Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

12

Este capítulo expande la tensión y el misterio tras la revelación sobre la naturaleza de Claire, manteniendo la atmósfera oscura y el ritmo ágil de la narrativa de los Black.

Zafara

«HOLA ZAFARA, LO MÁS PROBABLE ES QUE CUANDO HAYAS VENIDO HAYA SALIDO DE PASEO. TE LLAMÉ A TI Y A GLENDA, PERO NO ME ATENDÍAN. HASTA LLEGUE A LLAMAR A ARON, PERO TAMPOCO ME CONTESTA. ESPERO LLEGAR ANTES PARA QUE NO VEAS ESTA NOTA. BESOS XO».

Miré la nota por un muy buen rato, apretándola entre mis dedos hasta que el papel se arrugó. Luego, volví mi vista hacia el desastre en la estancia de Claire. No era solo desorden; era el rastro de una lucha silenciosa. Tomé los documentos esparcidos por el suelo y vi que se trataban de la citación a la corte enviada a Mijaíl. Nada de esto tenía sentido: para mañana a esta misma hora, Claire tendría a sus hermanos de vuelta. ¿Por qué huiría ahora? ¿Por qué dejaría todo tirado?

—¿Qué sucede, Zafara? ¿Por qué todo este lugar está así? —Jacob se posicionó a mi lado, leyendo por encima de mi hombro—. Oh, vaya... creo que Claire tuvo una visita muy intensa.

—Y no estuve aquí. ¿Qué clase de guardiana soy si la persona a la que cuido le pasan esta clase de cosas? —dije, sintiendo una punzada de culpa. Salí del apartamento casi a tropezones—. Tenemos que buscarla. Le mandaré mi ubicación a Aron en tiempo real, aunque no debería. Estuvo ignorando a Claire después de jurar que estaría para ella.

—Debes entenderlo, Zafara. No es fácil para él —dijo Jacob, mirando los restos de la mesa de centro destrozada—. Para ninguno lo es. Solo creíamos que los cambiaformas éramos los únicos seres sacados de libros. No sabíamos que todo el "País de Nunca Jamás" existía. Esos seres, los coleccionistas... suenan realmente mal.

—No somos tan especiales —respondí con amargura mientras bajábamos las escaleras—. Que los libros se centren en nosotros no significa que las demás criaturas de los cuentos de hadas no existan.

—Una vez dijiste que los vampiros no existían —me recordó Jacob. Suspiré cansada.

—Sé que existen, pero odio que me pregunten si son como en Crepúsculo. Es ofensivo para su especie.

Jacob soltó una risa corta, intentando relajar el ambiente, pero mi mente estaba en otro lado. Eran las siete de la noche y no había tenido ni una sola visión. Nada que me indicara dónde estaba Claire. El rastro de su esencia estaba fragmentado, como si hubiera varias de ella en distintos puntos de la ciudad.

Llegamos hasta uno de los bares del muelle. El ambiente era una locura: música estridente, olor a alcohol barato y sudor. Claire nunca vendría a un lugar así por voluntad propia, pero Jacob insistía en que su instinto de rastreador percibía algo aquí.

Entramos al local y escaneé rápidamente cada rincón. Nada. Estaba a punto de darme la vuelta cuando la vi. Estaba sentada encima de una mesa, rodeada de hombres que la miraban con una devoción casi religiosa.

—¡Qué demonios! Llamaré a Aron, le diré que la encontramos —dijo Jacob, saliendo del bar para buscar señal.

Me abrí paso entre la multitud hasta quedar frente a ella. Claire hablaba con una fluidez aterradora, sin una pizca de su timidez habitual. Sus ojos estaban de un gris tan brillante que, al verlos de cerca, sentías que tu voluntad se desvanecía. La Ondina que se escondía en su interior estaba despierta, usando su belleza para encantar a esos hombres como si fueran marineros perdidos en el mar.

—Zafara, estás aquí —sonrió. Sus ojos eran dos pozos de luz hipnótica.

—¿Qué haces aquí, Claire? Te he estado buscando por todas partes.

Una risa cristalina y gélida, una que jamás le había escuchado, estalló de pronto.

—Te llamé a ti y a Aron. Nunca contestaron —su semblante se tornó serio de golpe. Vi cómo marcas rojas, como venas de fuego, comenzaban a serpentear por sus brazos—. Ninguno respondió. Ahora no tengo por qué escucharte.

La miré horrorizada. Sus manos estaban frías, pero su piel emitía un calor sofocante. En ese instante comprendí que estaba bajo un trance profundo; sus poderes estaban emergiendo de forma caótica, rompiendo el sello de Glenda a la fuerza.

—Claire, escúchame, tienes que venir conmigo...

—No —sentenció ella.

De un momento a otro, su imagen comenzó a distorsionarse, volviéndose borrosa como un reflejo en el agua agitada, hasta que simplemente se desvaneció frente a mis ojos, dejando solo el rastro de su risa en el aire.

—Oye, ¿y la chica que estaba aquí? —preguntó uno de los hombres, parpadeando confundido.

Gruñí molesta. Chasqueé los dedos y utilicé un conjuro de inmovilización para que todo dentro del local se detuviera. El tiempo parecía haberse congelado para los humanos allí presentes. Tenía que encontrarla antes de que los Tirintios lo hicieran, o antes de que Aron llegara y viera en lo que se estaba convirtiendo su igual.

—Maldita sea, Claire —susurré para mí misma—. ¿En qué te estás transformando?




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