Sobrevivir a mí misma libro I | Ariana Medina

VI

Un Ejercicio de confianza

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—¿Te sientes bien? Sabes que cualquier cosa puedes ir a mi despacho y hablar de lo que te inquieta y si ves a tu padre...

—Lo sé, mamá. Nada de eso es real. Solamente estoy loca y sería mejor dejarme tirada en un psiquiátrico. —Mascullé.

—Nada de eso, Lettie. Solamente estoy preocupada, cielo. Tu mente es tu peor enemigo, y ya te está jugando una mala pasada, temo que hagas una locura influenciada por ella. ¿Crees que si algo así vuelve a pasar me lo vas a decir? Papá ya no está, y jamás te trataría de asesina, ni mucho menos diría esas cosas horribles.

¿Y si no era papá? Y si... en realidad solamente era yo, mi verdadero yo, ese lado oscuro disfrazado de amor, por eso se presentaba con la forma de mi padre. Porque él me miraba con tanto amor que era inevitable no llorar cada vez que lo recordaba. Sus ojos me amaban, pero sus palabras me apuñalaban en el pecho.

Hoy el día fue agradable, no hubo ningún contratiempo y me sentí mejor que días atrás. Camille y yo hicimos varias cosas juntas; entre ellas fuimos a clases de baile, nos sentamos en la cafetería y compramos helado. Era bueno tener una amiga mujer porque podías hablar cosas que con los chicos no.

—¿Tuviste novio alguna vez?—Pregunta ella después de comer de su helado.

Negué con mis labios apretados y observé el postre frío que tenía en mis manos.

—¿No? ¿Nunca?—Parecía sorprendida.

¿Cuántos novios se supone que tendría que haber tenido a los dieciséis años?

—¿Y tú?

—Sí me han gustado chicos pero Scott es mi primer novio oficial.

—Pero no tu primer amor. —Observé.

—Sí, de hecho sí lo es. —Afirma muy segura. Y yo estaba confundida.

—Pero dijiste que ya te han gustado otros.—Ella sonríe al mismo tiempo que agacha la mirada con pena.

—Verás, cuando dices que no sabes nada del amor, estoy contigo —ríe—. Linda, tu primer amor no es la primera persona que te gusta. Sino aquel que te ve de verdad, por el que harías cosas que jamás creíste que harías, dicho de otra manera... te lanzas a la piscina sin saber si habrá agua o no. Pero por él, sabes que no importa cuál sea el resultado, porque habrá valido la pena. Y si me pongo a observar esos distintos puntos, jamás me ha pasado algo así. Hasta que conocí a Scott, me lancé a la piscina sin saber si había agua o no, en otras palabras...: me arriesgué a decirle lo que sentía sin saber si él sentía lo mismo.

Sus palabras me dejaron pensando unos segundos, hasta que después dijo otra cosa cambiando de tema:

—Es agradable tener una amiga mujer, los chicos son increíbles, pero... con ellos no puedes profundizar estos temas. —Reímos.

—Pensaba lo mismo. Tenerlos es asombroso pero hay temas que son...

—... Solo de chicas. —Completa y yo asentí con una sonrisa.

De Camille aprendí que no hay que juzgar antes de conocer. Yo la veía todo el tiempo con resentimiento, como si ella me hubiese hecho algo y me preguntaba qué era, ahora lo entiendo y es por eso que tengo que cambiar mi mentalidad respecto a ella. Estos días hemos convivido mucho más las dos solas y entendí que era buena chica. James y Scott estuvieron entrenando mucho entonces nos quedábamos en compañía de la otra, o de vez en cuando íbamos a ver el entrenamiento: faltaba poco para el próximo partido y el entrenador los hacia entrenar hasta el cansancio.

Después del hospital Scott tardó en volver al equipo entonces el entrenador lo estaba haciendo trabajar más que a los demás, lo cual me parecía injusto porque no había sido su culpa, sino mía. Pero nadie sabía eso.

Fui más normal estos últimos días que en toda mi vida; cuando estaba aislada y no salía de mi casa, los chicos me iban a visitar e hicimos noche de películas, ahora con una integrante nueva: como ella era novia de Scott yo no tenía el mismo privilegio que la primera vez, entonces me senté en el suelo junto a mi amigo, el falso Stiles. Quien por cierto, se llevó todos los golpes cada vez que me asustaba. No me sentí culpable como con Scott, porque era James quien elegía las películas más horribles y terroríficas para ver. Era su culpa.

En una parte tuve que abrazarlo tan fuerte que me rogó para que lo soltara, se estaba quedando sin respiración. Los chicos simplemente reían. Y otra vez, después de la película de terror, vimos una de las princesas de Disney, como personas adultas y maduras que somos. Esta vez fue elegida por Camille, «La sirenita». Mi segunda película de Disney favorita.

Gracias a ellos tuve el valor de volver. En esa semana no hubo día en el que no hayan aparecido para levantarme el ánimo —y también para darme la tarea—, y pude darme cuenta de que por más que mis propios pensamientos me hicieran creer lo contrario, yo no estaba sola. Por más rara y sobrenatural que pueda ser, o un monstruo que jamás podrá verse al espejo y estar feliz por lo que ve, sigo siendo yo, una chica «casi» normal que tiene amigos que la apoyan y la acompañan aunque no sepan la verdad de esta historia.

***

Bajé las escaleras y pude ver a Mason en el comedor redactando una carta; ya no se usan hace muchísimo tiempo, pero él vive a la antigua. Lo que tarda en llegar a destino podría tener una respuesta más rápida enviando un mensaje de texto, pero que él haga lo que quiera. (Todavía no sé qué hace aquí). Hasta parece que es aquí donde vive y no en su propia casa, que a propósito, no sé para qué tiene una si no la va a usar.

—¿Qué haces? —pregunté sentándome frente suyo.

—Le escribo a Christopher, quiero que venga. —Me responde sin levantar la vista del papel. yo fruncí los labios y mis cejas con rareza.

—¿Por qué no le envías un mensaje de texto? Creo que recibirás una respuesta más inmediata, ¿no te parece? —se quita los lentes y me observa mientras deja escapar un largo suspiro.

—Él es buscado por muchos cazadores, si nos contactamos vía telefónica van a ir detrás de él y su familia. No siquiera Selene le envía mensaje de texto.




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