Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

11

Aron Black

Zafara intentaba explicar el estado de Claire, pero creía que la verdad sería demasiada información para mí. Tenía a mi familia a mi alrededor, pero saber que mi Igual le había hecho daño a dos de los míos era un peso que me hundía el pecho.

—En eso te equivocas, Aron —soltó Zafara sin mirarme. Estaba leyendo mis pensamientos otra vez—. Claire tiene tanto poder acumulado que su mente se desconecta cuando ocurre. Esa parte de ella que lucha por salir causa desastres. Lo que pasó con Emir fue un accidente, y lo de Emma... ella no tuvo nada que ver.

—¡Cansado de explicaciones a medias! —exclamé, poniéndome de pie y acorralándola contra el sillón. Mi furia empezaba a filtrarse por mis poros—. Es mi Igual. Tengo derecho a saberlo todo, aunque me duela.

Zafara se encogió, pero finalmente cedió bajo la presión de mi mirada.

—Ella es una híbrida, Aron. Su parte de Ondina, Limníade y Clarividente son fuertes, pero lo que la vuelve un peligro real es que es un Tirintio. Fue marcada siendo muy pequeña para retener sus poderes. Si esa marca se activa por completo, solo hay dos caminos: o la Claire que conoces desaparece para siempre, o acepta su naturaleza sin dejarse arrastrar por la oscuridad. Y yo no quiero perderla.

—Entonces no la conocemos de nada —dije con voz ronca y lenta.

—Hay más —Zafara suspiró, rompiendo una promesa que parecía cargar desde hacía años—. Su padre... él ha buscado cómo romper esa marca por años.

—¿El padre de Claire está vivo? —pregunté, impactado.

—Sí. Les mentí a todos para protegerlo. El sello que puso su madre se está debilitando; ya no puede ocultar su rastro. Mijaíl no sabe lo que es ella realmente, pero sabe que es un Tirintio. Él tuvo lazos con ellos hace años y los traicionó por avaricia. Por eso la odia, por eso la teme.

—Claire no sabe nada de esto, ¿verdad? —Zafara negó con la cabeza—. Es suficiente, Zafara. Ella ya ha sido lo bastante valiente viviendo en esa mentira llena de dolor. Devuélvele a sus hermanos ahora mismo. Busquemos la forma de protegerla, empezando por decirle la verdad sobre quién es.

Mis hermanos me evitaban. Eliot y Eros cargaban con un remordimiento silencioso, como si me culparan por tener una Igual tan "complicada". Me senté en el patio a ver a mis sobrinos, intentando ignorar las vibraciones de mi teléfono. Claire me había llamado diez veces. No era su culpa, pero una parte de mí se sentía traicionada por el destino.

—No te comportes como un imbécil con ella —Emma apareció a mi lado, abrazándome—. Puedes oler su desesperación desde aquí, Aron. Devuélvele la llamada.

—Eros y Eliot me odian por esto —mascullé.

—Tus hermanos son unos idiotas. La Diosa te regaló una Igual única. Lucha por ella —Emma, en un arranque de autoridad divina, hizo que raíces y ramas brotaran del suelo, enredándome por completo—. Te quedarás ahí hasta que recuperes el juicio.

Pasé siete horas atrapado, viendo cómo oscurecía, hasta que mis sobrinos me ayudaron a liberarme. El castigo de Emma me sirvió para aclarar la mente: no me daría por vencido. Corrí a mi habitación justo cuando el celular sonaba de nuevo.

—¿Aron? —era la voz de Zafara, pero sonaba aterrada—. Estoy en el departamento de Claire. Está destrozado... y ella no está aquí.

El corazón se me detuvo. El tiempo se había acabado.

Claire

Abrí los ojos poco a poco. Estaba en el sofá de mi sala y la luz del mediodía me cegaba. Me sentía como si un camión me hubiera pasado por encima; cada músculo me gritaba de dolor. No recordaba casi nada después del parque.

Tomé mi teléfono: la una de la tarde. Tenía decenas de llamadas perdidas, pero ninguna de Aron. De pronto, unos golpes violentos sacudieron la puerta. Me tomó cinco minutos de agonía ponerme en pie para abrir. La puerta se estrelló contra la pared.

—¡Explícame qué significa esto! —rugió Mijaíl, arrojando la citación de la corte sobre la mesa.

—Lo que ves, Mijaíl —respondí, tragándome el dolor—. Quiero a mis hermanos de vuelta. Ya le entregué las pruebas a mi abogado.

En un parpadeo, sus manos se cerraron alrededor de mi garganta. Me levantó del suelo, cortándome el aire. Mis pulmones ardían y mi vista empezó a nublarse, hasta que me soltó con desprecio. Caí al suelo tosiendo violentamente.

—Retira la apelación —escupió él, pateando la mesa—. Y no te quiero cerca de la cafetería. Estás advertida, mocosa.

Se marchó azotando la puerta. Me quedé en el suelo, llorando de rabia y soledad. Llamé a Aron una vez más, pero volvió a desviar la llamada. En ese momento, algo dentro de mí cambió. El dolor físico desapareció de golpe, reemplazado por una calidez extraña que recorría mis venas.

Me puse de pie con una facilidad sobrenatural. Entré al baño, me deshice de la ropa sucia y me miré al espejo. Ya no veía a la chica asustada que Mijaíl podía pisotear. Si el mundo quería guerra, yo le daría una. Me arreglé en tiempo récord, sintiendo que la Claire que todos conocían se había ido para siempre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.