-Señorita Clark, por favor pase. El señor Park la está esperando.
Julia se puso de pie sin apresurarse. Había otras mujeres aguardando entrevistas, algunas revisando nerviosas sus currículums y otras acomodándose el cabello frente a la pantalla negra de sus teléfonos, pero ella no compartía esa ansiedad.
No porque estuviera segura de conseguir el puesto.
Simplemente, porque ya no habían demasiadas cosas capaces de ponerla nerviosa.
Siguió a la jefa de recursos humanos a través del edificio de Gasu Talent, observando las paredes de vidrio oscuro, los pisos impecables y el movimiento elegante de empleados vestidos como si formaran parte de una revista de negocios.
El lugar olía a café recién molido y sándalo. Sumamente lujoso, extremadamente frío e impersonal. Curiosamente, no le molesto sino por el contrario, le agradó que así fuera.
Mientras caminaba, Julia deslizó distraídamente los dedos hacia la cadena de oro que llevaba bajo la camisa. El metal frío descansó contra sus dedos unos segundos.
Todavía seguía allí, cinco años después. Sin embargo, decidió soltar la cadena antes de que el recuerdo pudiera arrastrarla otra vez.
-¿Primera vez en Corea? -preguntó la mujer de recursos humanos.
-Sí.
-¿Qué le parece Seúl hasta ahora?
Julia observó las ventanas gigantes del edificio, el tránsito ordenado, las personas moviéndose con rapidez casi coreografiada.
-Muy distinta a lo que imaginaba.
-Eso suele decir la gente.
La mujer sonrió apenas antes de detenerse frente a una oficina.
PARK HYUN DIRECTOR COMERCIAL
-Puede esperar aquí.
Julia hizo una pequeña reverencia antes de entrar.
La antesala era amplia y elegante. Había flores frescas sobre un escritorio blanco, una cafetera de diseño italiano y una secretaria que parecía salida directamente de un k-drama.
La joven se puso de pie enseguida.
-Buenos días. Mi nombre es Kim Minji, soy la secretaria del señor Park.
- Buenos días, soy Julia Clark.
La sonrisa de la joven vaciló apenas.
-¿Clark?
-Sí.
-Vaya… eso será interesante.
Julia levantó apenas una ceja.
-¿Perdón?
-Nada importante -dijo Minji rápidamente. El señor Park la recibirá enseguida.
Julia tomó asiento.
Su mirada recorrió la oficina mientras intentaba convencerse de que aquello tenía sentido.
Porque objetivamente, no lo tenía. Había abandonado en Estados Unidos un puesto que muchísimas personas habrían matado por conservar.
Allí ella era la Directora comercial, alguien con un buen salario,apartamento propio, y estabilidad.
Y aun así había tomado un avión hacia Corea del Sur para presentarse como secretaria ejecutiva en una empresa de entretenimiento.
Sus padres probablemente creían que había perdido la cabeza. Quizás con razón. Pero quedarse también se había vuelto imposible.
Todo en su antigua vida estaba contaminado. Las calles. Los restaurantes. Las rosas rojas. Los silencios incómodos de la gente cuando mencionaban a Peter.
Habían pasado cinco años desde la noche en que él no llegó al restaurante.
Cinco años y todavía seguía sintiendo que una parte de ella había quedado atrapada allí.
Esperándolo.
-¿Nerviosa?
-No, para nada- confesó Julia.
-Haces bien, cuando yo tuve mi entrevista estaba tan nerviosa que por poco olvido mi propio nombre, pero este es un lugar excelente para trabajar.
Tenemos bonus, un resort de la empresa para quienes gusten vacacionar ahí, tickets para el transporte, seguro médico, buen salario y todo el café que puedas tomar.
Julia la miró con una nota de descrédito, si el lugar era tan bueno, ¿por qué se iba?
-Te estarás preguntando: ¿ por qué me voy’- dijo la mujer levantando la vista como si hubiera adivinado su pensamiento- bueno, me voy porque Haeun nacerá en dos meses, y mi esposo no quiere que siga trabajando.
-¿Hae eun?
-Mi bebé- dijo poniéndose de pie para mostrarle su casi inexistente pancita.
-¡Cielos, no me di cuenta de que estabas embarazada! Felicitaciones.
-Eres muy gentil, pero la realidad es que engordé 15 kilos.
-¡Vaya!- fue todo lo que Julia pudo decir, antes de que el intercomunicador sonara, y Kim Minji la hiciera pasar
La oficina del Director Comercial era incluso más elegante que la antesala. Un ventanal gigantesco mostraba Seúl extendiéndose bajo ellos como una maqueta perfecta.
El hombre detrás del escritorio se puso de pie apenas la vio.
-Señorita Clark. ¡Qué gusto volver a verla.!
Julia tardó unos segundos en reconocerlo.
Luego recordó.
-Yellowgreen. El contrato de Los Ángeles.
Park sonrió.
-Exactamente.
Ella estrechó su mano.
Park Hyun era atractivo de una forma peligrosamente amable. Sonreía mucho, hablaba con facilidad y parecía el tipo de hombre capaz de caerle bien a cualquiera en menos de diez minutos.
Julia ya conocía ese tipo de hombres.
Y sabía que solían ser problemas.
-Por favor, siéntese.
Julia sonrio ligeramente y tomó asiento.
-Debo admitir que me sorprendió mucho recibir su solicitud - dijo Park revisando algunos documentos. Richard Glenn prácticamente habló maravillas de usted.
-Richard exagera.
-No lo creo. Los contratos que manejó con nosotros fueron impecables.
Julia sonrió apenas.
Park levantó la vista, cambiando su expresión natural de amabilidad por la de seriedad
-Debo preguntarle algo.
-Adelante.
-¿Por qué alguien con su experiencia querría abandonar un puesto directivo para convertirse en secretaria?