Una práctica de baile sale fatal
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Bajé del auto sin siquiera mirar a mi madre y entré a pasos rápidos al edificio para no darle tiempo a que trate de hablar conmigo. Lo que pasó anoche era imperdonable. Sé que ella tiene derecho a ser feliz y es lo que más deseo en esta vida, pero no con Mason, tantos hombres en el mundo que se morirían por estar con ella y tiene que elegir a mi tío, su cuñado, el hermano de su difunto esposo. Si Sam estuviera vivo y supiera de esto creo que tampoco estaría de acuerdo, quizás trataría de entenderla, siempre hizo eso, pero no aprobaría esa relación y aunque con mi madre no se metería, estoy segura que habría más que una discusión con Mason.
Saludé a James quien estaba en el salón aún faltando quince minutos para que las clases comiencen y conversamos sobre anoche. Me alegraba que la haya pasado bien. Nos reímos de cuando dejé caer mi porción de pizza sobre su cabeza y por supuesto que no olvidamos el hecho de que le di un manotazo a Scott en el rostro. No dejamos de hablar incluso cuando salimos a fuera porque supuestamente Scott sí llegaría a tiempo esta vez e íbamos a esperarlo en la entrada.
—Ah, ahí está.—Menciona James y señala al frente.
En ese momento él iba de prisa y chocó con alguien más. Una chica de cabello completamente negro y lacio, mi rostro se endureció sin explicación alguna.
—Lo siento mucho. No te vi.—Ambos se disculpan y ella le sonríe con dulzura.
—Tú perdoname, es mi primer día y no estoy siendo muy puntual, lo siento mucho.
¿Por qué tanta confianza, cariño? Acabas de conocerlo, no tienes que sonreír tanto.
—Soy Camille, mucho gusto.—Ella le tiende la mano.
—Scott. El gusto es mío.
«El gusto es mío» espero que no sea compañera nuestra.
—¿Qué tienes?—Me pregunta James. Sin mirarlo le respondí:
—Creo que se agradaron.
—Ah, sí, así es Scott, tiene ese don para simpatizar con los demás, tal vez se nos una.—Lo observé sin una pizca de felicidad.
—Espero que no me reemplacen con ella. Yo soy la chica del grupo.—Él sonríe y acaricia mi hombro.
—Tranquila, una vez que llegaste a nosotros eres irremplazable, no te angusties. Si ella se nos une no dejaré que eso pase, solo espero que tú no nos reemplaces a nosotros.—Hice una media sonrisa.
—De eso puedes estar seguro de que no va a pasar. Son mis únicos amigos.—Asiente convencido de mis palabras y nos acercamos a Scott, quien no tardó en presentarnos a su nueva amiga.
Se llamaba Camille Lockwood, su cabello tal como lo describí anteriormente, negro, completamente lacio y sobrepasaba a penas sus hombros, también traía un flequillo perfectamente hecho. Su piel era ligeramente bronceada y sus ojos grises. A quien quiero engañar, no era fea, para nada fea, y no es que me sienta amenazada, solo un poco, temo que ellos decidan que ella es mucho más interesante y normal que yo. Al final entendí que el destino me odia porque no solo mi madre y mi tío tienen una relación, sino que también ella tenía clase de francés con nosotros.
Yo me senté con James mientras ella se sentaba frente a nosotros junto a Scott, ese era mi lugar, pero como ella era la chica nueva y a Scott le agradaba preferí callarme la boca y sentarme atrás a regañadientes, no era por James, me gustaba sentarme a su lado, pero mi lugar era donde ella se había sentado. No presté atención en ningún momento, tenía la mirada perdida en lo que sucedía frente a mis narices, en un momento la profesora me pidió que haga mi presentación personal en francés pero no pude hacerlo, un punto menos que correría en la materia. Scott como siempre, lo dijo perfecto sin ningún tipo de error, a James le costó un poco más de trabajo pero también pudo hacerlo. A nuestra querida chica nueva le salió perfecto al igual que a Scott; claro. Solo eso me faltaba, que sea tan perfecta como él.
Después de francés tuve que ir a clases de baile. Otra vez fracasé. Estaba distraída, los pasos me salían pésimos como nunca antes hasta que llegó el momento en que la profesora Thompson me dijo que solo me dedique a observar por hoy. Estaba molesta conmigo misma, era en la única materia que me iba perfecto y hoy ni siquiera podía hacer eso. Tenía suerte de que mis ojos todavía no hayan cambiado, tenía razones para hacerlo: estaba molesta, frustrada, desorientada y todo lo que termine en «ada». Al final la profe se apiadó de mí y dijo que después de las clases me daría una hora extra para dedicarse exclusivamente a mí y mi problema de soltura.
Con eso trató de decirme que tengo problemas para dejarme llevar, estoy un poco tensa y parezco hecha de madera. En este momento, Pinocho era mejor bailarín que yo.
Me volví a encontrar con los chicos —y la intrusa— en química. Había llamado suerte que los chicos y yo compartiéramos las mismas clases, pero me molestaba tener esa desgracia con la chica esta, Camille. Sobre todo porque ella insistía en sentarse con Scott. Ese era mi lugar en todos los salones porque él me ayudaba con lo que no entendía, James era bueno, pero él mismo admitió que no podía explicar, que no se le daba bien ser profesor particular, entonces también insistió para que sea Scott quien me ayude.
Otra vez me quedé dormida y aparecí en el bosque, pero esta vez estaba de pie y comencé a caminar sin un rumbo fijo. Me adentré en el bosque siguiendo una única voz, una voz conocida y que hace tanto que no escuchaba... Era papá. Parecía estar tarareando una canción que no pude distinguir. Estaba sentado entre las hojas y me observaba con una expresión triste.
—¿Qué haz hecho, cariño?—Ladeé la cabeza sin entenderle—. ¿Cómo te atreviste a hacerle daño?
Sus manos estaban cubiertas de sangre. Negué desesperada porque me creyera, mi respiración se había alterado y mis ojos estaban cristalinos.
—No, papá, te juro que jamás le haría daño, él es importante para mí.—No sabía de quién estaba hablando, pero aún así parecía saberlo perfectamente.
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Editado: 22.03.2026