Los días siguientes fueron insoportablemente monótonos.
August volvió a ser el jefe distante al que Julia estaba acostumbrada, y ella a ser la señorita Clark.
Él ya no la trataba de tú, y el intercambio entre ambos era exclusivamente profesional, de hecho, parecía como si acabaran de conocerse. Como si aquella cena en casa de sus padres jamás hubiera existido, y el beso hubiera sido producto de su imaginación.
Todo se reducía a:
-Buenos días.
-Gracias.
-De nada.
-Puede retirarse.
Ya no habían miradas prolongadas ni mucho menos sonrisas. Lo único que parecía importar era el trabajo y, contra todo pronóstico, esa distancia le dolía más a Julia de lo que estaba dispuesta a admitir. Tanto que el anillo que August había recuperado, aún estaba en la pequeña caja de terciopelo en la que se lo había devuelto.
Había intentado volver a ponérselo más de una vez, pero el resultado siempre era el mismo, lo miraba, lo ponía en la cadena y terminaba devolviéndolo a la caja.
Era como si algo en ella se negara a hacerlo, como si le pesara una tonelada, no solo por lo que representó, sino por lo que seguía representando: O bien regresar a un compromiso que no se había concretado, o tomar una decisión que no sabía si podía tomar.
Para empeorar las cosas, Park se estaba tomando muy en serio su casamiento express y luna de miel, mientras ella estaba atada a August.
A pesar de eso, todo cambió cuando de la nada la hermana de August la llamó y le pidió que fuera a su casa.
-¿A tu casa?
-Sí, preciso tu ayuda.
-De acuerdo, cuando termine mi horario iré a verte.
-Muchas gracias, sabía que podía contar contigo.
Luego de terminar la conversación, Julia siguió trabajando hasta que fue la hora de terminar.
Julia comenzó a juntar sus cosas y a dejar en orden su escritorio para el otro día, pero antes tenían que preguntarle a August si precisaba algo más, por lo que suspiró y golpeó la puerta de su despacho.
-Pase- dijo él desde dentro.
-¿Precisa algo más?
-Sí.- dijo él sin levantar la vista de su celular.
-Dígame.
-¿Ya recogió sus cosa?
-Sí, pero no tiene importancia si precisa que me quede, lo haré.
-Por supuesto que lo hará, soy su jefe y si le pido algo usted debe obedecer. Lo que no es parte de su trabajo es ir a ver a Eliza, ya se lo expliqué a mi hermana.
-¿Lo sabe?
-Claro que lo sé, y cómo le dije, usted no tiene por qué ir a verla.
-Lo sé pero quiero hacerlo.
-¿Está segura?
-Claro que estoy segura- respondió Julia cruzándose de brazos.
-Entonces vamos.
-¿Vamos?
-Sí, a casa de mis padres.
-No hace falta que me lleve, puedo ir en taxi.
-No.
-Pero, no quiero causarle molestias.
-No las causa.
August tomó las llaves del auto y permaneció unos segundos inmóvil, como si estuviera decidiendo si decir lo que realmente pensaba.
Finalmente suspiró.
-Después de lo que ocurrió con las sasaengs, no pienso permitir que una de mis empleadas ande sola de noche.
Al llegar al estacionamiento, August le abrió la puerta de un deportivo con ventanas oscurecidas que estaba aparcado en el puesto reservado para el CEO.
Julia demoró unos segundos en darse cuenta de que él iba a ser quien manejara el auto ,y que a diferencia de las otras veces, no iban con guardaespaldas.
-¡Cielos!- exclamó sorprendida.
-¿Le gustan los autos?
-¿Autos?… no, yo solo me preguntaba dónde están todos los guardaespaldas y el chofer.
-¿Tiene miedo?
-No, claro que no.
-Bien, porque les dí el día libre. – dijo encendiendo el auto cuyo motor rugió como un animal enjaulado.
Cuando puso el auto en marcha y comenzaron el viaje, el silencio volvió a reinar. Lo único que Julia podía escuchar con claridad, era su corazón latiendo a toda prisa y los ligeros movimientos que August hacía de tanto en tanto para mirarla.
Fue en ese momento que los dos hablaron al mismo tiempo.
-Yo…
-Señor Clark…
Ambos volvieron a quedarse en silencio por unos segundos.
-Usted primero- volvieron a decir al unísono.
-Creo que vamos a tener que sacar turno- dijo Julia entre risas
-Primero las damas- dijo riendo él también.
-Bueno es que… acabo de olvidarme lo que iba a decir.
-¡Qué conveniente!
-De veras.
-Bien, yo no me olvidé. Sea lo que sea que mi hermana quiere con usted, le agradezco que se tome el tiempo para ir a verla. Luego del incidente, Eliza dejó de salir y sus amigas ya no la visitan.
-Entonces lo que precisa son nuevas amigas- dijo Julia en un ataque de honestidad brutal.
-También lo creo- dijo él con una media sonrisa.
Al llegar a la casa, Julia conoció a los padres de August a quienes les hizo una reverencia.
-Ella es la señorita Clark, mi secretaria- dijo August presentándola.
-¿Clark?- preguntaron sus padres al unísono.
-Sí, Julia Clark- dijo ella sonriendo- mucho gusto.
-Mi nombre es Min Seung-ho- dijo el padre de August estrechándole la mano.
-Mi nombre es Min Seo Yeong, y tu eres muy bonita- dijo su madre mirándolos.
-¡Julia, qué alegría!… ¿por qué trajiste a August?- dijo Eliza que había bajado a toda prisa de su cuarto.
Julia no tuvo oportunidad de abrir la boca, ya que August contestó.
-La señorita Clark no me trajo, tú me pediste que mi chofer la trajera, ¿recuerdas?
-¿Y por qué no la trajo tu chofer?- preguntó con una sonrisa pícara.
-Porque era su día libre y resulta que esta es la casa de mis padres- respondió él molesto.
-¡Niños basta!- protestó su madre, haciendo que se callaran inmediatamente. Dígame Julia, ¿usted es casada?- preguntó tomándola del brazo.
-No, yo…
-Madre, después le investigas la vida. Le pedí a Julia que viniera porque preciso ayuda con algo- dijo Eliza tomando Julia por la muñeca. Vamos antes de que empiece a preguntarte cuánto ganas y a qué se dedican tus padres- dijo prácticamente arrastrando a Julia.