarme.—Empezó a balbucear. Mason y yo nos miramos.

—Miranda, oye. No tienes que venir con nosotros, vamos a hablar con su familia y le daremos la noticia.

Él pone su mano en el hombro de mi mamá.

—¿Cómo sabremos que ellos saben sobre los poderes que tenía su hija?—Me animé a preguntar mientras ignoraba la forma en que Mason estaba tratando de consolar a mi madre.

—No te preocupes, no voy a dejarte expuesta.—Asentí y me los quedé mirando un rato.

Mi tío seguía con su mano en el hombro de mi mamá, ella estaba muy angustiada, se notaba y él aprovechó para poder consolarla. Soy consciente de que siempre tuvieron una relación extraña, creo que Mason siempre estuvo enamorado de ella, papá también lo sabía, todos excepto ella. Sé que él sabía que nosotros sabíamos y tal vez por eso siempre tuvimos una relación muy disonante. Mi padre y él también solían pelear todo el tiempo, Sam trataba de mantenerme ajena a todo eso y aunque fingía no darme cuenta, sabía perfectamente lo que estaba pasando; por qué papá y el tío Mason siempre peleaban y de un modo u otro mi madre terminaba en medio. Siempre lo supe, pero nunca dije nada.

Me despedí de ellos y me fui al salón, todavía faltaban cinco minutos pero quería seguir ajena a todo eso, no quería ser consciente de cómo él se le insinuaba a mi madre. Quiero que ella sea feliz, papá ya no está y todavía tiene mucha vida por delante, es joven y aunque la herida siga abierta y duela no quiere decir que ella tiene que mantenerse infeliz lo que le queda de vida, merece encontrar a alguien y vivir feliz hasta que tome el último respiro en esta tierra, pero no con Mason. Mason es de la familia, para bien o para mal, por más rabia que me haga sentir a veces, lo sigue siendo porque es hermano de papá, y no quiero que ellos dos estén juntos, no sería apropiado. En mi opinión, sería faltarle el respeto a la memoria de mi padre.

Llegué al salón de clases y me encontré solo a James, me sorprendí de verlo pero me acerqué a él con una sonrisa de labios apretados. Estaba con sus audífonos entonces no se dio cuenta de que me aproximaba. Me detuve en seco cuando me di cuenta de que mis ojos estaban a punto de cambiar, le di la espalda y suspiré.

¿Por qué? Desde que somos amigos es la primera vez que cambio, no entiendo por qué me pasa esto ahora.

A ver, piensa, Scarlett, ¿cómo te sientes ahora que lo ves?

Me siento... feliz, me alegra verlo, estoy entusiasmada porque con él y con Scott me siento bien y alegre.

Quizás Mason tiene razón y las emociones me traicionan.

—Lettie, ¿estás bien?—Cuando notó mi presencia no me quedó más remedio que voltearme, y afortunadamente ya había pasado.

—S-sí.—Respondí con la voz temblorosa.

—Siéntate aquí adelante, es el lugar de Scott.—Asentí y me senté frente a él.

—¿Y dónde está?

—En camino.—Solté una risita suave.

—Llegará tarde, ¿no es así?—Frunció el ceño extrañado.

—¿Acaso alguna vez va a llegar temprano?—No pude evitar reír más fuerte.

Tiene razón. No lo conozco hace mucho pero desde entonces la única vez que llegó a horario fue el primer día de clases.

Llegó tarde la primera hora, como era de esperarse, Mason no tenía problema con él porque era el mejor estudiante que tenía, pero aunque así fuera en todas las materias, no todos eran tan amables como él. James y yo reímos con suavidad al principio y Scott se sentó a mi lado.

—Llegas tarde, Cerebrito.—Le susurré.




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