Claire
Llegué a la cafetería por la mañana y mis hermanos ya estaban allí. Mijaíl me los entregó y me dio el día libre de mala gana; sabía que lo hacía solo porque la trabajadora social estaba presente, además de que Sara no nos quitaba el ojo de encima. Salimos a caminar al parque más cercano. Ver a mis hermanos jugar conmigo era uno de los pocos momentos de verdadera felicidad que había tenido desde que mi madre murió.
—Claire, ¿crees que nos podamos ir a vivir contigo? —preguntó Dylan.
Me puse de rodillas para abrazarlo, pero la trabajadora social se acercó de inmediato al escucharlo.
—¿Por qué querrías irte con ella? Mijaíl te quiere y te trata bien. Tu hermana no puede ni cuidarse sola, no ha luchado por ustedes en todos estos años y...
—¡Claire no es así! ¡Mi hermana sí nos quiere! —la interrumpió Christine con un gritito, con los ojos llenos de lágrimas. Me dolió verla así; ella era como yo, sensible, pero con un temperamento más fuerte. Odiaba verla llorar.
—¿Usted es una servidora social o una mujer que disfruta haciendo llorar a los niños? —la voz de Aron me hizo dar la vuelta. Mis hermanos lo miraron como si fuera un enviado del cielo.
—¿Y usted quién se cree que es para hablarme así? —desafió la mujer. Aron me ayudó a ponerme de pie.
—Soy Aron Black, amigo de la señorita y su abogado. Lo que me recuerda esto... —le entregó una carpeta con firmeza. Notó mi mirada de confusión y me dedicó una breve sonrisa—. Lo que tiene en sus manos es la citación a la corte para apelar por la custodia de los hermanos Ivanov.
—No permitiré que los niños se vayan con esta mujercita. Solo arruina los negocios de su padrastro y ni siquiera los visita...
—Tengo entendido que el señor restringe las visitas —la cortó Aron, acercándose a ella con una intensidad que la hizo retroceder—. Si quiere pelear, hágalo en la corte. No lo haré aquí, en un parque lleno de niños. Sea profesional.
La mujer guardó una distancia prudente. Parecía aterrada por la presencia de Aron.
—Aron, no debiste intimidarla tanto —susurré cuando se giró hacia mí. Por un segundo, sus ojos miel brillaron con un verde potente que me estremeció, pero al parpadear, habían vuelto a la normalidad.
—No la intimidé, cariño. Solo le dije la verdad —respondió con una sonrisa tierna. De pronto, su expresión cambió; tensó la mandíbula y miró hacia mis espaldas—. ¿Y esa quién es?
—Es Sara —suspiré al verla—. Mijaíl los deja con ella, o con Katrina y Karla. Estoy segura de que les hacen daño. El mes pasado Dylan tenía moretones y Christine llevaba una férula.
Aron Black
Me levanté a las cinco de la mañana. Eliot suele decir que mi bestia interior es poderosa, pero que mi mayor rasgo es la pereza. Sin embargo, hoy no había espacio para el descanso. Tras desayunar, el timbre de mi departamento sonó. Era temprano para visitas.
Al abrir, me encontré con Zafara y Jacob.
—Tenemos que hablar, nene —dijo Zafara entrando sin invitación—. Algunas pruebas que te entregaré estarán alteradas. Sé que es ilegal, pero Mijaíl está sospechando y Glenda dice que debemos actuar rápido.
—Si los niños están en peligro, no me importa el método —respondí. Pero tenía curiosidad—. ¿Cómo juegas con sus mentes de esa manera?
—No es algo de lo que me enorgullezca, pero es la única forma de que Claire encuentre el valor para luchar. Uso una poción sencilla en la comida de Mijaíl y de Claire, y una vez al mes en los niños. Solo así puedo moldear lo que ven sin romper su realidad.
Zafara hizo una demostración con Jacob, extendiendo sus alas de Águila Arpía y luego borrando su memoria con un simple movimiento de dedos.
—¡Basta de juegos! —intervine al ver que empezaban a discutir—. Tenemos que buscar a Evan e ir al parque.
Llegamos a los terrenos de la manada. Ser parte de la "realeza" de los cambiaformas siempre me ha resultado tedioso por las reverencias de los demás. Emma nos esperaba fuera de la casa del Alfa, pero su mirada hacia Zafara era de puro recelo.
—Ayer hubo avistamientos de un cambiaforma en las montañas —soltó Emma con frialdad—. Eliot investigó y las huellas tenían tu olor, Zafara.
—Yo no salí anoche —replicó Zafara—. No sé qué insinúas, pero te equivocas.
La tensión subió. Emma, cegada por una furia inusual, invocó raíces que atraparon a Zafara, hundiéndola en la tierra. Tuve que transformarme y rugir para detenerla. Jacob finalmente durmió a Emma con sus alas.
—Emma no está bien —dijo Zafara, emergiendo de la tierra cubierta de polvo—. Sentí algo extraño al tocar las raices. No era ella misma.
Zafara entró en una especie de trance, con los ojos totalmente negros, y comenzó a dar órdenes frenéticas.
—Llévenla lejos, a un lugar seguro. ¡Aléjenla de aquí! —me miró fijamente—. Aron, lleva a Evan contigo. Cuida a Claire y toma esto —me entregó un frasco con líquido azul—. Ponlo en las bebidas de Claire y los niños. Jacob, toma fotos de todo lo que veas.
Zafara decidió quedarse para investigar qué le ocurría a Emma. Eros estaba destrozado; sabía que su esposa nunca actuaría así por voluntad propia.
Jacob, Evan y yo subimos al auto. Media hora después, llegamos al parque. Vi a Claire hincada frente a su hermano y escuché a la trabajadora social soltar sus venenos. No pude contenerme.
Intervine como su abogado, entregué la citación y puse en su lugar a esa mujer. Cuando Claire me habló, noté que sus ojos grises cambiaron por un segundo a una mezcla de verde y azul fascinante.
—Evan se fue a los toboganes con tus hermanos —le dije, intentando calmar mis propios nervios.
—Son tan tiernos —sonrió ella. Ver ese brillo en sus ojos me recordaba por qué estaba haciendo todo esto.
Los niños se acercaron. Christine y Dylan se aferraron a mis piernas de inmediato, mientras Evan se ponía celoso al ver a Claire cargar a Dylan.
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Editado: 22.04.2026