Aron Black
Jacob y yo llegamos al hospital; afuera del recinto nos esperaba la chica que prometía aclarar nuestras dudas.
—No me dejan entrar —dijo ella, mirando con hostilidad a los guardias.
—Tranquilos, viene conmigo —intervine—. Vengo a ver a mi sobrino y a una...
—Y a su novia —soltó la chica tatuada mientras se miraba la punta de los zapatos. Me devolvió la mirada y se encogió de hombros—. Las cosas como son.
Los guardias nos abrieron paso y entré tras ella, con un Jacob sumamente observador a mi lado.
—Esa chica tiene un aura extraña —susurró Jacob—. He visto muchas clases de auras, pero esta es particular; es una mezcla muy parecida a la mía y algo más. No lo entiendo.
La chica miró por encima del hombro con una sonrisa enigmática. Al llegar al piso de urgencias, una mujer mayor corrió a abrazarla en cuanto la vio.
—¡Oh, Zafara! Pensé que no vendrías pronto. Estos jóvenes fueron los que me llamaron —la mujer señaló a mi hermano y a Emma, quien mantenía a Evan acurrucado contra su pecho.
—Hola. Un placer, Zafara Williams —se presentó la chica.
Emma y Eros la miraron con desconfianza. Rodé los ojos; si bien su aroma era inusual, mis hermanos no tenían por qué ser tan distantes con todo el mundo.
—Ella nos contará qué fue lo que sucedió, siempre y cuando ustedes cuenten su versión —dije, acercándome a Emma para ver a Evan. Tenía un semblante pálido, pero su naturaleza de cambiante lo ayudaría a recuperarse pronto.
—Glenda, el chico es amigo de Claire, pero esta tarde sucedió algo extraño —explicó Zafara. La mujer, Glenda, me observó con detenimiento y abrió mucho los ojos, como si reconociera algo en mí—. Ellos dicen que pasó algo con Claire y, además, mencionaron a Mijaíl.
Zafara pronunció ese nombre con cautela. Glenda pareció afectada de inmediato.
—¡Oh, Dios! Claire... ¿Qué fue lo que sucedió? ¿No le han dicho a nadie? —preguntó la mujer, visiblemente alterada.
—No —Emma se puso de pie, entregándome a Evan, e intentó tomar las manos de Glenda, pero ella las apartó bruscamente.
—Si intenta entrar en mis pensamientos o recuerdos, no lo haga. Conozco perfectamente el poder que emana de usted; lo he visto antes.
—Es mejor que vayamos a un lugar más privado —sugerí, cargando a Evan. Me acerqué a una enfermera y, con diplomacia, conseguí que nos prestaran una sala de reuniones para médicos—. Bien, ya estamos solos. Emma, cuéntanos qué pasó en el lago.
—Lamento si la hice sentir incómoda —le dijo Emma a Glenda—. Lo que ocurrió es difícil de explicar. Eros vio a Claire llegar al lago; lloraba a mares. Él fue a hablar con ella mientras yo escuchaba de lejos. Es una chica maravillosa, pero ella sintió algo que nosotros no. Yo pude haber sentido que el hielo se rompería, incluso Eros o Evan, pero ninguno lo previó a tiempo. Ella corrió hacia Evan antes de que escucháramos el crujido, pero ambos cayeron al agua.
—Claire es una chica muy especial —intervino Glenda, mirando a Zafara—. Tengo más años de los que aparento. Conocí a sus padres; ellos eran Elementales, y uno de ellos, un híbrido.
—¿Elementales? —pregunté. ¿Qué clase de criatura era esa?
—Ella es una mezcla de tres naturalezas diferentes; algo casi impensable —continuó Glenda—. Pero díganme, ¿qué más ocurrió?
—Cuando cayeron, el hielo volvió a su estado normal instantáneamente, como si nunca se hubiera roto —explicó Eros—. Tuve que golpearlo con fuerza para abrir un hueco. Al sumergirme, ella abrazaba a Evan y todo su cuerpo emitía una luz amarilla cegadora. Los saqué a ambos e intenté reanimar a mi hijo.
—Yo intenté darle de mi vitalidad —añadió Emma—, pero su cuerpo la rechazaba. Entonces su luz se tornó azul; abrió los ojos, puso las manos en la frente de Evan y toda el agua salió de sus pulmones. Ella se desmayó justo después de darle calor a mi niño. No lo soltó hasta que la ambulancia los separó. No sé qué fue lo que vi.
Zafara se acercó a Emma y sus ojos brillaron con un amarillo intenso.
—Eres una ninfa, descendiente de la Diosa de los Cambiantes y una loba. Tu poder es similar al de Claire, pero el de ella está atascado, aún no sale a la luz por completo. Claire es una Ondina, híbrida de Liminares y de Clarividentes. Sus padres le transfirieron sus dones antes de morir. Ella, al ser la mayor, recibió las tres partes. Su padre murió cuando ella tenía diez años. Ahora ella y los mellizos están bajo la custodia de Mijaíl, su padrastro, quien ha estado obsesionado con ella desde siempre.
Empecé a hacer cálculos mentales. Algo no cuadraba.
—Dijiste que le transfirieron el poder antes de morir. Claire tiene veinte años y su padre murió cuando ella tenía diez... pero los mellizos tienen apenas seis o siete años. ¿Cómo es posible?
—No más preguntas, niño —me cortó Glenda con una mirada gélida que me hizo callar—. Hay cosas que no se pueden decir, y esto no lo debe saber Claire. Tanto poder reprimido podría matarla si sale debido a la confusión o la ira. Solo el amor es seguro para ella. Por eso, muchacho, tienes que cuidarte: eres su igual y creo que ya lo sabes.
—¡Es tu mate! —exclamó Eros. Me sorprendió que Emma no se lo hubiera dicho—. ¿Y no pensabas decírmelo? Soy tu hermano, Aron.
—Apenas la conocí ayer —me defendí—. Quería establecer algo sólido con ella sin presionarla. Pensé que era humana...
—Y lo es —sentenció Glenda—. Lo seguirá siendo hasta que descubra su naturaleza. Tú serás el encargado de protegerla. Mijaíl no puede saber que es una Elemental; yo misma encubro los dones de los tres. Mijaíl siempre envidió al padre de Claire, Erik. Él era un cambiante sin manada que encontró a su igual, y la envidia lo consumió.
De las manos de Glenda surgieron imágenes borrosas hechas de aire.
—Erik era clarividente y vio la traición, pero Mijaíl logró casarse con la madre de Claire años después. Odia a esos niños por no ser suyos.
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Editado: 22.04.2026