Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

21

6 años, 11 meses y 13 días después...

Solo dieciocho días. El número se repetía en la mente de Aron como un mantra de guerra. Dieciocho días para volar a Grecia, para enfrentar un destino que llevaba una década gestándose... y dieciocho días para volver a verla a ella.

—¡¡¡ARON!!! —El grito de Christine lo sacó de sus pensamientos.

Aron subió las escaleras a una velocidad sobrehumana, abriendo la puerta de la habitación de par en par. Encontró a la pequeña señalando un rincón, temblando. Al seguir su dedo, vio una simple araña trepando por la pared. Con paciencia, la atrapó y la liberó por la ventana.

—Solo era una araña, princesa —dijo él, envolviéndola en un abrazo protector.

—No fue la araña lo que me asustó, Aron... Es que he visto esta escena en mi mente una y otra vez estos días. Me dio miedo la coincidencia.

Aron la apretó contra su pecho, ocultando su preocupación. Christine y Dylan tenían casi quince años. Al irse Claire, Aron, Dominik y Emir decidieron mostrarles su naturaleza para que no crecieran en una mentira absoluta, pero a medida que la adolescencia avanzaba, los dones de los gemelos —heredados de ese linaje híbrido— comenzaban a florecer.

—A qué le temes? —La voz de Dylan resonó desde la puerta.

El gemelo mayor observaba a Aron con una intensidad que incomodaba. Ese era el mayor problema: Dylan podía percibir los pensamientos y las emociones con una nitidez abrumadora.

—No es malo lo que les pasa —intentó tranquilizarlos Aron, forzando una sonrisa—. Mírenme a mí, soy un ser gigante cubierto de pelo. Ser diferente es nuestro fuerte. Ahora, prepárense; hay cena familiar en la casa grande.

Antes de salir, Aron miró a Christine con complicidad. —Dile a Evan que deje de colarse en tu habitación. Su aroma está por todas partes y mi olfato no perdona, aunque él sea poco listo para ocultarlo. Christine se puso roja como un tomate, confirmando las sospechas de Aron sobre el vínculo que crecía entre su sobrino y la pequeña peli roja.

La mansión de los Black respiraba una calma ficticia. Aron observaba a Evan y Christine; sabía que eran "Iguales", un lazo que la familia respetaba pero que a Aron, en su papel de protector, lo ponía de los nervios. Sin embargo, su atención fue desviada por Dominik, quien se acercó con el rostro sombrío.

—Eliot lo hizo de nuevo —susurró Dominik. Aron tensó la mandíbula hasta que sus dientes crujieron—. Golpeó a Emile frente a Emir. Todo se descontroló. Si no fuera porque Emile intervino, Emir habría enterrado a Eliot ahí mismo. Eros tuvo que transformarse para detener la masacre.

La copa de cristal en la mano de Aron estalló en mil pedazos. La sangre comenzó a brotar, pero su capacidad de regeneración ya estaba trabajando.

—Es mi hermano, Dominik, pero lo mataré —siseó Aron—. Es el último golpe que le permite. ¿Por qué ella no lo rechaza?

—Porque lo ama, Aron —intervino Eros, uniéndose a la charla—. Si lo rechaza, ella moriría de tristeza. Y tiene a sus hijos; no puede dejarlos solos.

La cena transcurrió con los adultos fingiendo normalidad hasta que los jóvenes se retiraron al cuarto de juegos. Entonces, la máscara cayó.

—Faltan dos semanas —anunció Emile, cuyo rostro mostraba un moretón que intentaba ocultar con el cabello—. Dos semanas para vivir en paz.

Luke y Freiya confirmaron que sus manadas ya estaban posicionadas en Grecia. Ezrra y April partirían pronto. El plan estaba trazado: los guerreros al frente, mientras Lena y Sasha protegían a los niños en casa.

—¿Realmente mataremos a esa gente? —preguntó Emma con un hilo de voz.

—Están consumidos por la maldad, Emma —respondió Dominik—. Si tenemos misericordia ahora, esclavizarán al mundo después. No hay opción.

La conversación giró hacia Dominik y su pasado. Por primera vez, se sinceró sobre por qué nunca llamó "madre" a la mujer que le dio la vida, ni "padre" a Carl. El odio por su destierro lo había cegado, alejándolo de su familia en sus momentos más importantes.

—No merezco llamarla así —concluyó Dominik con amargura.

—No es justo lo que dices —Christine apareció en el umbral, enfrentando a su hermano mayor—. Te mereces llamarlos mamá y papá. Cometiste errores, pero estás aquí, arriesgando tu vida por nosotros.

Aron intentó llevarla de vuelta con los demás, pero Dylan apareció detrás de ella, con la mirada de alguien que ha visto demasiado.

—Ya dejen de ocultarlo —dijo Dylan con firmeza—. Escucho cada pensamiento en esta habitación. Sé que tienen miedo de morir. Sé que Claire se fue para protegernos. Dejen de tratarnos como niños; sabemos lo que pasará en Grecia desde hace un año. Sean fuertes, porque ustedes son lo único que nos queda.

Los gemelos se dieron la vuelta y se marcharon, dejando a los adultos en un silencio sepulcral. Aron sintió un vacío en el estómago. Sus "niños" habían crecido en las sombras de una guerra inminente, y ahora, con la Luna de Sangre a la vuelta de la esquina, ya no había lugar para las mentiras.

Solo quedaba la batalla. Y, con suerte, el reencuentro.




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