Sol De Medianoche... Luna De Sangre - Libro ll

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5 Días: El Peso de las Promesas

Me encontraba en la penumbra de la estancia. Estos últimos días habían sido un caos absoluto; mi paciencia pendía de un hilo y me sentía más irritante de lo que cualquier persona podría tolerar. Por eso salía al alba y regresaba entrada la noche; los chicos no merecían que mi tormento interno los afectara.

Escuché pisadas suaves. No necesité girarme para saber quién era.

—¿Se marcharán mañana? —Dylan se sentó a mi lado. Ambos nos quedamos mirando por la ventana—. No respondas, ya sé la respuesta.

—Han crecido mucho, Dy. A veces no sé cómo logré que se convirtieran en lo que son hoy —confesé, más para mí mismo que para él.

—Sus dones han avanzado, Aron. Para Christine es cada vez más fácil interpretar sus visiones, y yo... bueno, soy un experto leyendo mentes —hizo una pausa y se giró hacia mí con seriedad—. Si tanto te afecta verla, no vayas. Es mi hermana, lo entiendo y la amo. Te agradezco que nunca nos hayas hablado mal de ella, pero si este reencuentro va a destruirte emocionalmente, quédate.

Traté de descifrar su mirada, buscando algún rastro de duda.

—Chris ha estado más preocupada por ti de lo normal —continuó él—. Te extraña, al igual que extraña a Claire. Pero si ella ya tomó su lugar al lado del enemigo, no hay nada que podamos hacer.

—Tengo que ir, Dy. Tengo que verla con mis propios ojos —mi voz sonó ronca—. Quiero que me diga a la cara que ya no hay futuro para nosotros. Quiero que me mire y me diga que ya no los quiere. He sido fuerte todos estos años por ustedes dos, y te prometo que seguiré siéndolo después de lo que ella tenga que decirme. Pero necesito la verdad.

Dylan asintió lentamente, volviendo su vista hacia el cristal.

—¿Será difícil detenerlos?

—Si no lo hacemos, el Clan Tirintio traidor se volverá imparable. Su objetivo es erradicar la vida humana y subyugar a la sobrenatural. Quieren que el mundo les pertenezca, esclavizando manadas y destruyendo cualquier clan que se interponga. Y la Luna de Sangre es el momento perfecto para su ataque.

—¿Cómo van a detener a alguien con tanto poder? —preguntó, y pude notar el cansancio en su voz.

—Sabemos lo de la Luna de Sangre; eso nos da ventaja. Nuestros dones y habilidades serán el triple de fuertes ese día. Hay que pelear, Dylan. Pelear por lo que tenemos y por lo que amamos.

—Ella también será más fuerte —susurró Dylan, y el temor finalmente asomó en sus palabras—. Si ella intenta lastimarlos...

—Sería una idiota si lo hiciera —corté de inmediato.

—Oye, amigo —me puse de pie, extrañado por su tono—. Nunca he intentado ponerte en su contra. ¿A qué viene esa forma de hablar?

Dylan se levantó también, enfrentándome.

—Mi problema es que ella debió quedarse aquí. No tenía por qué exponerse de esa manera. Ahora siento que... que verdaderamente perdimos a la Claire que conocíamos. Tengo miedo, Aron. Tengo miedo de que ya no quede nada de ella.

Lo tomé por los hombros y lo atraje hacia mí en un abrazo firme.

—Ella volverá a nosotros, Dy. No importa cuánto miedo tengamos ahora. Ella volverá.

Llegó el momento. Los que quedábamos en la casa nos reunimos en la estancia con los niños y Lena para las despedidas. Emma y Emile se esforzaban por contener la emoción, queriendo grabar en la memoria de los pequeños cuánto los amaban.

—Prometan que volverán —pidió Chris, con los ojos anegados en lágrimas—. No quiero que se vayan. Ya perdí a Claire, no puedo perderlos a ustedes también.

Eros se acercó y la envolvió en un abrazo protector. —Tranquila, pequeña. Volveremos. No tengas miedo de lo que pueda pasarnos, ¿está bien?

Tras recordarle a Sasha que debía permanecer oculta con el resto de la manada en el refugio seguro, nos marchamos. El trayecto al aeropuerto fue una tortura silenciosa, solo interrumpida por la voz de Emile.

—Se dice que, antiguamente, los Torintios intentaron algo similar, pero solo es una leyenda —comentó para aligerar la tensión—. Según el mito, un Torintio que busca el poder absoluto nunca podrá ganar.

—¿Dónde leíste eso, Emile? —preguntó Dominik.

—Supongo que en algún lado. No logro recordarlo con exactitud —se encogió de hombros—. Últimamente he pasado mucho tiempo en la biblioteca antigua; no sabía que el padre de los Sanabria guardara tantos secretos allí.

—¿Quieres devorar cada libro de ese lugar? —le pregunté—. ¿No crees que es demasiado?

Sus ojos brillaron en un dorado puro, señal de que el tema la apasionaba. —En esa biblioteca reside hasta el secreto más oscuro de los seres sobrenaturales, Aron. Llevo siete años desentrañando sus misterios. Nunca en la vida vuelvas a decir que algo es "demasiado" para mí, y mucho menos si se trata de libros.

Dominik y Eros rompieron a reír, aliviando momentáneamente el ambiente. —Emile: 1. Aron: 0 —se burló Eros—. Cuñada, ¿te he dicho alguna vez que te admiro?

—No —respondió ella con una mirada triste pero firme—, y no quiero que lo hagas ahora. Me lo dirás cuando regresemos a casa a salvo. Si me lo dices en este momento, lo sentiré como una despedida.

Esa era la fuerza de las mujeres de mi familia: podían quebrarse, pero siempre terminaban el día con la cabeza en alto.

—Nadie se está despidiendo —sentenció Emma, tomando la mano de Eros—. Venceremos juntos. Saldremos de esta.

—Claro que sí —añadió Dominik con una sonrisa cínica—. Porque, créanme, no se librarán de mí tan fácilmente.

—¿Aún tenemos que soportarte? —bromeé.

—Sí —respondió él, volviendo a la seriedad—. Recuerda que eres el Igual de mi hermana menor, Aron. Estamos unidos para toda la vida.

Esa fue la última palabra antes de llegar a la terminal. El viaje sería largo, pero nuestras mentes ya estaban en Grecia. Estábamos preparados para todo, incluso para lo impensable.




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