Luego de la cena en la casa de August, Julia no pudo parar de preguntarse qué había sido eso.
Su mente le estaba jugando sucio, repitiendo una y otra vez el beso.
La forma en la que la había mirado, la manera en la que había pronunciado su nombre, la protección de sus brazos, sus labios. Todo, absolutamente todo.
Cuanto más intentaba borrar lo que había pasado, con más fuerza regresaba.
Y con la misma fuerza, llegó la culpa. Estaba traicionando a Peter, el hombre que había dado su vida por proponerle matrimonio, su único novio, su único amor.
Cerró los ojos con fuerza, quería sentirse triste, llorar, aferrarse a su recuerdo como había hecho durante los últimos cinco años. Pero cada vez que intentaba pensar en Peter, aparecía August.
Su mirada, sus manos y el calor de su cuerpo.
El hombre que se había escudado detrás de la profesionalidad, pero que esa noche, había provocado que los labios de Julia se encendiesen con una pasión que nunca había llegado a conocer.
Ese hombre distante y frío, se había transformado en un volcán capaz de derretir todo a su paso.
Frustrada, Julia soltó un gruñido y se cubrió el rostro con una almohada.
Esto no puede estar sucediéndome- pensó.
Había pasado casi toda la noche intentando convencerse de que aquello probablemente no había significado nada, que había sido un error.
Un momento de vulnerabilidad, un desliz consecuencia de haber tenido que brindar varias veces. Pero cuánto más intentaba persuadirse, más dificil se le hacía creer en sus propias excusas.Gruñó frustrada nuevamente, y se levantó.
Miró el reloj y vio que eran las cuatro de la mañana.
-Fantástico, de todas formas ¿quién precisa dormir?- se dijo yendo y viniendo de un lado al otro del pequeño apartamento.
Miró la mesa donde tenía su celular, lo tomó y desbloqueó y se quedó mirando la pantalla como esperando encontrar una respuesta. Era como si esperara que mágicamente apareciera algo que le hiciera encontrarle sentido a todo eso. Sin embargo, su pantalla seguía vacía.
No había mensajes, notificaciones, nada, solo el reloj encima de la pantalla cambiando de minuto en minuto.
Julia dejó el teléfono sobre la mesita de noche y volvió a acostarse, pero en ese exacto momento una pregunta se le pasó por la mente:
¿Qué iba a hacer cuando volviera a verlo?
Cuando terminó el fin de semana y tuvo que regresar a trabajar, Julia consideró fingir que estaba enferma, pero luego de pasarse horas debatiendo internamente qué hacer, se presentó a trabajar como de costumbre.
Por un lado quería evitarlo, y por otro, el lado que gritaba por afecto, quería volver a sentir sus labios sobre los suyos.
Apenas llegó a la oficina, Julia sintió que el corazón le daba un vuelco. Al entrar a la antesala donde ella estaba ubicada ,vio que la oficina de August estaba cerrada.
Suspiró, tomó coraje pero solo se quedó mirando la puerta sin atreverse a golpear.
De repente sintió que alguien se acercaba, y antes de que pudiera darse vuelta escuchó la inconfundible voz de Jiho.
-Buen día Julia.
-¡Jiho, regresaste!. ¿Cómo estás?
-Estoy mucho mejor, ¿ y tú cómo estás luego del incidente?
-Yo...bien.- dijo jugando con sus dedos nerviosa.
-¿Y cómo estuvo la cena?
-¿La cena…? Mmm… bien.
- ¡Vaya!, te veo más nerviosa hoy que el primer día.
-No es nada.
-Si te preocupa qué va a pasar de ahora en adelante, te cuento que el jefe me dijo que tu vas a quedarte aquí mientras a mi me va a mandar a reemplazar a Park Hyun.
-¡Cielos me alegro por ti! ¡Felicitaciones!.
-Bueno, va a ser temporal. ¿No te molesta?
-¿Molestarme?
-Es que tu venías trabajando con él y…
-Jiho, mi nerviosismo no tiene nada que ver con eso. Es… personal.- dijo ella finalmente.
-Ahhh ya veo. ¿Pasó algo en la fiesta?
-¿En la fiesta? No… nada… ¿por qué habría pasado algo?- preguntó Julia casi tartamudeando.
-Bueno,entonces me iré a ver con qué me encuentro.
-Jiho… si precisas algo solo dime.
-Gracias- dijo yéndose.
Julia volvió a armarse de coraje y se acercó a la puerta.
Levantó la mano dispuesta a golpear, pero antes de que pudiera hacerlo, la puerta se abrió.
June salió primero sosteniendo una carpeta.
Julia intentó ocultar su sorpresa, pero le resultó imposible. June era prácticamente una desconocida para ella, aunque había algo que sí sabía: parecía enamorada de August
- Julia... buenos días.
-Buenos días- dijo Julia automáticamente.
Detrás de June apareció August, impecablemente vestido como de costumbre.
Su mirada se cruzó brevemente con la de Julia, pero pronto volvió a mirar a June solo para decirle que la vería después del trabajo.
-Perfecto, te espero- dijo ella.
Julia sintió como si le hubieran arrojado un balde de agua helada.
August no solo no la había saludado, había actuado como si no estuviera ahí.
Después de años intentando pasar desapercibida, Julia se sintió como un fantasma, y la sensación no le gustó ni un poco.
Él la había ignorado completamente y para empeorar las cosas, al regresar volvió a encerrarse en su despacho.
Julia se puso a revisar contratos, a revisar la agenda y a contestar llamadas.
Intentó no pensar, no mirar cada cinco minutos la puerta del despacho de August, pero no pudo evitar hacerlo y maldecirse por lo tonta que había sido.
Por supuesto, ¿qué estabas esperando?. Ese hombre no tiene ni un gramo de sangre corriéndole por las venas. Fuiste una tonta, una verdadera tonta. Pensó intentando contener algo que se le había formado en el pecho y amenzaba con hacerla llorar.
-Seguramente se arrepintió, de seguro lo hizo para tranquilizarme- murmuró para sí mientras miraba la puerta.
Volvió a dirigir su atención a los contratos que estaba revisando, y de la nada un pensamiento cruzó su mente: