Sobrevivir a mí misma libro I | Ariana Medina

V

Una poderosa arma

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Corrí desesperadamente por todo el bosque mientras las ramas de los árboles me golpeaban y arañaban todo el cuerpo. Dejé de prestar atención a dónde iba por mirar hacia atrás, entonces caí en un pozo oscuro y al borde de quedar inconsciente pude distinguir una voz femenina que jamás había escuchado.

—Te crees muy valiente, ¿no? Al final vas a terminar como ellas. Como todas ellas.—Miré a mi alrededor y cuerpos sin cabezas me rodeaban, mi cuerpo estaba lleno de sangre que no era mía y un olor a podrido se esparcía por todos los rincones.

Después de soltar un grito de lo más profundo de mis pulmones terminé despertando.

***

Me aferraba a mis libros con todas mis fuerzas, como si creyera que ellos podían de algún modo protegerme. Caminaba entre los estudiantes con mi espalda encorvada y la cabeza gacha, estaba aturdida y completamente aterrada. No estaba prestando atención entonces choqué a una chica, al darme la vuelta para disculparme ella me sonríe con soberbia y vuelve su mirada al frente.

A esa chica la conocía; era Ruby Hamilton, está en mi clase de francés y de química, es excelente estudiante y de vez en cuando suele competir con Scott. Ella llegó hace una semana, es nueva. Su cabello largo un poco más abajo que la mitad de la espalda, lacio y de un tono rojo vino con reflejos violetas. Su manera de mirarme no me había gustado, no sé qué se trae entre manos, pero decidí no darle tanta importancia.

Tengo que encontrar a la chica que va a morir hoy. Tiene que ser de esta escuela, todas las chicas a las que mataron venían aquí.

Estuve todo el día buscando pero no encontré nada, tenía que ser yo porque soy la única que puede reconocerla, así que estaba sola en esto.

«Lettie, ¿te encuentras bien? Si no fuera por las clases compartida no sabríamos nada de ti, Scott y yo estamos preocupados, te vimos pasar varias veces pero no nos has visto, espero que no estés molesta.»

Leí su mensaje y suspiré con nostalgia. Parte de mí se decepcionaba porque siempre era Scott quien me enviaba un mensaje hablando por los dos, pero otra parte de mí me decía que estaba siendo injusta con ellos, pero, ¿qué puedo hacer? Ahora mi prioridad es encontrar a esa chica, advertirle y salvar su vida, mientras ellos estén a salvo no importa qué es lo que piensen de mí. Prefiero que crean que soy mala amiga porque los ignoro y no involucrarlos en esto. Porque aunque esté molesta con Mason y odie el hecho de que él tiene razón en algo, tengo que reconocer que sí tiene razón y que los chicos van a estar en peligro en cuanto descubran lo que soy y lo que puedo hacer. Y eso no podría soportarlo; ya perdí a mi padre y a mi hermano, no podría perderlos a ellos también, no sé si sería capaz de soportar esa desgracia. Sería capaz de hacer que esta ciudad arda si eso fuera necesario para mantenerlos a salvo.

Falté a mi última clase, no le dije ni siquiera a mi madre porque sabía que si eso pasaba no me dejaría ir al bosque. Los cazadores atacan de noche, sé que sigue viva porque los oficiales todavía no encontraron nada, si hubiera cuerpo seguramente ya lo sabríamos. Caminé el resto del día hasta que oscureció, tenía miles de llamadas perdidas de mi mamá, de Mason y de los chicos. No le respondí a ninguno, apagué el teléfono y seguí caminando, hasta que por fin escuché un ruido.

Una chica estaba gritando por ayuda, corrí siguiendo su voz.

—¡Alguien por favor! ¡Ayuda! —gritaba con todas sus fuerzas.

Cuando al fin la encontré fue en el momento exacto cuando recibió una flecha en su espalda, eso no la mata pero sí la detiene. Se la quité y tomé su mano.

—Vámonos.

Empezamos a correr porque no tenía nada con qué defenderme. Que estúpida. No tengo arco y flecha, ni una espada o un arma, nada. Los cazadores tampoco son estúpidos. Las armas atraen la atención de todo el mundo, en cambio el arco y la flecha son perfectos para la caza. Logramos salir del bosque pero eso no bastó para detenernos, al único lugar que se me ocurrió ir fue a la casa de Scott, quedaba más cerca que la mía. Nos detuvimos detrás de un muro mientras yo observaba el hogar de aquel chico al que evité todo el día.

—Okey, Escuchame —la chica me observó todavía con esa expresión llena de horror en su rostro—. Sé que tienes un don, yo también, y si no hubiese sido porque soñé con esto, no hubiera podido ayudarte, pero las personas a las que vamos a ver ahora, ellos no saben nada de lo que somos. Así que déjame hablar a mí.—Ella asiente completamente de acuerdo y nos acercamos. Toqué varias veces la puerta y aguardé unos segundos.

—¿Sí? —sonreí nerviosa porque era la medianoche. Una mujer de unos treinta y seis nos recibió en la puerta.

—Hola señora Hunter, sé que no me conoce, pero...

Abre los ojos con sorpresa—. Tú estabas en el hospital la semana pasada, vas al colegio con Scott.—Asentí.

—¿Él está? Es urgente que lo vea. Necesito su ayuda.—Le supliqué y ella lo llamó a gritos.

Muchas veces nos hemos desvelado hasta la una de la mañana hablando por teléfono, por eso sé que él no está durmiendo. Y si lo estaba, que de verdad me perdone, pero lo necesito, ahora más que nunca.

—¡Scott!

Cuando apareció con su cabello castaño desordenado no tardó en darse cuenta de mi presencia y me sonríe un poco confundido.

—Mamá, ve a dormir, yo me encargo, ¿sí? Mañana tienes que trabajar.—Ella asiente, acaricia su rostro y se despide de nosotras.

—¿Estabas durmiendo?—Niega y nos deja pasar.

—¿Qué te sucedió? Desapareciste todo el día, te llamamos y no respondiste, estaba preocupado al igual que tu mamá.

—Lo lamento, Scott, pero mi teléfono se quedó sin batería.—Mentí. Asiente un poco más tranquilo por verme enfrente suyo.

—¿Y ella quién es?—Cierto, ni siquiera yo sabía su nombre.

—Me llamo Anna, mucho gusto. —Él le estrecha la mano y después se vuelve a mí.




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