Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

04

Claire

El hombre observaba a los niños y a la mujer, fascinado. Intenté recordar su nombre, pero me resultó imposible. La mujer se detuvo un momento y, en cuanto nuestras miradas se cruzaron, sentí un vuelco en el pecho que me dio ganas de llorar. Sus ojos eran hermosos, uno de color miel y el otro... ¿azul? No lograba distinguirlo bien, pero toda ella irradiaba una belleza magnética. Me dedicó una sonrisa cálida y volvió a jugar con los niños.

—Ellos cuatro son mi felicidad —dijo el hombre.

Fruncí el ceño; solo había tres personas en el lago. Intenté visualizar a una cuarta, pero no estaba.

—Mi pequeña apenas tiene meses. Emma es muy cuidadosa con ella porque nació algo enferma; por eso no la ves —me sentí avergonzada al notar que él se había dado cuenta de que yo buscaba a la persona que faltaba.

—Lo siento —murmuré con sinceridad.

—No te disculpes. Al contrario, debo darte las gracias: salvaste mi matrimonio. Sé que esto te ha traído problemas y quiero recompensártelo —lo miré y él sostuvo mi mirada con seriedad.

—No quiero su dinero, si es lo que me ofrece. No sé qué le habrá dicho su hermano sobre mi situación, pero no tiene por qué darme nada —un nudo se formó en mi garganta; me dolía que mi propia precariedad fuera tan evidente.

—Aron no me ha dicho absolutamente nada. Es más, se molestó con nosotros porque queríamos indagar en lo que sabía de ti. No soltó prenda, solo insistió en que eres una buena chica —sentí una calidez inesperada al escucharlo—. Gracias a eso, Emma, sin siquiera conocerte, te tomó un aprecio irracional.

—Ella me transmite paz —susurré para mí misma—. Al verla a los ojos, siento que mis problemas se apaciguan.

—Tiene ese don. Creo que ella te está devolviendo el favor; le ahorraste el sufrimiento de una mentira —afirmó con orgullo.

Pensé en mis padres; era muy pequeña cuando mi padre murió, pero sabía que se amaron tanto que mi madre esperó años para volver a intentar ser feliz. El nacimiento de mis hermanos fue lo más hermoso que nos pasó, sin importar las circunstancias.

De pronto, un leve crujido en el agua captó mi atención. Palidecí al sentir cómo el hielo del lago cedía.

—¿Estás bien? —el hombre puso una mano en mi hombro y, de golpe, una ráfaga de imágenes me golpeó: agua, hielo rompiéndose, oscuridad. Todo pasó tan rápido que mi cuerpo reaccionó por instinto.

—Saquen a los niños de allí —susurré. Él me miró confundido—. ¡Saquen a los niños de allí!

Corrí con una fuerza que no sabía que poseía. Sobre el cristal congelado, vi cómo la mujer seguía mi dirección y se quedaba paralizada. Me lancé hacia el niño mayor, pero antes de alcanzarlo, el hielo colapsó. El agua nos tragó a ambos.

No sentí el frío punzante ni el pánico. Solo sabía que debía sostenerlo. Lo acerqué a mi cuerpo intentando brindarle calor mientras nadaba hacia la superficie, pero la grieta por la que caímos había desaparecido; sobre nosotros solo había una placa de hielo interminable. El niño me observaba hasta que sus ojos empezaron a cerrarse. Justo cuando mis pulmones iban a rendirse, vi a alguien sumergirse. El hermano de Aron llegó hasta nosotros y nos sacó de aquel abismo helado.

Ya fuera, el frío seguía sin afectarme. Vi al hombre intentar reanimar al niño con desesperación, mientras la mujer sollozaba abrazando a la otra pequeña. Me acerqué a él, temblando por el impacto emocional, y por inercia puse mis manos sobre la frente del niño.

De un momento a otro, el mundo se volvió negro. Lo último que escuché fue el eco lejano de las sirenas de una ambulancia.

Aron Black

Luke y Freiya entraron en la casa mientras Jacob hacía reír a Luna. Emile leía junto a Sasha y Eliot me observaba con aire interrogante. Odiaba que siempre estuvieran tras mis pasos; ser el más pequeño de la familia era una vigilancia constante.

—Aron, Emma y Eros nos contaron lo de la chica en la boda de April —dijo Emile sin levantar la vista de su libro—. Sasha, lleva a tu hermana al cuarto de Melania y asegúrate de que no se despierte.

Mi sobrina obedeció y, en cuanto las niñas salieron, todos se sentaron esperando una explicación que yo no tenía ganas de dar.

—Si esperan que les diga algo sorprendente, pierden el tiempo. Claire ayudó a la familia, sí, pero no sé mucho más de ella. No entiendo por qué le dan tanta importancia —dije, irritado. Normalmente soy más afectuoso, pero su atosigamiento me sacaba de quicio.

—Mira, niño malcriado, solo nos preocupa la chica. Emma vio en tu mente el lugar donde vive —soltó Eliot con cara de pocos amigos.

—Yo quisiera saber cómo es que Emile está contigo si eres un amargado —le espeté, ignorándolo. Mi celular vibró y me alejé para contestar—. ¿Diga?

—Aron, estamos en el hospital central. Ven de inmediato. Evan sufrió un accidente y la chica está con nosotros.

Evan. El nombre retumbó en mi cabeza como un disparo.

—¿Cómo está Evan? —todos en la sala se pusieron alerta—. ¿Qué sucedió?

—El hielo del lago colapsó. Él se encuentra bien, pero la que no está nada bien es la chica.

—¿Qué chica, Eros? ¿Qué hacía una chica en el lago? —pregunté, sintiendo que el aire me faltaba.

—La pelirroja —contestó él.

Mi cuerpo tembló. Se refería a mi canela.

—Ella salvó a Evan. Emma se está comunicando con su contacto de emergencia, pero necesito que vengas y me aclares quién demonios es ella y qué es. Pasó algo en el lago que no logro entender. Ven ya.

—Voy para allá —colgué y tomé mi abrigo—. Evan tuvo un accidente, está en el hospital. Hablaremos luego —anuncié saliendo a tropezones.

—Hermano, yo te llevo —Jacob me arrebató las llaves—. No puedes conducir así. Sube.

En el asiento del copiloto, marqué el número de la chica que podía darme respuestas.

—Sí, ¿en qué puedo ayudarte? —respondió ella al otro lado.

—No hay tiempo para esperar a mañana. Claire está en el hospital central. Nos vemos allí y me lo contarás todo.




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