-Tu secretaria nueva es un poco torpe.- dijo August Clark mirando a Park
-¿Julia? Para nada, ella es perfecta, sumamente eficiente, solía ser la directora comercial de Creative Agent en Estados Unidos.
-¿Directora comercial? ¿ y por qué demonios…? No me digas que es una…
-Lamento informarle a tu ego que ella no tenía ni idea de quien eras tu.
-¿Y entonces por qué se vino a Corea a trabajar en un puesto de secretaria?
-Es un historia muy triste. Su ex CEO me lo contó en reserva.
August lo quedó mirando sin decir nada, pero esperando que le contara el por qué.
Park dejó dejó de comer y suspiró.
-Tienes que evitar comentarlo, en especial a ella.
-¿Acaso luzco como una adolescente que va a salir a hablar sobre la vida de sus empleadas?
-De acuerdo. Richard Glenn me contó que hace unos años asesinaron al novio de Julia.
-¿Lo asesinaron?
-Un hecho de inseguridad, justo cuando él la había citado en un restaurante para proponerle matrimonio.
-Ya veo- dijo August sin mostrar la menor pizca de compasión.
-Richard me dijo que ella quedó muy afectada, y que no soporta que le tengan lástima.
No soporta que le tengan lástima. Fueron las palabras que resonaron en la mente de Clark.
-Cinco años después ella sigue llevando el anillo colgado en el pecho- dijo Park para luego volver a comer.
August no dijo nada, por un momento se quedó contemplando su propio trauma, y sintió que con aquella desconocida tenían un punto en común: odiaban que les tuvieran lástima.
Cinco años. La mayoría de las personas siguen adelante mucho antes. Pensó
Curiosamente, eso no le parecía algo digno de lástima. Le parecía agotador.
El resto de la semana pasó con mucha más comodidad que el primer día. Julia era independiente a la hora de hacer su trabajo y no necesitaba que su jefe le estuviera diciendo que hacer, lo que para Park fue casi como un bálsamo.
Su antigua secretaria, si bien eficiente, era sumamente insegura, y siempre le consultaba todo. Incluso cuando su marido le propuso matrimonio, le preguntó a todos qué les parecía la idea, antes de aceptar.
Julia era totalmente diferente, no precisaba consultar constantemente y sabía tanto o más que él sobre la redacción y corrección de contratos para jóvenes talentos.
-Julia, estoy muy contento de tenerte a bordo, literalmente me has salvado la vida esta semana. Espero que el trabajo no sea muy agotador.
-Para nada, me alegra trabajar, me distrae.- dijo tocando la cadenita que siempre llevaba en el cuello.
-¿Te distrae?
-Sí.
-¿Entoncés que piensas sobre un poco de distracción extra?
Como Park vio que Julia lo miró con cara de incertidumbre ,pasó a explicarle que tenía unos contratos por revisar pero que aún no le había dado el tiempo.
-Puedo revisarlos hoy mismo si quieres.
-¿Harías eso?.
-Sí.
-Fantástico, pero no puedes llevártelos, tienes que revisarlos aquí. August es un tanto paranoico con respecto a la filtración de datos.
-No hay problema, me quedaré y mañana los tendrás en tu escritorio.- dijo Julia sonriendo.
Julia tomó los contratos y se los llevó a su escritorio para revisarlos ni bien terminara con su trabajo. Y cuando comenzó a hacerlo, todos se estaban yendo.
-¿Estas segura de que puedes con eso?- preguntó Park
-Sí claro.
-Puedo quedarme contigo una hora más.
-No es necesario.
-De acuerdo, iré a prepararme para mi cita. Si precisas algo no dudes en llamarme.
-Tranquilo, tu ve y diviértete.
-Si insistes, no tendré más opción que hacerlo- dijo Park con una sonrisa antes de retirarse.
Julia se quedó sola en ese lugar que por la noche parecía cobrar otro aspecto, el de un edificio iluminado por las vibrantes calles de Seul.
Calles en las que los carteles brillaban, las parejas caminaban tomadas de la mano y la vida continuaba. Donde todo parecía prometer diversión y jovialidad.
Dos cosas que hacía tiempo Julia no sentía. La diversión había acabado el día que su novio murió.
Desde ese día eligió no salir, a no ser por compromisos laborales.
Su juventud también pareció desvanecerse. Irónicamente era como si el tiempo se hubiera detenido mientras los años seguían pasando.
“Ya tengo 28 años, ya no voy a casarme ni a tener hijos”, solía decirle a todo aquel que se atrevía a preguntarle cuándo formaría una familia.
El mundo había seguido avanzando.
Sus amigos se habían casado, algunos tenían hijos.
Otros compraban casas, hacían planes y construían futuros. Mientras tanto, ella había permanecido quieta, como si una parte de sí misma siguiera esperando que Peter apareciera por la puerta.
Julia desvió la mirada durante unos segundos y suspiró. Desde que había entrado a trabajar a Gasu Talent se sentía viva pero no feliz. De todas formas, ya había renunciado a ese sentimiento.
-La felicidad esta sobrevalorada, será mejor que te concentres- se dijo leyendo atentamente uno de los contratos.
Pasó unos minutos leyendo atentamente y anotando los errores que encontraba cuando de la nada sintió a alguien detrás de ella, y se sorprendió al encontrar a August observándola con atención.
Estuvo a punto de ponerse a gritar y arrojar los papeles, y solo no lo hizo por que la reacción a la sopresa no fue instantanea.
-¿Qué hace a esta hora aquí?
-Revisando unos papeles- respondió ella fingiendo calma.
-¿Por qué no lo hizo durante el horario de trabajo?- preguntó él acercandose más para ver con precisión lo que ella estaba haciendo.
-Por que no me dió el tiempo- respondió ella sintiendo que la piel se le erizaba por la cercanía de ese hombre.
Detestaba sentirse así, él era tan expresivo como un muro de concreto, pero al mismo tiempo hacía que se pusiera nerviosa como cuando un profesor en el secundario se acercaba a su pupitre para controlar su tarea.