Aron Black
Al llegar a casa, el ambiente era un caos absoluto. En mis brazos cargaba el cuerpo inconsciente de Claire. Eliot iba tres pasos por delante de mí, buscando una habitación libre, pero al parecer teníamos visitas inesperadas y cada rincón de la casa estaba ocupado. No tuve más remedio que dejarla en mi propia habitación.
—¿Puedes decirme quién demonios está en casa? —le pregunté a Eliot mientras cerraba la puerta, intentando procesar por qué la mansión Black parecía un hotel en temporada alta.
—No lo sé. La bruja me pidió que fuera por ti en cuanto llegué. Hay cosas que nos están ocultando, Aron. Zafara guarda secretos, y algo tienen que ver con esa cosa que dejó a Emma tirada en el lago —asentí, dándole la razón. Teníamos que averiguar la verdad.
Al bajar a la sala de estar, esperaba cualquier escena, menos la que encontré: mi hermana April, la mujer más pacífica de la familia, estaba casi transformada y abalanzada sobre el menudo cuerpo de Zafara. La bruja parecía estar en un trance profundo, con la mirada perdida en una de sus visiones.
—¿Qué está pasando aquí? April, ¡suéltala! —exigí.
—¡Dile que lo repita una vez más para poder degollarla con toda mi buena intención! —gruñó April. Por la Diosa Luna, ¿qué le habría dicho Zafara para ponerla así?
—Emir, ¿qué sucede? —pregunté a mi cuñado. Él y Ezrra estaban en una esquina, aturdidos. Eso explicaba la falta de habitaciones; la familia estaba reunida y el aire vibraba con una tensión eléctrica.
—Ellos volverán por casualidad y su amor será puesto a prueba —las palabras salían de la boca de Zafara de forma robótica—. Ese día, el fantasma de un pasado que creían muerto resurgirá de las cenizas. Tendrán que ser más fuertes que esto...
Zafara parpadeó y volvió en sí. April retrocedió, choqueada.
—Se refiere a Jayden y Olivia —susurró Emir. Esos nombres provocaron un silencio sepulcral en la habitación.
—Ahora, ¿en qué problema me metí? Es la segunda mujer que intenta matarme hoy —dijo Zafara, frotándose el cuello.
—Tuviste una visión. ¿No puedes evitar tocar a la gente para no alterarla? —le dije, ayudando a April a sentarse.
—No funciona así, Aron. Puedo ver el futuro o el pasado de alguien con solo mirarlo, no necesito el contacto —entró en un breve trance y salió de él de inmediato—. ¿Claire está aquí?
Asentí. Emir miraba a Zafara con curiosidad científica.
—¿Eres una Clarividente? Había leído sobre ustedes, pero pensé que eran un mito o estafadores.
—Soy mucho más que eso —respondió ella, tocando la frente de April para dejarla sumida en un sueño profundo y reparador—. Basta de rodeos. Los Tirintios son el problema. Son coleccionistas de poder. Un simple toque les basta para robar la apariencia de un humano, pero si tocan a un ser sobrenatural, se vuelven una pesadilla. Roban sus habilidades y su forma. Uno de ellos tocó a Emma y a Eros, dos de los seres más poderosos que existen.
—Y Claire es la pieza clave —concluyó Luke, sentándose junto a Freiya.
—Claire, sin saber quién es, es el trofeo perfecto para ellos —Zafara miró hacia un punto fijo en el pasillo, con una expresión de extrañeza—. Y ahora que sabemos que es tu Igual, Aron, no podemos dejarla sola ni un segundo.
En ese momento, el estruendo de una puerta azotándose en la planta alta nos puso a todos en alerta máxima.
Claire
Imágenes fragmentadas golpearon mi mente: un león albino, una pantera, felinos de ojos brillantes y un lobo blanco. El dolor de cabeza era insoportable hasta que caí en un vacío.
Desperté en una habitación desconocida. No sabía si estaba despierta o soñando, pero todo se sentía extrañamente nítido. Caminé por pasillos amplios de puertas altas hasta que escuché murmullos al final de un corredor. Al asomarme, vi a Eros, sus hermanos y a Zafara discutiendo. Ninguno parecía notar mi presencia, lo que me confirmó que debía ser un sueño.
—...roban su apariencia, pero si se trata de un ser sobrenatural, se vuelven un peligro —decía Zafara—. Se les conoce como coleccionistas. Uno de ellos tocó a Emma y a Eros, el último de la realeza...
¿Seres sobrenaturales? ¿Realeza? Aquello sonaba a una locura de fantasía, pero el tono de sus voces era de un terror real.
—Y Claire es una pieza clave para ellos —dijo Zafara.
Al oír mi nombre, todos se giraron. Incluso Zafara miró directamente hacia donde yo estaba escondida. Sentí que podían verme. Vi a Aron fijar sus ojos en mí y, presa del pánico, eché a correr por donde vine. Me tropecé con algo, o con alguien, y una sensación de frío absoluto me envolvió antes de que todo se volviera oscuro otra vez.
Emir
Corrí por el bosque tras la silueta que había visto cerca de la casa. Parecía uno de los nuestros. Llegamos al lago congelado y la figura se detuvo.
—¿Aron? —balbuceé. Era él, o al menos su cuerpo, pero su olor era distinto y su mirada era pura agresividad. Recordé las palabras de la bruja: Tirintios.
Lancé un aullido para pedir refuerzos. El ser frente a mí retrocedió y, antes de que pudiera reaccionar, se abalanzó sobre mí con una fuerza devastadora. Me golpeó contra el suelo, rompiéndome varias costillas, y desapareció entre los árboles antes de que Eros y Ezrra llegaran a auxiliarme.
Aron apareció poco después, corriendo en su forma humana hacia mí.
—¡Me atacaste, Aron! —le grité mientras mi cuerpo empezaba a sanar.
—Yo no fui, Emir. Estaba en la casa —respondió él, confundido y alarmado.
Me subí a su lomo y regresamos a la mansión en tiempo récord. Zafara nos esperaba en la entrada con el rostro pálido.
—Claire no está —soltó ella en cuanto nos vio—. Se fue, Aron.
Aron se transformó en humano de inmediato. Nunca lo había visto tan furioso; sus ojos irradiaban un poder contenido que nos hizo retroceder a todos.
—No me des disculpas, Zafara —rugió Aron—. Te di la oportunidad de explicarme qué es mi Igual y te callaste. ¿Qué me ocultas ahora?
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Editado: 22.04.2026