Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

01

Estaba sentado en una de las mesas; la recepción de la boda era encantadora. April bailaba con Emir, Eliot con Emile y Eros con Emma. Yo permanecía allí, solo, mientras mis sobrinos corrían como locos y mi madre conversaba con unas mujeres extrañas. Qué noche tan perfecta para mí.

A lo lejos, vi a Luke y a Freiya acercarse. En ese momento recordé lo inusual que fue su relación y, sobre todo, su boda. No le dijeron a nadie que se casarían; todo fue fugaz. Se escaparon a Las Vegas tres años después de conocerse para consolidar su matrimonio. Ambos eran híbridos totales y dos años mayores que yo; los conocí en la universidad, en América.

Primero lo conocí a él. Estaba dos semestres por encima de mí, pero nos volvimos inseparables. A los cuatro meses de conocernos me mostró su forma animal; qué sorpresa fue ver a alguien que no fuera un león o un lobo. Al principio pensé que era un jaguar, pero luego aclaró mis dudas: era un híbrido de leopardo de las nieves. Solo quedaban treinta manadas en el mundo y apenas cinco de ellas vivían entre los humanos; entre esas pocas estaba la de Luke. Su gente no se regía por nadie, ya que su especie era solitaria; solo les importaban sus iguales e hijos. Lo que no fuera de su sangre les era indiferente.

La relación con Freiya fue algo más... compleja. La conocí una noche, un año después que a Luke. Estaba siendo atacada por dos imbéciles; la ayudé un poco y terminó golpeándome en el rostro. Cuando conoció a Luke, supieron desde el primer segundo que eran iguales. Su relación al principio fue un caos; ella tenía novio y la historia resultó enredada. Un año después de conocernos todos, nos mostró su forma híbrida; fue asombroso ver a una tigresa frente a nosotros. Bueno, más para mí que para Luke, pues él ya lo sabía; tiene la rara habilidad de identificar con exactitud qué clase de híbrido eres, aunque conmigo fue la excepción: siempre oculté mi olor.

Los tres nos volvimos mejores amigos y, cabe mencionar, nadie sabía de su boda excepto yo, que fui su padrino.

—A ver, leoncito, ¿por qué no estás liándote con cualquiera de las mujeres aquí presentes? —me preguntó Freiya, sentándose frente a mí junto a Luke.

—Sí, hermano. Desde que llegamos al hotel has estado alejado de todos en esta mesa, casi llorando. Emile está a punto de venir a sacarte a bailar, pero Eliot la ha detenido diciéndole que te dé espacio —añadió el castaño en un tono exagerado.

—Estoy bien, solo analizo mi vida y recuerdo cómo los conocí —dije para tranquilizarlos. Ambos tienen un ego elevado, así que ser el centro de mis pensamientos les pareció lo correcto.

—Pero mira nada más... Justo pensábamos hacer una ceremonia para renovar nuestros votos y, como fuiste nuestro padrino, sabemos que te encantará repetirlo —mis cejas se fruncieron un poco y ellos supieron al instante en qué pensaba—. Tranquilo, tigre, no será en Las Vegas. Queremos algo familiar. Sabes que con mi familia no cuento, y Luke mucho menos, pero ahora somos parte de la tuya y sé que todos querrán asistir —dijo Freiya con lágrimas en los ojos.

Tenía razón. Mi manada, compuesta por leones y una familia completa de lobos, acogió a Freiya y a Luke cuando los suyos les dieron la espalda al enterarse de que su igual no era de la misma especie. Todo fue una brillante idea de Emma. Fue un cambio radical para Luke, que era solitario, pero terminó acostumbrándose a la extraña manada que habíamos formado los Black y los Blaskov.

—¿Qué pasa con las bodas que vuelven tan sentimentales a las mujeres? —le pregunté a Luke mientras consolaba a Freiya.

—Aron, eres un jodido imbécil. ¿No ves que estoy sensible? Si no fuera porque estoy embarazada, te golpearía —sentenció ella.

Todo se detuvo por un momento. No era la boda lo que la tenía así; sería tío otra vez.

—No me jodas, Freiya Smith —dije bajando la voz—. ¿Annabeth, me estás hablando en serio? —pregunté acercando mi silla. Ellos asintieron con una sonrisa—. Voy a ser tío otra vez —afirmé abrazándola.

—Teníamos pensado decírselo a todos hoy, pero ahora ya lo sabes; no se lo digas a nadie. Además, desde ya te aviso que serás el padrino —me señaló Freiya mientras yo solo asentía. Mi felicidad por ellos era inmensa.

Dos horas después, Freiya y Luke se marcharon. Eran las tres de la mañana y mis sobrinos aún correteaban y gritaban.

—Tío Aron, ¿puedes pedir en la cocina una ración de pastel para mí? —preguntó la pequeña Sasha, acercándose cargando a su hermana Luna, de un año.

—Es muy tarde, Sasha, deberías estar durmiendo —la decepción en su rostro me dolió. Mis sobrinos eran mi debilidad; a mis 27 años, sin hijos y sin haber encontrado a mi igual, ellos eran mi vida entera. Por eso los malcriaba—. ¿Tu madre sabe que quieres pastel? —ella miró a todos lados, nerviosa. Detrás de ella aparecieron Evan y Ashley.

—Por favor, tío. Mamá y papá no nos dejan, y de verdad queremos pastel.

Miré hacia la pista; sus padres estaban al otro extremo junto a mis hermanos.

—Vale, pequeños, este es el plan: yo iré y ustedes me esperan aquí. Si alguno de sus papás me busca, dicen que estoy en el baño.

—¡Eres el mejor tío! —exclamó Evan.

Me levanté y caminé hacia la cocina. Todo era un caos de camareros y cocineros. Me acerqué a una chica que, al verme, se frenó en seco.

—Dígame, señor.

Odiaba que me llamaran "señor", y ella notó mi molestia.

—Quiero pastel. ¿Sabe dónde puedo conseguir una rebanada? —pregunté con rudeza. Ella se mostró nerviosa.

—El pastel y lo demás ya está en la parte de atrás. El señor Emir ordenó que no quedara nada en la recepción y que se retirara todo inmediatamente.

—¿Cómo llego allí? —pregunté estresado.

—Vaya por ese pasillo a la derecha; allí encontrará una habitación con la jefa encargada.

Caminé hacia el lugar y un aroma a canela inundó mis fosas nasales; mi león interno rugió. Seguí el olor hasta un pequeño círculo de personas. En el centro, una pelirroja de espaldas y una rubia que le gritaba. No me interesaba lo que decía hasta que vi a la rubia abofetearla. La ira me consumió; odiaba a los abusivos.




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