Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

16

Claire

Miré a Zafara y ella me devolvió la mirada. En cuanto nos quedamos a solas, la atmósfera se volvió tan pesada que casi no podía respirar. Esto era una locura y yo estaba atrapada en la raíz de todo.

—Sí, Claire, esto es una mierda. Pero es la realidad —dijo ella antes de que yo pudiera abrir la boca—. Puedo leer esa cabecita tuya. Puedo hacer muchas cosas, igual que tú: leer mentes, crear pociones, hechizos, predecir el futuro... hasta convertirme en pantera. Bueno, eso último tú no, a menos que me toques y lo desees.

—¿Qué es todo esto, Zafara? —pregunté, sintiendo cómo el enojo superaba al miedo—. Hasta esta mañana era una mujer normal. ¿Ahora soy un ser sacado de un cuento de hadas? Y lo peor es que la persona que me gusta es el centro de este circo.

Zafara se puso de pie. Sus ojos se tornaron de un amarillo eléctrico y me acorraló en mi sitio.

—Aron no sabía nada hasta hace poco. Él quiso decirte la verdad, pero yo lo evité. Soy tu guardiana y fallé, Claire. Te hice fuerte de la manera incorrecta y ahora estás en peligro. Los Tirintios van tras de ti. Necesito que me digas exactamente qué viste en esa visión. Tus visiones son más completas que las mías; eres más fuerte que yo.

—Vi tres leones —respondí, tratando de estabilizar mi voz—. Uno negro, uno gris y uno blanco. Frente a ellos, un hombre rubio de ojos azules miraba fijamente a otro hombre... y yo estaba junto a ese segundo hombre.

—¿Cómo era él? ¿Había más cambiaformas? —preguntó ella con urgencia.

—Sí... un lobo blanco, una pantera, otros felinos. Pero lo que me preocupa es que yo parecía estar muy unida a ese hombre. Zafara... ¿algo hará que los traicione?

Zafara no respondió. En ese momento, Emile entró en la estancia, con el rostro encendido por la furia.

—¿Traicionarnos? —siseó Emile—. ¡Zafara, no dijiste nada sobre que esta mujer nos traicionaría! ¡Tú! Aléjate de nosotros, y sobre todo de Aron, si por tu cabeza pasa la mínima idea de traición.

La sola mención de alejarme de Aron encendió una chispa de furia que nunca antes había sentido.

—Emile, será mejor que te calles ahora mismo —advirtió Zafara mientras los demás miembros de la familia entraban en la sala.

—¡No me voy a calmar! Ella planea traicionarnos...

No la dejé terminar. Me acerqué a ella con una frialdad que no reconocí en mí misma.

—Escuchar conversaciones ajenas es de muy mala educación, señorita. ¿No se lo enseñaron en casa? Ah, claro... estaban demasiado ocupados centrando su atención en alguien más como para educarla a usted.

Aron

Esa no era mi Claire. Se veía imponente, peligrosa. Sus ojos grises tenían un matiz rojizo que denotaba una furia ancestral. Tomó a Emile del brazo y, ante mis ojos y los de Freiya y Luke, su apariencia empezó a cambiar.

—No hables de traiciones cuando tú cometiste la peor —le dijo Claire a Emile con una voz que helaba la sangre—. Intentaste matar a tu propia familia.

Frente a nosotros había dos Emiles: una aterrada y la otra fuera de sí. Claire parecía estar accediendo a recuerdos que no le pertenecían, verdades enterradas en la piel de los demás.

—¿Qué está pasando? —Eliot intentó acercarse, pero la energía que emanaba Claire era errática.

De pronto, el enojo en el rostro de Claire se transformó en un arrepentimiento desgarrador.

—Lo siento... —susurró.

Pero su poder ya no estaba bajo control. Una onda de choque invisible lanzó el cuerpo de Emile contra la pared y, acto seguido, Claire se desplomó. La atrapé antes de que golpeara el suelo y la recosté con delicadeza en el sillón. Había vuelto a su forma normal, aunque su piel aún conservaba un brillo tenue.

—Últimamente pasa más tiempo inconsciente que despierta —comentó Zafara tras un silencio sepulcral.

—Dejen de mirarla —ordenó la bruja—. Incluso inconsciente, su presencia afecta a cualquier ser vivo. Es una híbrida de dos elementales de ascendencia hada: agua y fuego. Eso atrae a lo humano que hay en nosotros.

—Nosotros somos seres sobrenaturales —replicó Eliot.

—Todos los seres sobrenaturales tienen una parte humana, Eliot. Si no, no conoceríamos la compasión ni la tolerancia —Zafara salió de la habitación, dejándonos en una tensión insoportable.

—¿Algo que decir, Aron? —preguntó Eliot con dureza—. Porque mi esposa está adolorida por culpa de tu... "noviecita".

Me acerqué a Claire y acaricié su mejilla, ignorando las miradas de juicio.

—Están siendo unos inmaduros —intervino April, poniéndose de mi lado—. En vez de apoyarlo porque encontró a su Igual, actúan como imbéciles. Ella está más asustada que nosotros.

—¡Atacó a Emile! —rugió Eros—. Esos Torintios son maldad pura, ¿y me dirás que ella no lo es? Mírala, Aron. Puede traernos la muerte.

Me puse de pie, encarando a Eros. El dolor de su desconfianza era un golpe más fuerte que cualquier ataque físico.

—Hermano —dije con una sonrisa amarga—, nunca he cuestionado tus decisiones, ni tu amor por Emma, ni tu poder. No vengas a menospreciar a alguien que ni siquiera sabe controlar lo que es. Estás ignorando su mirada de arrepentimiento porque tienes miedo. ¡No estoy buscando tu aprobación! —exclamé, haciendo que varios se sobresaltaran—. Se supone que somos una familia que se apoya, pero veo que yo no soy parte de este círculo.

—Aron, no seas estúpido —dijo Freiya.

—No, Freiya. Confié en ustedes. Me he desvelado por sus batallas, los he apoyado en sus peores momentos sin que me lo pidieran. Pensé que no tendría que pedir lo mismo a cambio.

Miré a Eliot, mi ejemplo a seguir, mi inspiración.

—Me has decepcionado, Eliot. Más que todos. Alpha —dije, haciendo una reverencia formal y fría ante Eros, marcando una distancia que nunca había existido entre nosotros.

Tomé a Claire en mis brazos. Estaba decidido.

—¿A dónde vas, Aron? —preguntó Emma, tocándome el hombro con tristeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.