Observaba a la loba con detenimiento. Su mirada carecía de brillo y su piel lucía más pálida que el día en que la conocí. Emma no estaba allí; algo más habitaba su cuerpo.
—¿Me dirás qué le sucede? —Eros me miró con miedo en los ojos—. Quedarte mirándola no me dará respuestas.
Bufé y volví a fijar mi vista en ella.
—Acabar todo fe? (¿Quién eres tú?) —le pregunté en la lengua antigua. Noté por su reacción que me entendía, y eso era una señal terrible. Sonreí para ocultar mi propio temor—. Ay ar escarba todo fe... ay don of bree (Ya sé quién eres... o eso quiero creer).
Una risa distorsionada, que no pertenecía a Emma, nos puso la piel de gallina.
—¿Quién es? —Eros dio un paso atrás—. No es mi Emma, ¿cierto?
Negué levemente mientras la figura de la mujer comenzaba a deformarse, transformándose en algo que solo había visto en libros prohibidos.
—Alguer Bor bree? ¿Crees que lo tienes? —la voz era un susurro gutural—. Te conozco, bruja. A ti y a la pequeña Claire. Cuídala bien, porque pronto vendrán muchos más como yo por ella.
Poco a poco, su cuerpo se convirtió en una versión grotesca del león de Eros, una masa de pelaje oscuro y ojos demoníacos.
—¿Te tocó? —le pregunté a Eros. Él estaba petrificado. No necesitaba responder; era obvio.
La bestia cargó contra nosotros con una velocidad sobrenatural. Nos agachamos justo a tiempo antes de que impactara contra el ventanal trasero, destrozándolo por completo al escapar hacia el bosque. Yo estaba en shock. Era un Tirintio.
—¡Dime qué demonios era eso! —Eros me zarandeó por los hombros. Sus manos ardían como brasas y sentí cómo me quemaban la piel. Me zafé de él, viendo la marca roja de sus dedos en mi antebrazo.
—Es un Tirintio. Un cambiaforma que puede tomar la forma de quien toca, incluso su versión animal. ¡Claire! Van tras Claire.
—¿Por qué la buscan? —Eros se hundió en una silla, desesperado—. ¿Y dónde está la verdadera Emma?
En ese momento, Eliot entró jadeando a la habitación.
—Encontramos a Emma cerca del arroyo... está inconsciente. ¿Qué pasó aquí?
—Eliot, olvida esto —ordené, recuperando la compostura—. Ve con Aron. Síguelo de cerca y no los pierdas de vista. Claire y los niños están en peligro. Jacob está con ellos, pero a lo que nos enfrentamos puede matarnos de uno en uno si nos descuidadamos.
—¿A qué nos enfrentamos? —insistió Eros.
Lo miré con seriedad. La respuesta era más grande de lo que podían imaginar.
—Es hora de que Claire sepa la verdad sobre su origen... y sobre el paradero de su padre.
Claire
Los niños disfrutaban de un helado mientras Aron y yo seguíamos perfilando el caso. De vez en cuando me quedaba embobada viendo sus hermosos ojos miel. Él fingía no darse cuenta de mis miradas, pero estaba segura de que disfrutaba el efecto que causaba en mí.
—Tienes que tener fe, Claire. Estas fotos serán el plato fuerte para ganar la custodia —decía él con seguridad.
—Últimamente, la fe es lo único que tengo —respondí, mirando a Dylan y Christine jugar con Evan—. Me alegra haberte conocido, Aron.
Estábamos afinando los detalles para la corte. Tenía miedo; si perdía, Mijaíl se aseguraría de que nunca volviera a verlos. Pero al verlos reír, mi miedo se transformaba en coraje.
—Estás un poco distraída —Aron tocó mi frente con delicadeza—. Y colorada, aunque no parece fiebre.
—Es que... hoy me siento diferente —confesé—. Siento que podría conquistar el mundo si quisiera.
—Podrías hacerlo —susurró él, recorriendo mi mejilla con sus dedos. Sentí un tropel de rinocerontes en el estómago.
—¡Claire es mía! —la voz de Dylan nos interrumpió. Mi hermanito alejó la mano de Aron con firmeza—. Mi mami dijo antes de ir al cielo que yo tenía que cuidarlas a ella y a Christine.
—Eres mi pequeño hombrecito —le sonreí, aunque se me apretó el pecho.
Aron me tomó la mano. Sus ojos miel ahora tenían un tono ámbar tan claro que parecía luz líquida.
—Jamás conocí a alguien tan decidida —me dijo—. Capaz de olvidarse de sí misma por los demás.
La puerta de la cafetería se abrió de golpe. Eliot Black entró alterado, acercándose a nosotros con paso firme. Apartó a Aron para hablarle en susurros, pero su lenguaje corporal gritaba urgencia.
—Claire, ¿quién es ese hombre? —preguntó Christine, sentándose donde antes estaba Aron.
—Es mi tío Eliot —respondió Evan con orgullo—. El hermano de mi papá y de mi tío Aron.
—¿Aron es tu novio? —soltó Christine.
—¡No! —Dylan respondió antes que yo—. Son solo amigos.
—Sí, somos solo amigos —confirmé, tratando de calmar la repentina curiosidad de los niños.
—Pues Katrina dice que si no me preparo para buscar un buen novio a los doce, terminaré solterona como tú —comentó Christine con una mueca de asco.
Aron se acercó nuevamente, con la mandíbula tensa.
—Esto sirve para el caso —dijo con voz sombría—. Esas declaraciones prueban el ambiente insalubre en el que viven.
Aron Black
Eliot me sacó de la mesa para darme las noticias que me helaron la sangre.
—Encontramos a Emma en el bosque. Lo que viste esta mañana no era ella. Zafara dice que esas cosas están buscando a Claire. Tenemos que llevarla a casa de la manada, a un lugar seguro.
—No dejaré que se la lleven —gruñí, mirando a Claire a lo lejos. Ella aún no sabía nada de su naturaleza, y el brillo de sus ojos se estaba desvaneciendo, como si presintiera el peligro.
Me acerqué a ella para despedirme. El ambiente se volvió pesado, cargado de una electricidad estática que me puso los vellos de punta.
—Tengo que irme, Claire. Algo ha surgido —le dije.
Ella asintió, pero en el momento en que Eliot extendió la mano para despedirse de ella, ocurrió. Los ojos de Claire se volvieron de un rojo ardiente, como brasas vivas. Su cuerpo se retorció y se desplomó. Fui más rápido y la atrapé antes de que golpeara el suelo.
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Editado: 22.04.2026